La guerra de Sucesión Española: Desarrollo.

Historia Militar de todas las épocas en las que directamente ha intervenido dichos países. Hasta el 2006.

Moderador: Miguel Villalba

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Bruno Stachel
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Operaciones militares en 1714 -25-

En el exterior, continuaba la lucha para intentar socorrer a Barcelona. Si la situación de la capital no hubiera sido tan grave, este aspecto de la lucha podría haber alterado el curso de la guerra, pues los felipistas comenzaban a perder el control del país.

El general Moragues se había puesto en camino desde Sort para reunirse con el marqués de Poal, a quien también se le iba a unir Ermengol Anill. En esta ultima fase de la guerra Amill parecía enloquecido por la represión que había presenciado, que incluía algunas ejecuciones de prisioneros caalanes. y había comenzado a perder los estribos. Cerca de Esparraguera destrozó a un escuadrón de caballería, perteneciente a las fuerzas de Montemar. Quizás teniendo en cuenta los excesos de éste en el Lluçanès, ejecutó a los 44 prisioneros que hizo, colgando luego al colaboracionista Roig. Entonces marchó hacia el Lluçanès, a donde llegaban ya las fuerzas de Moragues.

Bracamonte estaba en aquella comarca, con un fuerte destacamento de 3000 hombres, protegiendo un gran convoy camino de Vic a Berga. Pese al tamaño de sus fuerzas, cayó en una emboscada que preparó el marqués de Poal, sufriendo un considerable castigo. Apenas escapado de Poal, cayó en otra trampa, esta vez de Moragues, que dejó al destacamento borbónico fuera de combate. Apenas Bracamonte consiguió reunir sus efectivos -habiendo sufrido un millar de bajas- comenzó a ser hostigado por Amill.

Dejando a Moragues para que vigilara a Bracamonte, que comenzó a recibir refuerzos, Poal y Amill comenzaron a avanzar en socorro de Barcelona. Mientras, rebrotaban las sublevaciones, como en el Alto Urgell, donde Tuixén se convirtió en el centro de la rebelión. Camino de Barcelona, el marqués y Amill encontraron el camino bloqueado por 2000 soldados de infantería y 1500 de caballería, pertenecientes a destacamentos de Montemar, Vallejo y González, decididos a cerrarles el paso. Poal y Amill reunían bastantes efectivos, que incluía una cierta cantidad de tropa montada, del regimiento de Sant Jaume y de la caballería irregular de Amill -partidas de Busquests, Brichfeus, Torres, Segarar i Massagur-. Sin estar, por una vez, en demasiada inferioridad numerica, Poal se decidió por el ataque.

La victoria fue considerable, y sólo la falta de munición impidió al marqués conseguir un éxito mayor. A cambio de 40 bajas, Poal derrotó al enemigo y le persiguió hasta Sabadell, sufriendo los felipistas 650 bajas. Reagrupados en Olesa, Poal y Amill se prepararon para avanzar, pero para entonces el marques de Thoy había formado una línea defensiva entre Rubí y Martorell, i fue a entrevistarse con Berwick. Éste, que se había convencido del fracaso del sistema de columnas volantes a las que Poal no tenía problemas para derrotar por separado, ordenó a sus fuerzas mantenerse a la defensiva, intentando mantener a Poal alejado de Barcelona por el poco tiempo que necesitaba para tomar la capital.


Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.

"Que no panda el cúnico, chicos", dijo ella.

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Operaciones militares en 1714 -26-

El 21 de agosto Poal comenzó una maniobra para atraer el grueso de las fuerzas que protegían el anillo de asedio para introducir un millar de hombres en Barcelona. Con ello esperaba ganar tiempo para reunir más efectivo, necesarios para lanzar una verdadera ofensiva. Pero el intento fracasó al encontrarse los caminos de entrada en la capital bloqueados por el enemigo. Al no ser posible la ofensiva, ésta se suspendió para reclutar nuevos efectivos.

Para esto, debían alejarse de Barcelona, y, al hacerlo, fueron atacados por Montemar y Vallejo. Poal, interesado en no perder efectivos, esquivó el ataque. El reclutamiento fue exitoso, i Poal se dispuso a atacar Manresa, cosa que hizo a principios de septiembre, pero tuvo que retirarse cuando estaba a punto de tomarla, por la llegada de 10.000 soldados borbónicos.

Por su parte, el coronel Vidal continuaba sus operaciones, esta vez por el Priorat, hasta que cayó mortalmente herido en los asaltos del castillo de Falset, el 29 de agosto. Su sucesor, Lluís de Magrinyà, continuó sus éxitos.

Para cuando se consiguieron reunir suficientes efectivos para atacar el cordón de asedio, hacia el 8 de septiembre, ya era tarde. Al caer Barcelona (1) los esfuerzos cesaron, por carecer de cualquier esperanza de victoria. Se calcula que, en los 14 meses de esta guerra exterior, los borbónicos sufrieron 12000 bajas.

(1) Espero que me perdoneis por explicar el fin de la historia antes de tiempo :wink: :lol:
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Operaciones militares en 1714 -27-

En la ciudad seguía el bombardeo artillero incansablemente, al que replicaban los defensore con dureza, pero sin poder impedir que las brechas se ensancharan cada vez más, de manera que por el lado que Barcelona daba al Besòs, la ciudad estaba abierta.

Mientras, la guerra de minas y contraminas proseguía. Los felipistas tenían una mina formidable casi lista hacia finales de agosto, capaz de hundir el baluarte del Portal Nou y el trozo de muralla adyacente. El general Basset, jefe de ingenieros, intentó encontrar y destruir la mina, usando galerías de observación, quedando el capitán Francesc Baixeres al frente de esta tarea. El 30 de agosto localizaron la mina, y la atacaron, consiguiendo poner en fuga a los minadores borbónicos y tapar las galerías.

Cabe citar, asimismo, que los defensores tenían minas de importancia como parte de sus defensas, como la que corría bajo la brecha real, dispuesta a estallar cuando atacara el enemigo.

A las once de la mañana del 3 de septirmbre, Berwick intimidó a la plaza para que se rindiera, ante la inminencia del asalto general. Reunida la Junta de Guerra y los Consellers de la Generalitat, se discutió acaloradamente que hacer, pues mientras que habían partidarios de rechazar la oferta inmediatamente, como Salvador Feliu de la Penya, otros se oponían, debido al lamentable estado de las defensas, como Casanova, conseller en cap, que recordó a los presentes que la reserva de polvora duraría únicamente para dos o tres días de fuego normal. Por ello, y dadas las circunstancia, propuso que nose perdía nada dialogando con Berwick y dandole largas. Así fue comunicado a Berwick, mientras continuaba el fuego a lo largo de todo el frente.

Al día siguiente, desde las 4 de la tarde, se discutió que hacer al respecto, interviniendo los seis consellers -Casanova, Feliu de la Penya, Sans, Vidal, Llaurador y Ferrer-, los diputados -salvo los miembros eclesiasticos inhibidos y el Diputado Militar, que seguía bajo arresto-; el presidente y protector del Brazo Militar, Lanuza; el protavoz y gobernador del Princiapdo, Torrelles, y su lugarteniente, Antoni de Saiol i Quarteroni, y los miembros de los Braços con cargos en la Junta. En total, 30 personas.

Se enfrentaron dos tesis principales: la de rechazar la oferta de negociar con el enemigo y seguir innmutablmente la resistencia, por un lado, y la de pedir un armisticio de doce días para estudiar y negociar posibles terminos, tesis más inteligente y sensata, y que podía dar un merecido descanso a la ciudad y a la guarniciòn, a la par que daría tiempo al marqués de Poal y sus esfuerzos, jutno al esperado convoy de Mallorca. Sin embargo, el ardor se impuso sobre la reflexión, y por 26 votos a favor y 4 en contra, entre ellos Casanova, se rechazó la petición de armisticio provisional.
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Operaciones militares en 1714 -28-

Comunicadas el resultado de las delibraciones, Villaroel lamentó su resultado, por no tener en cuenta el aspecto militar de la situación. En consecuencia, dado que consideraba cualquier prolongación de la lucha como innecesaria y un sacrifico inútil y efímero, presenta la dimisión, manteniendo el mando únicamente hasta la llegada del convoy de Mallorca, que se esperaba que llegaran inmediatamente, integrado por dos fragatas, en una de las cuales embarcaría el general y su família.

Casanova, que coincide en su punto de vista con Villaroel, al considerarse un mero administrador de la voluntad popular, se mantiene en su cargo.

Por otra parte, una vez se informa a Berwick del rechazo del ultimatum, se reemprende el fuego, mientras el mariscal espera a que las circunstancia metereológicas -llovía en aquellos días- permita lanzar el asalto definitivo, mientras mantiene el fuego, al que la artillería de la plaza, sin casi polvora, apenas replica. El día 9 llega el convoy mallorquín, con su cargamento de polvora, que alivia la situación.

Para satisfacer el ardor religioso que se manifiesta, se recomienda la defensa de la ciudad a la Virgen de la Merced, patrona de la ciudad. Y con el proposito de demostrar al enemigo que el ardor combativo no se ha perdido, se efectúa una salida nocturna con unos 300 hombres, sufriendo 24 bajas y causando entre 60 y 145 al enemigo.

Entre el 7 y el 10 llegan nuevos refuerzos al campo de asedio: ocho batallones, con lo que elevan los efectivos de Berwick a 42.000.

Entre las 11 y las 12 del mediodía del día 10 se efectúa el cambio de guardia en la plaza, entrando al mando de dia el general Josep Bellver. Llovía intensamente en esos momentos. Bellver repasó las posiciones, y, observando las del enemigo, llegó a la conclusión de que aquella misma noche o a la mañana siguiente llegaría el asalto enenmigo.

Y así era. Berwick lo tenía todo listo, con la gran masa de tropa lista para el asalto y los almacenes llenos para cualquier contigencia. Sólo había que esperar a la hora decisiva.
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Mensaje por Bruno Stachel »

ORDEN DE BATALLA DEL EJÉRCITO BORBONICO

11 del setiembre de 1714

ALA IZQUIERDA (Francesa) comandada por el teniente general Cilly

PUNTA 1ª:Coronel Cany (de la Vielle Marine)
8 BATALLONES:
3 del Regimiento de la Vielle Marine
3 del Regimiento de Castelart
2 del Regimiento de Ponthieu

Objetivo: Brecha contigua al baluarte de Levante, también llamada de Molins por los molinos que tenía detras (26 metros)

PUNTA 2ª: Brigadier Courty
2 BATALLONES:
1 del Regimiento de Medoc
1 del Regimiento de Guerchy

Objetivo: Brecha del baluarte de Levante (25 metros)

PUNTA 3ª: Coronel Chateaufort (de dragones)
500 dragones desmontados
200 de caballaería regular

Objetivo: Reducto de Santa Eulalia

Refuerzos del ala izquierda:
12 compañías adicionales de granaderos
300 zapadores
12 minadores
10 artilleros

Efectivos totales: 6.500 hombres

ALA CENTRAL (francés) comandada por el teniente general Dillon

PUNTA 1ª:Mariscal Guerchois y Brigadier Reves
6 BATALLONES:
2 del Regimiento de la Provence
2 del Regimiento de Anjou
1 del Regimiento de Couronne
1 del Regimiento de Bassigny

Objetivo: Brecha Real (140 Metros)

PUNTA 2ª: Brigadier Balincourt
2 BATALLONES
2 del Regimiento de Artois

Objetivo: Brecha menor de la gran cortina, inmmediata a Santa Clara, también llamada de San Daniel por su proximidad al porta de este nombre(40 metros) y la brecha izquierda del Baluarte de Santa Clara (16 metros)

PUNTA 3ª: Coronel Lecheraine y Brigadier Alba
4 BATALLONES
2 del Regimiento de la Auvergne
1 del Regimiento de Normadie
1 del Regimiento de la Reine

Objetivo: brecha contigua a Santa clara por la parte del portal del Carnalatge (24 metros)

Refuerzos del ala central:
18 compañías adicionales de granaderos
300 zapadores
12 minadores
10 artilleros

Efectivos totales: 8.600 hombres

ALA DERECHA (Castellano). Comandada por el Mariscal de Campo Antonio del Castillo y el Brigadier Vizconde del Puerto
7 BATALLONES
Regimiento de Castilla nº1 (Inmemorial del Rey)
Regimiento de Murcia nº2 (El Leal)
Regimiento de Saboya nº6 (El terror de los franceses)
Regimiento de Asturias nº14 (El cangrejo)
Reales Guardias Españolas 1º
Reales Guardias Españolas 2º
Reales Guardias Valones 1º

Refuerzos del ala derecha:
7 compañias adicionales de granaderos
200 zapadores
13 minadores
10 artilleros

Objetivo: brecha frontal del baluarte del Portal Nou (24 metros)

Efectivos totales: 4.300 hombres

RESERVA (Franco-Castellana) comandada por James Fitz James, Mariscal duque de Berwick

11 BATALLONES
Reales Guardias Españolas 3º
Reales Guardias Walonas 2º
Regimiento de Córdoba nº3 (El Mártir)
Regimiento de Guadalajara nº20
Regimiento de Salamanca nº34
Regimiento de Orleans 1º
Regimiento de Orleans 2º
Regimiento Ille de France 1º
Regimiento Ille de France 2º
Regimiento de Courten 1º
Regimiento de Courten 2º
Regimiento de la Royal Artillerie
Regimiento de Bombardiers

Refuerzos de la reserva
8 compañías adicionales de granaderos
350 zapadores
15 minadores
10 artilleros

Efectivos totales: 6.700 hombres

Cabe citar, asimismo, una segunda reserva para casos de emergencia, integrada por 8 batallones franceses:
1 del Regimiento de la Reine
1 del Regimiento de Guerchy
2 del Regimiento de Sanzay
1 del Regimiento de Courten
1 del Regimiento de Talleyrand
1 del Regimiento de Houdetot
1 del Regimiento de la Marche


Efectivos totales: 4.000 hombres

Efectivos totales del ejército dispuesto para el asalto 30.000 hombres
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Mensaje por Bruno Stachel »

Situación Aproximada de las Fuerzas defensoras en el sector de Levante, zona del Ataque, el 11 de Setiembre de 1714 a las 4:30 de la madrugada.

Villarroel, en la ambigüedad de su situación, percibió con inquietud la notica de la inminencia del asalto enemigo. Es probable que pasara aquella vigilia de la batalla sumido en una profunda crisis interior. Mantuvo en movimiento continuo sus ayudantes, enviandole repetidamente no solo a los jefes superiores de la linea, sino a las autoridades, aconsejando y avisando que hacer para mejorar las defensas. A pesar de que podía, Villarroel no se embarcó, y pasó la noche del 10 al 11 en su casa, sentado en una silla y recibiendo con ansia cada noticia.

Casanova, por su parte, recorrió la ciudad durante toda la noche, tomando las ultimas medidas y disponiendo de los ultimos movimientos de tropas hacia donde lo requería, en coordinación con Bellver.

El orden de batalla era

BALUARTE DE SANT PERE
Compañía de sastres
Compañía de taberneros
Compañía de jarroneros

BALUARTE DEL PORTAL NOU
Fusileros de San Miguel
Parte del Regimiento de santa Eulalia
Compañía de manteros
Compañía de herreros
Compañía de vidrieros
Compañía de caldereros
Compañía de libreros
Compañía de escultores
Compañía de doradores
30 caballos

BRECHA REAL Y TRAVESSERA
Regimiento de San Narciso
Regimiento del Roser
Parte de Regimiento Santa Eulalia

PORTAL DE SANT DANIEL
Compañía de Voluntarios de Aragón

BALUARTE DE SANTA CLARA
Compañía de corderos
Compañía de tejedores de lino
Compañía de olleros
Compañía de colchoneros
Compañía de percheros
Compañía de freneros
Compañía del capitán Lanuza
Compañía de notarios públicos

PORTAL DEL CARNALATGE
Compañía de blanqueros
Grupo de fusileros desmontados
regimiento de San Jordi

BRECHA DE MOLINS
Compañía de veleros

BALUARTE DE LEVANTE
Fusileros de aragoneses de Muñoz
Compañía de plateros
Compañía de estudiantes de teología
Compañía de carpinteros
Compañía de candeleros
Compañía de cereros
Compañía de pintores

REDUCTO DE SANTA EULÀLIA
30 fusileros
Compañía del plà de la ciutat
Compañía de pagesos de Sant Martí
Regimiento de Santa Eulàlia

ENCANTES DE SANT SEBASTIÀ
2º batallón de la Coronela:
Compañía de notarios públicos
Compañía de algodoneros
Compañía de marineros
Compañía de panaderos
Compañía de terciopeleros
Compañía de alpargateros


En total, sumaban, en la zona donde el ataque era inminente, unos 2000 hombres, 1150 en la linea mas amenazada, más 850 en reserva.

Así llegó el alba del 11 de septiembre de 1714.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto

A las 4.30 comienza a amanecer sobre Barcelona. Entonces, el centro de las líneas borbónicas rompe en un estallido formidable: todos los cañones y morteros de esa sección disparan al unísono. Con la segunda salva, se apretujan los soldados de sus trincheras, con los oficiales a la cabeza de las secciones de choque con los sables desenvainados. Con la tercera descarga las oleadas de asalto avanzan con un griterío impresionante, mientras una riada humana invade los pasos de salida.

Había comenzado el asalto de Barcelona.

El general Bellver, comandante del sector atacado en ese momento, se hallaba en la línea travessera, con el coronel Pau de Thoar. Avisa inmediatamente a los observadores del campanar de la seu, y al poco truenan las campanas. Comienza la épica defensa de la ciudad.

Los valles se llenron de soldados en pocos segundos, con los granaderos de choque en cabeza. Sólo por la p arte de la brecha real permanece quieto el grueso de la fuerza, de jando que se destaquen algunas compañías para hostilizar a los defensores y tentar la zona minada. Por toda la línea de circunvalación surgen fuertes destacamentos para fijar las guarniciones defensivas e impedir que acudan en socorro del sector atacado.

Para narrar el ataque, seguiré el modelo de mi fuente principal, y lo dividiré en tres secciones: derecha, centro e izquierda, desde la perspectiva de los defensores, división que adelanto que no encaja con la de los atacantes.

La izquierda catalana (baluarte de Sant Pere y Potal Nou), sin embargo, se corresponde exactamente con la derecha borbónica; el centro catalán (brecha real y el otro portal de la gran cortina, el de Sant Daniel) corresponde unicamente a una parte del centro borbónico, la punta del ataque del mariscal Guerchois y a parte de la del brigadier Balincourt. En lo referente a la derecha de los defensores (desde el baluarte de Santa Clara al reducto exterior de Santa Eulàlia), coincie con el resto del centro borbónico y toda el ala izquierda.

Sigo en esto a mis fuentes, que considerar esta división más consejable para narrar el curso de la batalla.
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Mensaje por Bruno Stachel »

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -1-

Derecha
Reducto de Santa Eulàlia


El reducto, llamado a veces baluarte, era un conjunto muy frágil, todo de tierra e integrado por una plataforma poco elevada, cuadrangular, dotada por toda protección de una tapia. Su poca consistencia había permitido a los borbonicos que lo dejaran practicamente arrasado, con la tapia derrumbada y el alojamiento de la tropa arrasado. Apenas habían sobrevivido algunos parapetos. Era, pues, una posición abierta. Tenía, aún, cuatro cañoncitos de hierro y una trinchera que efectuaba las funciones de valle.

Su comandante era el teniente coronel Esteve de Llerena, con 30 fusileros y dos compañías de payeses de Sarrià y Sant Martí, capitaneadas, respectivamente, por Regordera y Boixadell, y que agrupaban a 100 hombres escasamente. Atrás, 30 soldados de caballería montados guarnecían el deposito de municiones.

Contra ellos avanzaba una de las tres puntas del ala izquierda felipista, la del marqués de Châteaufort, coronel de dragones, hombre de largo historial militar: alistado en los regimientos valones, había hecho la campaña de Flandes contra Francia antes de la paz de Rijswick; durante la guerra de sucesión había luchado en la mayoría de las granes batallas (Ramillies, Oudenarde y Malplaquet. Su columna estaba integrada por 200 jinetes y 500 dragones desmontado. Entre estos dragones se hallaban encuadrados los unicos botiflers -catalanes partidarios de Felipe V- del ejército español (coroneles Ramon Descatllar, Ramon Renart y Feliu Marimont, al que ya hemos conocido sirviendo a las ordenes de Vallejo, siendo batido por Poal y quemando Sabadell para resarcirse).

Partiendo del extremo de las trincheras, Châteaufort ataca como los otros, a las 4.30. Tenían sus hombres que recorren unos 120 metros antes de lelgar al objetivo, más distancia que el resto de las fuerzas. Tras tomarlo, debían marchar contra la segunda línea defensiva ya citada. Luego debía reconocer algunos edificios y ejecutar la limpieza de la zona, situandose ante el Portal de Mar. Para entonces, el avance intramuros ya habría llegadoa ese punto y podría abrirse la puerta para la gente de Châteaufort, que marcharía con la caballería para tomar el puerto y las Atarazanas, marchando por la Rambla de Santa Mónica para enlazar con la caballería que tenía que entrar por el portal de Tallers.

Como siempre en la guerra, la ejecución del plan no fue exactamente como estaba planeado. Nada más salir de las trincheras, los asaltantes fueron recibidos por una animada descarga y el fuego de las cuatro piezas ya citas. Pese a las escasas defensas y la fragilidad de la posición, el primer asalto fracasó. Châteaufort dispersó a sus hombres y avanzó más prudentemente, pero durante un cuarto de hora los defensores le detuvieron. Cuando elcuerpo a cuerpo parecía inminente, los defensores se retiraron del reducto en buen orden hacia el baluarte de Levante, mientras los borbónicos porseguían su avanza hacia su segundo objetivo.

Allí la caballería catalana, muy poca para intervenir en la defensa del reducto, desmontó a lo largo de una línea de barcos, y, junto con algunos habitantes del Arenal, que incluían a no pocas mujeres, abrieron un fuego graneado contra los que avanzaban, que tenían que atravesar 150 metros de terreno abierto, convertido en un fangal por las lluvias. Châteaufort comenzó a sufrir muchas bajas, que, sumadas a las tenidas en el asalto del reducto, le hicieron vacilar. En ese momento, llegó una orden de Cilly: debía detener el avance, dejando cien hombres de guarnición en Santa Eulàlia y reunirse con el resto con el cuerpo de asalto principal, que, como veemos, tenía ciertas dificultades imprevistas para vencer a la derecha catalana en la sección de intramuros. Châteaufort, que había perdido 115 hombres, obedeció.
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Mensaje por Bruno Stachel »

Nota: debido a un pequeño lapsus y las prisas, donde pone "valles" debería leerse "fosos" :(
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -2-

Derecha
Baluartes de Santa Clara y Llevant


El baluarte de Santa Clara nos es conocido por los asaltos de los días 12, 13 y 14 de agosto. Desde entonces, los borbónicos habían perefccianado la brecha, que ya tenía 18 metros, y los escombros y desprendimientos la hacían muy accesible, y parte de la elevación cedía. Detrás, con dos barricadas bastante consistentes, los asedidos tenía preaprada una segunda línea en la parte baja del baluarte.

Ese día el comandante del baluarte era el teniente coronel Antonio Diez d'Aux, con una guarnición relativamente fuerte, como tocaba a un baluarte tan disputado. Su base eran tres compañías de la Coronela, que incluían no pocos aragoneses, principalmente en la compañía de Freners, mandada por Josep de Lanuza i Gelabert, hijo del conde de Plasencia, protector del Brazo Militar, y descendiente de uno de los linajes más noble de Aragón. A estas unidades debemos añadir 70 soldados de infantería más una escuadra del Batallón Volante (1). Se calcula que sus efectivos no bajaban de los 300 hombres.

La cortina de la derecha del baluarte de Santa Clara presentaba dos brechas enormes, una inmediata al portal del Carnalatge -así llamado por ser el portal donde pasaban los animales que iban a ser sacrificados en el matadero (o carnalatge) de la calle de Ribera-, de 24 metros de ancho. El segundo portal, el de los molinos -que tenía detrás-, se abría hasta las proximidadades del baluarte de Levante, midiendo la brecha 26 metros. La brecha del Carnalatge estaba protegido por unos parapetos mal hechos, debido a la dificultad del terreno. La segunda tenía una barricada regular. Las mejores defensas, le venía, en todo caso, de cuatro cañones que apuntaban a la brecha, situados cerca del baluarte de Levante. Cubrienedo la brecha del Carnalatge estaba la compañía "dels Blanquers", capitán Josep de Ramon i Magarola, con 20 fusileros, 30 soldados y una compañías del Batallón Volante. En la de molinos estaba la compañía "dels Velers", capitán Rafael Llinàs y Riber, con 50 fusileros, 30 soldados, 25 desmontados y otra escuadra del Batallón Volante. En total, 300 hombres para toda la cortina.

El baluarte de Levante era más pequeño y en forma de flecha, con un portal de 25 metros en la cara izquierda, orientada totalmente hacia la linea enemiga. Para proteger este acceso se habían alzado dos barricadas sucesivas. Estaba al mando del teniente coronel Juan Antonio Mexicón, secundado por el sargento mayor Sebastián Rodríguez de Segovia, aragoneses ambos. La guarnición contaba con cuatro compañias de la Coronela, con cerca de 200 efectivos.

Contra los 800 defensores de la derecha de intramuros Berwick lanzó 10000 soldados. Dos batallones de Artois contra Santa Clara, con unas 18 compañías adicionales de granaderos; contra el Carnalatge, cuatro batallones; ocho contra la brecha de los molinos y, finamente, contra el baluarte de Levante, dos batallones.

Pese a la desproproción numérica, la defensa fue prolongada. El baluarte de Santa Clara resistió victoriosamente los asaltos del enemigo, pudiendo, asimismo, dirigir un terrible fuego de flanqueo contra los aslantatas de la cortina del Carnalatge. El de Levante tampoco fue tomado por los asaltantes, que cada vez que llegaban a sus proximidades eran rechazados con gran violencia.

Cilly, que mandaba la izquierda, lanzó cuatro batallones contro el baluarte, junto a dos de las compañías de refuerzo de granaderos, pero fue inutuil. Los defensores, que habían recibido refuerzos, hicieron una carnicería de los atacantes, por lo que Ciklly decidió concentrarse en las brechas y solicitó, como ya hemos comento, que Chäteaufort acudiera con refuerzos.

Las brechas eran efectivamente las partes más débiles. Por ello resulta increible que resisitieran tanto tiempo los asaltos enemigos. Conscientes de su debilidad, los defensores ofrecieron una resistencia desesperada, muriendo sobre el terreno sin ceder un palmo y haciendo ceder el asalto en diversas ocasiones. Esto fue envidente en el asalto a la brecha del Carnalatge, sometida a fuego de flanco desde Santa Clara, donde los atacantes sufrían una mortandad espantosa. Los batallones de Auvergne, Normandie y La Reine, tropa magnifica, desencadernaron, pese a todo, hasta cuatro alsatos en masa, inutiles, pese a que en los ultimos intervinieran dos batallones y dos compñías de granaderos de la punta del coronel Cany.

Cilly, viendo que el tiempo pasaba y que el terreno se cubría de cadaveres, ordenó a Lecheraine que lanzara a sus hombres sobre el portal de los Molinos, que aguantaba de manera inverosímil los asaltos, gracias a la citada batería de cañones, que sembrava de metralla las aproximaciones enemigas. Asi fracasaron los asaltos de la Vieille MArine y de los veteranos suizos.

Finalmente, coordinando Cilly, Lecheraine y Châteaufort sus esfuerzos, la marea humana asaltante consiguió reventar las defensas de los supervivientes a las 5:30 am. Los pocos supervivientes, al mando de Llinàs se retiraron en buen orden hasta el huerto de Passa-pertot, devolviendo un vivo fuego a sus enemigos, que se desbordó hacia la parte de la muralla de mar, por donde comenzaba a avanzar, sin que nadie pudiera detenerlo, el valiente coronel Châteaufort.

Caida la brecha de los Molinos, no tardó que caer la del Châteaufort, que era atacado ahora por el flanco. Apenas un puñado defensores, con su capitán Ramón, consiguieron escapar.

Cilly ya tenia las dos brechas, y Châteaufort progresaba a buen paso hacia la ciudad. Ante las brechas, solo quedaba el grupo de Llinàs, flanqueado por Châteaufort. Cilly decidió que, antes de lanzar el grueso sobre la ciudad, reducir los baluartes, por lo que, mientras una parte de sus fuerzas perseguía a los defensores en retirada, el resto asaltó a los baluarte por detrás, rodeandolos y dejarlos sin defensa. Un pequeño grupo de refuerzo, con el coronel de fusileros Antonio Muñoz y el teniente coroel Wahlrest, del regimiento de Sant Narcís, intentaron liberar el baluarte, muriendo en el fallido intento.

Los defensores de los baluartes se vieron perdidos. No pudiendo escapar, atacaron a la bayoneta para abrirse paso. La lucha fue dantesca. Más de cien cadáveres de los defensores permanecían en los baluartes, entre ellos Lanuza. Díez D'Aux, malherido, conseguiría escaparse milagrosamente. Después de una rabiosa lucha cuerpo a cuerpo, parte de los defensores consiguieron cruzar el muro humano que les rodeaba. Llinàs, dandose cuenta de la situación, tuvo el valor de lanzar una carga para ayudar en la salida de sus compañeros de Santa Clara, ataque desesperado que fue muy util para muchos, que se salvaron gracias a el valor de Llinàs, que pagó su osadia con la vida. Escenas similares se vieron en la parte posterior del baluarte de Levante, con feroces combates a la bayoneta.

(1) Esta unidad era nueva, y englobaba a la antigua compañía "de la quietud", más algunos payeses, fusileros que quedaban de regimientos disueltos y de las compañías de Maestros y de Voluntarios de Aragón.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -3-

Derecha
Intervención del Marques de Vilana


A todo esto, la reacción comenzaba a forjarse en torno a Josep de Peguera y Vilans-Millàs, marques de Vilana, teniente coronel de la Coronela, al frente de uno de los cuerpos de reserva, que se hallaba en la plaza de Sant Sebastián, cerca de las Atarazanas. Apenas sumaba 60 hombres, pues muchos efectivos ya habían sido enviados a reforzar la línea avanzda.

Vilana envió enlaces para avregiuar que pasaba y la conocer que la defensa cedía, avanzó con su tropa, a la que se le fue sumando gente - que incluía mujeres, viejos y niños-. Pasado el Carnalatge -el edificio, no la brecha-, avanzó hasta contactar con los borbónicos, ocupados en reducir los intentos de retirada de Santa Clara y Levante. Vilana les descerrajó unas cuantas descargas, que ayudaron a la retirada.

Dandose cuenta entonces de la infiltración de Châteaufort, que había seguido su avance por le interior de la muralla de mar, y que abría fuego sobre el pequeño baluarte de Migdia (Mediodía). Vilana temió que la posición no pudiera resistir, apenas defendida por 100 hombres, a la ordenes del coronel de fusileros de la Ribera d'Ebre Anton Paperoles. Vilana, que en medio del desastre parecía conservar intacta una serenidad extraordinaria, ordenó a 30 de sus hombres que fuera a reforzar el baluarte de Migdia, tarea que efectuaron rapidamente y a tiempo. Este continente estaba mandado por un excelente oficial, el capitán Josep d'Aguilar i d'Alòs, del regimiento de la Fe, que había destacado en la jornada de Caldes d'Estrac.

Vilana, con gran coraje y sangre fría, organizaba sus fuerzas, haciendo fuego con sus pocos hombres, logró proteger la retirada de los baluartes, y fue recibiendo a los fugitivos, a los que fue desplegando, aglutinandolos, lo que creó una linea de fuego considerable, aunque los supervivientes apenas alcanzaran los 300. Llegó entonces el teniente coronel Ramon Bordes, al frente de la compañía de guardias de la quietud, junto con otros elementos sueltos, entre ellos civiles -como Josep Galceran de Pinòs, belicoso pese a su avanzada edad; Carles de Fiveller y el anciano Lanuza, que conoció entonces la muerte de su hijo.

Contención del ataque por la calle de la Riberae y el baluarte de Migdia

Con estos efectivos, Vilana cubrió la Peixateria (Pescadería), el Carnalatge. y la calle de la Ribera, impidiendo el avance a Châteaufort, que había ya sufrido muchos bajas por los vilentos combates del baluarte de Migdia, desde el que Paperolas y Aguilar descargaban un fuego graneado.

Para cubrirse, Châteaufort desplegó a sus fuerzas en la caserna y las caballerízas, desde donde mantuvieron un vivo fuego contra la Peixatería, el Carnalatge y el baluarte de Migdia. Paperoles, con el baluarte muy batido por el enemigo, usó las numerosas piezas de artillería disponibles en la posición -las destinadas para la defensa de costa y una batería de refuerzo- y batió la caserna y las caballerizas con efectos devastadores. Châteaufort se encontraba, pues, en una situación peligrosa, con gran numero de bajas.

El sacrificio de la compañía de Notarios Públicos

Mientras esto sucedía, en la derecha se mantenían durísimos combates, en las ruinas del convento de Santa Clara, por donde se había escapado los pocos supervivientes de la brecha del Carnalatge, perseguidos, sin demasiado entusiamo, por el enemigo. Esto se aldó, como ya hemos visto, con la llegada de Vilana, que aglutinó a los refugiados. Entonces, algunos batallones borbónicos quedaron disponibles para penerar a través del convento, para tomar el Pla d'En Llull, y abrirse paso por el Born hasta Santa María, sin ninguna fuerza que pudiera frenarles, salvo unos pocos supervivientes.

Procedieron pues, con poca oposición, cuando llegó al Plà d'En Llull la no muy numerosa compañía de Notarios Públicos, al mando del capitán Josep d'Oliver, conde de Camprodón. La fuerza se desplegó para cubrir el frente y sacrificarse para dar tiempo a la llegada de refuerzos. Pasaron los Notarios al convento y cargaron a la bayoneta, pese al fuego enemigo. Obligados a retirarse, los borbónicos se rehicieron con la llegada de refuerzos, y contraatacaron. Los hombres de Camprodon se pegaron al terreno, sin ceder un palmo, hasta que sucesivas oleadas de refuerzos les sumergieron en una marea humana, pese a los cual la compañía luchó hasta el exterminio, muriendo su capitán, el teniente Vicenç Durán y 46 notarios.

Este terrible sacrifício no fue esteril. Los felipistas, además de sufrir grandes pérdidas, quedaron retrasados en sus planes. Ocupado el convento, avanzaron hacia el Plà d'En Llull, sin poder cruzar la plaza por las constantes descargas que les llegaban desde las ventanas, ocupadas por hombres del marqués de Vilana, mientras que los edificios del lado de montaña eran ocupados por fuerzas del teniente coronel Maians, de Desemparats.

Hacia las 6.30 de la mañana, los borbónicos se detuvieron para reorganizarse, pues algunas de sus unidades estaban castigadísimas y sin casi oficiales. Este respiro fue aprovecha por Vilana para recorrer, con Bordes, la improvisada y eficaz línea de contención que había conseguido improvisar con las tropas supervivientes de las murallas.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -4-

Derecha
Villarroel retoma el mando


Mientras se produce la reacción de los defensores, Antoni de Villarroel retoma el mando de la plaza. Éste, poco después de escuchar el clamor de las iglesias y la gran alarma, había recibido la visita de un ayundate del general Bellver, que le confirma que ha comenzado el asalto. Villarroel convoca a sus ayudantes y a los soldados que tenía de escolta y los utiliza de enlace. Poco después sale camino del barrio de Ribera, donde recibe las nuevas sobre el curso de la batalla. Conocedor de la profundidad de la penetración enemiga, asume el mando y comienza a enviar instrucciones a los jefes militares.

En la plaza del Born, y en torno a las seis, se encuentra con Lanuza y Pinòs, con los que conferencia. Mientras tanto, Vilana está organizando la línea de defensa con el éxito ya mencionado anteriormente. Villarroel pide entonces a Lanuza y Pinòs que vayan a la Casa de la Ciudad para exponer la conveniencia de sacar la bandera de Santa Eulàlia, y reunir a todos los efectivos disponibles para contener el ataque, mientras el mismo Villarroel recibe los refuerzos de caballería, desplegados en diversos puntos, y planea un contraataque general.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -5-

Centro e izquierda
Asalto a las brechas


El ataque contra las brecha real fue retrasado por Berwick, que, como ya hemos dicho, temía que los defensores pudieran detonar las minas preparadas bajo la amplia via de entrada. Temía, asimismo, el fuego combinado de la travesera y de los baluartes de Santa Clara y Portal Nou. Se limitó, entonces, a asegurarse estas posiciones y a mantenerse a la expectativa en el centro.

Por ello, como ya se ha tratado del asalto al baluarte de Santa Clara, hablaremos ahora del ataque contra la posición de al lado, la brecha pequeña de la cortina principal. Se le llama "pequeña" por comparación con la brecha real, ya que medía 42 metros. Estaba defendida por una sola compañía de la Coronelal, integrada por los integrantes de los gremios de Gerrers, Ollers, Matalassers y Perxers, ostentando el mando Antoni de Berardo i Morera, que había sido herido por una bomba el 1 de agosto, pese a lo cual participó, once días después, en los terribles combates del baluarte de Santa Clara, en cuyo transcurso su compañía había quedado muy desgastada. Tenía el refuerzo de 25 fusileros y 20 jinetes desmontados. Se las tenía que ver, en mala posición, con la punta de ataque del brigadier Balincourt.

Además Berardo no podía esperar demasiada ayuda de la guarnición de la travesera, totalmente pendiente de la penetración por la vía central, que podía pasar en cualquier momento. La guarnición de la travesera era relativamente fuerte: siete compañías del quinto batallón de la Coronela, 80 jinetes desmontados y 40 fusileros, además de lo que quedaba de la compañía de voluntarios de Jaume Mestres. Detrás, en el convento de Sant Agustí, el teniente coronel Pau Tomeu, de Sant Narcís, con 200 soldados más, que incluían los restos de los regimientos regulares. El general Bellver también se encontraba en la travesera. Sin embargo, todos los esfuerzos eran pocos para defender la tremenda brecha real de 145 metros.

La izquierda catalana eesta constituida por los baluartes de Sant Pere y del Portal Nou, con las cortinas adyacentes al ultimo. El baluarte de Sant Pere, sin brechas, no era objeto propiamente del asalto, pero apoyaba la defensa del Portal Nuevo, que dominaba parcialmente de flanco. Estaba guarnecido por una compañía de la Coronela, la de Taverners, del capitán Antoni Lledó i Matalí, ostentando el mando general el coronel valenciano de fusileros Josep Ortiz.

El Baluarte del Portal Nou tenía una brecha de 25 metros, junto otra en el angulo entrante de la derecha, que afectaba la gola, y estaba protegido por dos barricadas sucesivas. Cinco cañones miraban a la gola y, al pie del terraplén de la muralla, detrás del baluarte y con el alza elevada, se había colocado una batería de morteros. Era comandante fijo del baluarte el coronel Gregorio de Saavedra y Portugal, anterior jefe del regimiento de la Concepción y ahora titular del Roser. La guarnición era de dos compañías de la Coronela. No había reserva para este sector, pues en el momento del ataque estaba empleada en las diversas emergencias surgidas por la noche.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -6-

Centro e izquierda
Asalto a las brechas -2-


La masa de ataque contra el Portal Noue ra formidable: siete batallones españoles, entre ellos uno de Guardia Valones y dos de Guardias Españoles, más uno de Asturias, los más escogidos. Además, siete compañías adicionales de granaderos. El objetivo era tomar el baluarte para avanzar hacia las murallas que miraban a la montaña y abriendo los sucesivos portales para permitir la entrada de la caballería, para enlazar con Cilly cerca del puerto.

Esta tremenda fuerza de asalta quedó frenada ante la furiosa rseistencia del baluarte del Portal Nou, pese al valor y al coraje de los asaltantes, que fueron rechazados en cuatro ocasiones, enmedio de una tremenda matanza por el fuego vivísimo de fusilería y de la artillería que barrían las aproximaciones a la brecha. Sólo tras prolongados esfuerzos y elevadas perdidas pudieron los borbónicos instalarse en la parte alta de los escombros y ganar los altos de la brecha. Pese a esto, los primeros asaltos para tomar la barricada fueron rechazados obstinadamente.

Visto el resultado de estos esfuerzos, Berwick ordenó que atacara toda la reserva (11 batallones -3 de ellos españoles- con 8 compañías de granaderos) con el evidente propósito de romper de una vez el frente y realizar la penetración. Mientras tanto, el mariscal ordenó formar una nueva reserva con unidades preparadas para tal menester, agrupandose ocho batallones más (véase la denominada reserva B), más 8 compañías de granaderos y 500 zapadores.

Asi, 11000 soldados asaltaban el portal Nou. que a pesar de ello mantuvo una épica defensa, manteniendose tenazmente los defensores en la primera barricada.

A eso de las cinco y cuarto de la madrugada cedía en la cortina principal la brecha próxima al portal de Sant Daniel, muertos buena parte de sus defensores, penetrando frente a una oposición la columna de Balincourt. En ese momento -para enlazar acontecimientos- caían la brecha de los molinos, en el ala derecha, y estaba a p0unto de ceder el portal del Carnalatge, como ya hemos visto.

Balincourt avanzó poco, siendo detenido rapidamente, lo que ocasionó una lucha violentísima. Su avance por su derecha, en el terraplen de la muralla de la cortina era lentísimo, por la resistencia de los escasos defensores y por el castigo que recibían desde la línea de la travesera. Pero poco a poco se fue limpiando la cortina central y llegaron a la gran brecha, enlazando con las compañías que hostilizaban por ese sector. Se descubrió en ese momento que las minas que tanto se temían estaban inutilizadas por las lluvias, cosa que fue comunicada a Dillon, que se lanzó inmediatamente al ataque con 6 batallones. En ese momento 26000 hombres estaban participando en el asalto.

Los pocos oficiales agregados que quedaban con vida disputaron aun el paso de la brecha real y retrocedieron combatiendo, muriendo en su mayoría. Ahora los asaltantes dominaba completamente la travesera a cusa del angulo favorable de su amplio frente. Esto ya había sido previsto por Bellver y Thoar, por lo que ordenaron replegarse a Sant Agustí y a las casas vecinas, desde donde mantuvieron el fuego. Guerchois avanzó y tomó la travesara, luchando encarnizadamente contra la retaguardia que cubría la retirada.

A partir de este momento los borbónicos, que habían entrado más allá de las murallas, comenzaron a dividir sus esfuerzos entre el centro y la izquierda catalana, atacandose el convento de Sant Agustí y edificios anexos, defendidos por el coronel Thoar con gran energía y fuerzas bastante nutridas, pese a la desventaja numérica. Asimismo, los felipistas se colocaron detrás del baluarte del Portal Nuevo, donde continuaba la defensa a ultranza, sin cambios respecto a lo narrado anteriormente.

Entraron por la brecha real buena parte de las tropas españolas que componían la derecha borbónica, dispuestatas para asaltar el Portal Nou por detrás y acabar de una vez con la resistencia inversemblante. Los catalanes tuvieron que retirarse, lanzando mortales descargas en el proceso, que detuvieron por un momento al enemigo.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -7-

Centro e izquierda

Por su parte, Rafael de Casanova, qeu había esado velando toda la noche, al conocer el asalto, una vez aseguradas las minimas comunicaciones imprescindibles, se pone en camino. Viendo el avance del enemigo, y estupefacto por el hecho de hayan tomado las murllas, se dirige a la Casa de la Ciutat para coger la bandera de Santa Eulàlia y liderar un contraataque, idea que, como ya hemos visto, tuvo Villarroel poco después.

Mientras tanto, los granaderos borbónicos, que formaban parte de la vanguardia asaltante, una vez dominado el extremo de la travesera, se internaron por la calle del Portal Nou. El grueso de las fuerzas, mientras tanto, asaltaban el baluarte del Portal Nou, de manera idéntica a como ya se había obrado en los baluartes de la derecha, es decir, ante su inexpugnabilidad por el frente, se les asalta por la retaguardia.

Bellver, que se da cuenta de esto, y que calcula que Saavedra intentará una salida cargando a la bayoneta, contraataca sobre ese secotor para colaborar en la salida. Envía una columna de 150 hombres, al mando del teniente coronel Pau Tomeu, y, desde el convento de Sant Agustí y con redoblar de tambores, se lanzan contra los asaltantes. En dura lucha, Tomeu expulsa o mata a los que han penetrado por la calle del Portal Nou y sigue avanzando hasta llegar al extremo de la travesera, donde se mantiene un durísimo combate cuerpo a cuerpo que atrae a gran parte de las fuerzas borbónicas concentradas en el baluarte, lo que permite que se escapen numerosos defensores del mismo. Conseguido este objetivo, Tomeu ordena la retirada, después de haber sostenido una lucha espantosa en aquella parte abierta y tras enfrentarse a algunos batallones completos.

La columna, diezmada, se repliega otra vez por la calle del Portal Nou, lentamente, mientras algunos hombres se instalan en las casas para hostilizar el avance enemigo. Tomeu, pese a la tremenda presión enemiga, se retiró metro a metro, para dar tiempo a Bellver a cubir la plaza de Sant Agustí de barricadas, cerrar la calle del Rec y desplegar tiradores por las ventanas y tejados de la plaza. Finalmente tanto Tomeu como el capitán Antoni Saiol, del regimiento del Roser, acabarán muriendo en el frago de esta lucha encarnizada. Para entonces la plaza de Sant Agustí estaba bien defendida y los asaltantes fueron contenidos.

Por su parte, en el baluarte del Portal Nou, el coronel Saavedra, como había previsto Bellver, había intentado la salida a la bayoneta, operación harto difícil por hallarse entre dos fuegos. A pesar de ello, no pocos defensores lograron retirarse por la cortina que enlazaba con el baluarte. Entre ellos no se contaba el bravo coronel Gregorio de Saavedra y Portugal, que murió en el intento.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -7-

Centro e izquierda

Bajo la presión borbónica sobre el ala izquierda, donde se concentraban 10.000 soldados atacantes, las defensas catalanas parecían próximas a hundirse. Los capitanes Bassols y Catà retardaron heroicamente el avance adversario, causando graves bajas a los atacantes en los combates por las barricadas alzadas en el terraplén frente a la cortina emplazada entre los baluartes del Portal Nou y de Sant Pere, teniendo que retroceder, finalmente, hasta la tercera barricada, donde fueron apoyados por tropas de la compañía de Taverners (Taberneros) procedentes del baluarte próximo de Sant Pere.

Bellver, una vez fortificada la plaza de Sant Agustí para bloquear la calle del Portal Nou e impedir el avance por el de Carders, tenía que cerrar el alud en los puntos más alejados, dejando sólo los hombres imprescindibles al coronel Thoar, que defendió admirablemente el convento de Sant Agustí. Thoar se enfrentó contra unos 3.000 asaltantes, de la punta de ataque de Guerchois, disputando el convento edifcio por edificio y habitación por habitación. Pese a su superioridad numerica, los borbónicos no lograron tomar el edificio por completo, logrando los catalanes mantenerse en los extremos, impidiendo que la presión se desbordara hasta la plaza, pese a que sus numeros se reducían, tanto por las bajas como por los efectivos retirados por Bellver para cubrir su izquierda.

Las operaciones por esa parte revelan un gran acierto y serenidad de Bellver. Todas las fuerzas disponibles de la reserva central fueron utilizadas con una habilidad máxima para contener el empuje de más de 10.000 soldados enemigos.

Bellver organizó entonces dos columnas, una, de 70 hombres, enviada al convento de Sant Pere para ocuparlo inmediatamente, antes de que lo hiciera el enemigo. Estaba al mando de dos expertos oficiales, los capitanes Francesc Sisa, del regimiento de Santa Eulàlia, y Aleix Brusi, del de Sant Narcís, veteranos de los combates de agosto y de septiembre.

Sisa y Brusi llegaron cuando al convento cuando los borbónicos tomaban los huertos de la parte posterior. Se evacuaron a los monjes con el Santo Cristo alzado en la cabeza de la columna de monjes en medio de un tiroteo infernal de las vanguardias enfrentadas. Los catalanes no tardaron en tomar el convento, rechazando a los soldados enemigos que saqueaban el templo. Ocupado éste, tomaron posicionse y abrieron fuego para cotnener la penetración enemiga, consiguiendo hacerse retroceder al enemigo algunos puntos. Se bloqueó la calle del Rec Comtal, donde ya penetraban los atacantes, para proteger el ala derecha de la posición. En esta acción cayó muerto Brusi, siendo herido Sisa poco después, herida que a la postre le mataría. Pese a todo, se mantenía el fuego desde el convento en medio de terribles combates.

La segnuda columna fue enviada al mismo sector, de menores efectivos, y flanqueó Sant Pere para reforzar el balualrte del mismo nombre. Estaba mandada por el sargento mayor Joan Sebastià Soro, que había actuado brillantemente como capitán de los granaderos de Santa Eulàlia. Soro se encontró en los huertos con las vanguardias enemigas, teniendo que abrirse paso por la fuerza, mientras el enemigo superaba la barricada de cortina inmediata al baluarte y lo atacaba, derribando a hachazos la puerta del baluarte y penetrando en masa.

El coronel Ortiz y el capitán Lledó, con los supervivientes, se defendieron a la desesperada, muriendo el coronel valenciano con 30 de sus hombres en los salvajes combates. El resto, con Lledó, se retirar por la cortina hacia Jonqueres, donde se hallaban Bassols y Catà, con los restos de sus compañías. Agrupados, improvisaron una defensa que detuviera la penetración. La Compañía de Fadrins Sastres, del capitán Josep D'Asprer, salió en parte del baluarte de Jonqueres para ayudarles en la defensa. Con el apoyo de tiradores emplazadas en las casas de la calle de Sant Pere, se intentó contener la marea humana enemiga, tarea que parecía imposible, pues las bajas eran repuestas por el alud que avanzaba sin detener su impetu.

Soro, junto a Feliu Bellver, hijo del general, giraron dos cañones de la cortina de Jonqueres y, cargandolos con metralla, abrieron fuego cuando los borbónicos estaban a 20 pasos, con efectos devastadores, que arrasó a los atacantes y animando a los catalanes para contraatacar, haciendo retroceder al enemigo en desorden hasta la cortina del baluarte del Portal Nuevo, donde la marea de refuerzos les hizo retroceder de nuevo.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -8-

Centro e izquierda

Aunque las posiciones volvían a ser las mismas, el contraataque había dejado a los borbónicos incapaces de perseguir a los catalanes. Había ido aumentado el numero de tiradores en las casas de delante de la muralla, y arrojaban un fuego espantoso. Los invasores no pudieron resistirlo y se retiraron del terraplén que habían ocupado sobre la cortina que iba a Jonqueres. La guarnición que pusieron en el baluarte de Sant Pere tuvo que adoptar precauciones para cubrirse del fuego enemigo. Quedaba así cerrada la via de entrada enemiga.

Verboom ordenó que se tirara abajo la puerta del baluarte para que pudieran comunicarse con la resta de las fuerzas borbónicas a través del foso. Medida providencial, pues debido al fuego catalán estalló una reserva de polvora en el baluarte, sufriendo su guarnición -integrada por el batallón de Saboya y uno de Guardias Valones- un penoso desastre. Creyendo que se trataba de una mina, los supervivientes abandonaron el baluarte y huyeron por el foso.

Era tan elevada la moral de los defensores que pasaron inmediatamente al contraataque para retomar el baluarte. Eran pocos, pero no se pudieron mantener mucho tiempo, teniendo que retirarse. Recuperado el baluarte, los borbónicos intentaron extenderse por Jonqueres, tarea imposible de hacer en masa, por el fuego defensor, ya que las descargas procedentes de las ventanas dominaban por completo el campo de tiro, que pronto quedó cubierto de cadaveres.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques

Pese a su aplastante superioridad numerica, el ejército borbónico pasó un tiempo de desfallecimiento durante la batalla. La intensidad de la resistencia había superado los temores iniciales de Berwick. Las bajas eran ya importantes, y muchos batallones estaban tan diezmados que no podían conitnuar la lucha. La penetración, una vez logrados los primeros progresos, parecía haber llegado a un punto muerto.

A las 7 de la mañana, con el asalto detenido, la batalla conoció un momento aparentemente sin sentido: el contraataque de los defensores, una fase de iniciativa catalana, cuyo orígen podemos encontrar en las acciones sostenidas entre Sant Pere y Jonqueres.

En este momento, la columna Châteaufort estaba encerrada en la caserna y las caballerizas y terriblemente fogueada por los hombres de Vilana, que cubrían el Carnalatge y la Peixatería (Pescadería), y por la guarnición del baluarte de Migdia, al mando de Anton Paperoles, desde donde los cañones castigaban a los franceses a corta distancia.

Detenido el grueso borbónico más atrás por la necesidad de reorganizarse y por el fuego de barrera procedente de las casas de la Ribera, Châteaufort se encontraba aislado, y con perdidas en constante incremento. Antes de que fuera demasiado tarde, decidió retirarse. Asi pues, salieron las tropas felipistas de la caserna y las caballerizas, retirandose por la muralla y los huertos, bajo el fuego de sus enemigos, logrando reunirse con el resto de las fuerzas en el huerto de Passa-pertot y en la travesera pequeña.

El éxito que comportaba la retirada de Châteaufort acabó de animar a Villarroel a lanzar un contraataque general, ambicionando expulsar a los atacantes del recinto enmurallado. A trevés de sus enlances, el mariscal catalán ya tenía una idea aproximada de la situación general. Por su parte, Casanova preparaba la salida de la bandera de Santa Eulàlia con todas las fuerzas que había logrado reunir.

Desde el Born, Villaroel despachaba mensajes para coordinar y activar la reacción que se estaba incubando por todas partes. Así los contraataques tendrían una cohesión tactica y dieron una fisonomía particular a esta parte de la batalla.

Por la derecha, Villarroel atacaría con tropas procedentes de los regimientos de caballería, ahora desmontadas. Le seguiría el marqués de Vilana con los milicianos de la Coronela, soldados y fusileros que había logrado reunir. Por el centro atacaría el coronel Pau de Thoar, que con tanta dureza había contenido al enenmigo por la parte de Sant Agustín. Thoar contaba con efectivos no demasiados numerosos, pero que habían sostenido una lucha ordenada y aun tenían una formación homogénea. Por la izquierda, el general Bellver atacaría con tropas de la Coronela, reforzada por la participación popular, tan generosa desde las primeras emergencias y ahora agrupada en torno a la bandera de Santa Eulàlia y dispuesta a hacer un esfuerzo supremo.

Para sostener el esfuerzo, se trajo polvora desde Montjuich, mientras se repartían alimentos y bebida, gracias a las provisiones traídas desde Mallorca por el último convoy.

Otra medida, simultánea a la preparación del contraataque, revela la trágica resolución que animaba a los defensores en aquella hora terrible: a la par que se ultimaba la reacción, se preparaban, a las ordenes del general Basset, nuevas líneas defensivas, emplazando baterías en las puertas de la vieja muralla. Era una prueba más de la determinación de defender la ciudad palmo a palmo.
Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.

"Que no panda el cúnico, chicos", dijo ella.

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juerrr solo de pensar el pedazo articulo que saldra de todas estas "notas" me pongo con los dientes largos...jeje

saluten
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Bien pensado, sospecho que dará para varios...
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Mensaje por Bruno Stachel »

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -2-

Contraataque por la derecha

Advertido Villaroel que Casanova era por Jonqueres cin intención de atacar al enemigo, ordenó que comenzara el contraataque por la deerecha. Mientras el coronel Paperoles alargaba el tiro de los cañones del baluarte de Migdia, para batir el huerto de Passa-pertot y las inmediaciones del baluarte de Levante, las dos columnas comenzaron el contraataque.

La acción del marqués de Vilana por la parte de Ribera

Una de las columnas, a las órdenes del corajoso marqués de Vilana , tenioente coronel de la Coronela i artífice de la exitosa defensa de la derecha de la ciudad, avanzó para reconquistar la travesera menor y ominar los accesos meridionales del Plà d'En Llull. Contaba con 300 hombres, con un puñado de buenos oficiales.

Vilana avanzó con resolución, topando, cerca del Plà d'En Llull, con tropas borbónicas, a las que arrolló. Entonces bloqueó los accesos a la plaza, tal y como estaba previsto, y giró hacia la derecha para expulsar al enemigo de la travesera en un feroz combate cuerpo a cuerpo. Los catalanes tomaron posiciones en la trinchera, apoyados por las baterías del baluarte de Migdia, manteniendo a raya a los borbónicos. La operación concluía con un éxito completo.

Villarroel en el Plà d'En Llull

Villarroel se proponía desalojar al enemigo de los edifícios de levante del Plà d'En Llull, y tomar, si era posible, las ruines del convento de Santa Clara. Para este ataque contaba con personal selecto: el general Miquel de Ramon i Tord, su teniente coronel Martín de Zubiría y el teniente coronel Josep Comes, además de un grupo de corajosos oficiales.

La columna inició su avance hacia el Plà d'En Llull, donde los catalanes se mantenían en los edifícios de la parte de poniente, al mando del teniente coronel Bordes, y de la parte de montaña, al mando del valenciano Maians. Tan pronto la columna llegó a la plaza fue acogida por un fuego infernal por parte de los excelentes tiradores de la Vielle Marine, cayendo segadas las primeras secciones de atacantes por aquella espantosa fusilería.

Villarroel se puso al frente de sus fuerzas para intentar pasar a través del terrible fuego de barrera, que hacía flaquear el animo de sus hombres ante tanta carnicería. Pese a los intentos del mismo Villarroel, el fuego de cientos de fusiles impedía cualquier avance. En esos intentos cayó muerto Comes y Villarroel y Ramón fueron heridos. La columna se retiró, arrastrando los heridos, por donde habían venido, formando parapetos y barricadas sucesivas. Zubiría resultó herido en el proceso.

Había fracasado el ataque, pero, al menos, se había logrado consolidar la defensa de la parte de poniente de la plaza.
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Mensaje por Bruno Stachel »

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -3-

Contraataque por el centro

El coronel Thoar conservaba algunas dependencias del convento de Sant Agustí, además de alguans casas occidentales de la calle del Rec y el comienzo de las calles que finalizaban en la plaza de Sant Agustí. Desde estas posiciones mantenía violentisimos combates. Tras estos, pasó al contraataque, que se inició en el recinto de Sant Agustí, donde los borbónicos tenían una ventaja de 10 a 1. Poco a poco, mediante rabiosos combates a la batyoneta, los edificios adyacentes, el claustro y el huerto fueron limpiados, mientras dentro del convento los adversarios se disputaban una a una las celdas, contraatacandose por salas y corredores.

Los combates fueron de una aterradora vilencia, termiandno con la expulsión de los borbónicos del claustro y de la iglesia, asi como de la mayor parte del convento, donde los asediados tomaron el piso superior, continuandose los combates con tiros y granadas por las escaleras. Thoar fue superando las resistencia pese a las perdidas y rechazó los contraataques borbónicos, hasta que, exhaustos por la durísima lucha, se detuvieron los combates en este sector, con los catalanes en poder de la mayor parte del recinto de Sant Agustí.

Contraataque por el centro

El contraataque más espectacular fue el de la izquierda, donde los borbónicos tenían fuerzas particularmente numerosas, que podía evolucionar por un frente relativamente amplio y que todavía podía llegar a los portales y abrirlos a la caballería.

Rafael Casanova lo intuía y por ello lideró el contraataque, aunque no era hombre de armas. Sereno y lúcido, no había esperado un milagro que salvara a la ciudad, y había sido partidario de la obertura de negociaciones. Ahora, su aceptación de la opinión de la mayoría le lelvaba a darlo todo, con un coraje casi temerario.

Casanova llevaba la bandera de Santa Eulàlia, especie de revulsivo para las ocasiones más difíciles, y que los barceloneses reverenciaban con un fervor que multiplicaría las fuerzas disponibles.. El jefe militar del ataque era el general Bellver, y las fuerza principal de este cuerpo era de la Coronela: las compañías de Mercers i Botiguers de Teles (Comerciantes de Telas) del capitán Antoni Berenguer i Gabriel; los pocos Blanquers que quedaban, con el capitán Josep de Ramon i Magarola, supervivientes heróicos de los combates del Carnalatge, y los restos de Guerrers -capitán Berardo- que habían luchado en la brecha de Sant Daniel. Cabe sumar a estos efectivos algunos efectivos regulares, junto a numerosos civiles y treinta jinetes, éstos ultimos al mando del bravo aragonés Cayetano Antillón, sargento mayor del regimiento de la Fe, enviado al sector por orden de Villaroel.

Estos efectivos se concentraron en el huerto d'En Favà, y avanzaron, salvo los caballos, hacia la muralla de Jonqueres, y, desde llí, a la cortina en dirección al baluarte de Sant Pere.
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bruno ni en reyes descansas ??...jejeje...
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Mensaje por Bruno Stachel »

Ya he descansado estos días, que veo con horror que desde el miercoles nada.

Venga, hoy capítulo doble. :lol:
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -4-

Contraataque por el centro -2-

Poco después tuvo lugar un combate realmente formidable. En unos minutos los borbónicos lanzaron a la lucha diversos batallones completos, lo que hizo que los combates de generalizaran en una bárbara lucha cuerpo a cuerpo sin cuartel, especialmente en el terraplén de la muralla. Los refuerzos borbónicos, que avanzaban a paso de carga, eran fogueados desde el convento de Sant Pere y desde las parte posterior de las casas de la calle de Sant Pere més Alt, donde los tiradores de Bellver se convirtieron en un flagelo implacable.

Después de un largo forcejeo entre los baluartes de Jonqueres y San Pere, el furor de los catalanes rompió la contención borbónica y, encabezado por Casanova, y el grupo que rodeaba la bandera, llegaron ante el baluarte de Sant Pere, precipitandose sobre el Portal Nou, donde hubo una terrible asalto de las apresuradas defensas borbónicas, que también estaban bajo el ataque de los defensores del convento de Sant Pere, que hicieron una salida a la bayoneta y barrieron totalmente al adversario de estas posiciones, causando gran mortandad y tomando cuatro banderas.

Nuevos refuerzos felipistas se lanzaron a la muralla, obligando a ceder, en lucha durísima, gran parte de la cortina situada entre los baluartes de Sant Pere y del Portal Nou. Mientras se desarrollaa esta pugna, se luchaba en el baluarte de Sant Pere, donde los borbónicos se defendían denondadamente, reforzados por la portena y animados por el repligue catalán en la cortina.

Nuevamente, inervino el destino: un polvorín estalló en la batería del Portal Nou, que cuasó no pocos muertos y un lógico desconcierto, aprovechado por los catalanes para un nuevo asalto, que arrasaron con los borbónicos hacia el Portal Nou. Se combatió encarnizadamente, cambiando la batería de manos en dos ocasiones. Al mismo tiempo, la línea principal de contacto tomó la gola del baluarte de Sant Pere, siendo pasados por la bayoneta los defensores borbónicos.

Pese a todo, los refuerzos borbónicos continuaron afluyendo en aquella zona comprometida. Y toda la derecha de Berwick quedó comprimida sobre la derecha de Dillon.

En el foso se dio un forcejeo terrible, cubirneodse de un rio de bayonetas. El mariscal del Castillo y el brigadier vizconde de Puierto forzaron al máximo las tropas disponibles, reforzados por batallones del centro destinados a cubrir las bajas. Así, los catalanes tuvieron que ceder unos metros, afectados por la terrible carnicería.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -5-

Herida de Casanova

El combate seguía al arma blanca, con disparos a bocajarro, llegando a su máxima ferocidad, cuando, en el terraplén situado entre los baluartes del Portal Nou y Sant Pere, cayó herido, con el muslo atravesado por una bala, el Conseller en Cap Rafael Casanova. Caido, Jacinto Oliver, que luchaba a su lado, tomó la bandera en su lugar. El homor, sin embargo, tocaba ahora al alferez mayor, el protector del Brazo Militar, Joan de Lanuza, el viejo conte que, enloquecido por la muerte de su hijo, luchaba como un león en aquella pugna encarnizada. Laqnuza tomó la enseña y con el grupo de protección de la bandera, se adentró en el combate.

Pese a todo, debido a la violencia del combate y a la inenarrable carnicería, este decayó, con ambos bandos agotados. Retrocedieron los catalanes hasta el baluarte de Sant Pere, y los borbónicos se metieron en el portal Nou, abandonando ambos bandos tan violento cuerpo a cuerpo. En la parte de los huertos, los catalanes abandonaron las barricadas que habían tomado, siendo perseguiodos por grandes masas de enemigos, que tomaron el convento.

Todo esto sucedía entorno a las 9.15 o 9.30 de la mañana, a las cuatro horas del comienzo de la batalla. Los catalanes habían perdido el convento de Sant Pere, pero habían reconquistado el baluarte del mismo nombre y la cortina que iba hasta el de Jonquers, quedando como tierra de nadie el que llevaba al Portal Nou. Entre las tropas borbónicas predimonaba un sentimiento de horror ante la carnicería sufrida, que hacía problematica una posible penetración de gran estilo por este lado, como se había esperado al comienzo de la batalla.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El final de la batalla

Ala Derecha

Tras el costo y fallido contraataque del Pla d'en Llull Villana no pudo mantener lo ganado por el sector de los huertos, pues había sufrido bajas que no podía reemplazar y el general Sans Miquel no tenía reservas que enviarle. En tal moemnto los borbónicos calaron bayonetas y, reforzados por otros batallones, centraron desde el Pla d'en Llull una triple embestida contra las calles del noroeste, que constituían una cuña entre el centro y la izquierda borbónicas; contra el Born y la calle de Bon Aire, para llegar a la iglesia de Santa María del Mar y a la plaza de Palau; y, finalmente, contra la calle de la Ribera, cruzar l'Arbeda, tomar el Carnalatge y la Peixateria y asalta la plaza de Palau por este lado. Se tratava, pues, de conquistar todo el barrio de Ribera y forzar los pasos de la Rambla de Santa Mónica y las Atarazanas.

Con efectivos muy escasos, la defensa catalana pudo rechazar los dos primeros intentos iniciales. El comienzo de la calle del Pla d'En Llull habían estado bloqueados por barricadas improvisadas, que fueron defendidas desesperadamente, combatiendose casa por casa. Los atacantes fracasaron y se mantuvieron las posiciones. Por los accesos del Born y de la calle de Bonaire se siguió combatiendo, hasta que, tras tremenda carnicería, los borbónicos se retiraron a sus posiciones iniciales, las cercanas al convento de Santa Clara, manteniendo un feugo muy vivo, pero sin hacer más movimientos.

En la amplia salida de la calle de Ribera el ataque encontraba más facilidades, pese a que tuvieron los felipistas que luchar con gran dureza. Sobrados de efectivos, asaltaban a los defensores en un amplio frente, sometiendoles a una tremenda presión en el centro y la izquierda, con la derecha desbordada por falta de efectivos.

Villana, con tremenda sangre fría y gran coraje, se replegó muy lentamente, conservando la cohesión de su fuerza. Sin poder cortar la infiltración por la derecha, pensó en reforzar el baluarte de Migdia, desgastado por los combates contra Chateaufort y sin poder recibir refuerzos. Por eso Vilana envió 40 de sus hombres al baluarte, para ayudar en la defensa. Informado entonces por un mensajero de la apurada situación de Paperoles en el baluarte, le envió 20 hombres más con alguna munición.

Villa prefirió retirarse sin más lucha de los huertos y la travesera menor, mientras reorganizaba a sus hombres y se retiraba procurando evitar los combates cuerpo a cuerpo, defendiendo el Carnalatge y las calles que desembocaban en el de Ribera. Tan determinada era la defensa que los borbónicos se retiraron a los huertos y desistieron a atacar.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El final de la batalla -2-

Ala derecha -2-

El repliegue de Vilana dotó e tiempo para que el general Sans mejorase sus posibilidades defensivas antes de sufrir un ataque directo. Bellver, atento a refozar los puntos más debiles y a prevenir infiltraciones, le envió refuerzos al mando del teniente coronel del regimiento de Santa Eulàlia, Eudald Mas i Duran, junto con otros destacamentos procedentes de sectores menos amenzados.

Por cierto, al llegar las noticias de los combates a los hospitales de Barcelona, se vivió la angustiosa circunstancia de ver a más de 500 pacientes abandonando sus lechos para tomar las armas, siendo dirigidos al Pla de Palau, a donde llegaron con gran ánimo. Disponía así el general Sans de una fuerza muy heterogénea pero importante. En poco rato finalizó la gran barricada, que resultó muy solida, a la que se añadieron cuatro cañones traidos por el general Basset. Parte de los efectivos tomaron posiciones en las calles de los alrededores de la plaza y a los más cercanos de los perpendiculares al de la Ribera, de manera que se estableció contacto con las fuerzas de Vilana.

En el Pla d'en Llull, tras la vivísima lucha y nuevas embestidas, los esfuerzos del atacante no consiguieron gran cosa, salvo aumentar el número de victimas por tan prolongada lucha. Contenidos en el sector de la mantañada de la plaza, los borbónicos habían logrado ligeros avances por la parte de poniente mediante a sus ataques en masa, pero sin conseguir cambios sustanciales. Tomaron la primeras casas de la calle Bonaire, y logrzaron penetrar en agunos edificios del Pla d'en Llull por la parte de las calles de Bonaire y del Born, pero todo fue cosa de unos pocos metros. Pero las fuerzas del teniente coronel Bordes, aferrandose tenazmente a sus barricadas, resistieron tenazmente, de manera que, poco antes del mediodía, cedieron los borbónicos en su empeño.

Después de más de 7 horas de combates, ambos bandos estaban agotados.
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Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El final de la batalla -3-

Ala derecha -3-

En los otros puntos de la derecha había aún más movimiento, si cabe. El avance borbónico por la calle de la Ribera había sido detenido por las defensas de Vilana, fracasando los intentos lanzados desde los huertos de romperlas. La extensión del combate provocado por estos intentos llevó nuevamente la lucha hasta el baluarte de Migdia y la caserna, así como el Carnalatge, que cayó después de dura lucha, pudiendo replegarse sus defensores a las defensas de la calle Ribera por la Arbreda. Perdido el edficio, se mantenían, sin embargo, los puntos por donde los borbónicos intentaban entrar en el barrio.

Mientras tanto, a pesar de su debilidad, el baluarte de Migdia resistía denonadamente, pese a la muerte de su bravo comandante, el corajoso Anton Paperoles, coronel de los fusileros de Ribera d'Ebre. En la caserna, los defensores fueron cediendo palmo a palmo en medio de una lucha feroz, durante horas de esfuerzos constantes de los borbónicos, que consiguieron tomar la caserna y parte de las caballerizas, donde resistieron los catalanes hasta el final de la baalla.

Dominada la caserna y ganado el Carnalatge, se quiso forzar la entrada a la plaza de Palau, pese a que el baluarte de Migdia resistía inexpugnable. Los asaltos se encontaron con la firme resistencia de la barricada organizada por Basset y Sans Miquel, cuyos cañones vomitaban fuego constantemente contra los asaltantes, que dispusieron de los suyos para bombardear la barricada, sometida asimismo a un fuego intensísimo de fusilería. Pese a todo, pese al valor de los atacantes y sus denodados esfuerzos, todos sus intentos fracasaron en medio de una lucha cruenta. A mediodía los borbónicos suspendieron sus ataques y el fuego fue decayendo, agotadas sus energías.
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El final de la batalla -4-

Centro

Este sector, al mando del coronel Thoar, incluía la zona de Sant Agustí y enlazava por el sur con als fuerzas del teniente coronel Maians, que defendía una parte del Plà d'En Llull, como ya hemos visto.

Recuperada la mayor parte del convento de Sant Agustí, Thoar se aferraba a sus posiciones obstinadamente, pese a la dura presió felipista. Hace mediada la mañana el tiroteo fue perdiendo intensidad, y parecía que los atacantes se habían resignado a cesar sus actividades para romper la defensa en ese sector.

Por su parte, la tropa francesa comenzó a saquear las casas que ocupaban cerca de la derecha de Sant Agustí. En mala hora, pues Thoar, al percibirlo, desencadenó inmediatamente un feroz contraataque, muy significativo a la hora de medir las capacidades combativas de los defensores de la plaza. Thoar y Maians desencadenaron un ataque completamente inesperado a la bayoneta calada, que exterminó a los saqueadores, huyendo los escasos supervivientes.

Los catalanes avanzaron de prisa, aprovechando que la confusión se extendía por las tropas borbónicas, cuya línea comenzó a ceder ante el pánico antes de que los oficiales pudieran reaccionar, a pesar de ser superiores en numeros a los atacantes. Comenzo la desbandada, estando los franceses en peligro de ser expulsados del perímetro.

Aquí fue donde Berwick demostró su serenidad y capacidad de previsión. Tenía desplegada una reserva de 8 batallones y otras tantas compañías de granaderos, más 500 zapadores. Berwick no vsciló en lanzarla al combate, con lo que los atacantes se encontraron enfrentandose a 5000 soldados frescos. Se impuso una rápida retirada a los puntos de partida, sin poder evitar que las escuadras de protección fueran aplastadas en el proceso.

Furiosos con el ataque catalán lanzaron los borbónicos una embestida por el centro, pero Maians, firmemente atrincherado en las casas, rechazó el empuje enemigo, que también atacó con dureza el convento de Sant Agustí. Thoar paró el primer golpe, pese a la superioridad numerica enemiga, de manera que las tropas de reserva borbónicas se veían obligadas a luchar metro a metro con una defensa rabiosa. Pese a todo, a mediodía los borbónicos se vieron obligados a detenerse, con un infimo avance a un tremendo coste, con las posiciones idénticas a las del comienzo del contraataque general, situación que se mantuvo hasta el final de la batalla.
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