MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

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Lasalle
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MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

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MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE (I)

Quien dice municiones dice armas de fuego y entonces se plantea la pregunta : ¿ qué armas de fuego utilizaba la Grande Armée ? y contestar equivale a definir dos categorías de armamento : las armas individuales y las armas que calificaríamos de colectivas.
Las armas individuales son las manejadas por una sola persona : el fusil, la pistola o el trabuco. Cuando hablamos de las dos primeras, convendría mejor hablar de ellas en plural ya que existían varios modelos de fusiles y pistolas según a quien se destinaban ; así pues, teníamos un fusil para la infantería y otro para las tropas a caballo como los dragones o los húsares.
Las armas colectivas son las que requieren la presencia de varias personas para maniobrarlas y están reunidas en la artillería abarcando los cañones, morteros y obuses sin contar las minas. Para evitar confusiones, nos ha parecido útil, en algunos casos, poner el nombre en francés de ciertos proyectiles.
Pero antes de hablar de las municiones, consideremos brevemente las mejoras introducidas por Gribeauval y el tema de la pólvora sin la que las armas de fuego serían inútiles.

I - LA ESTANDARIZACIÓN

En el origen del sistema de municiones usadas bajo el Primer Imperio se encuentra la obra que Jean-Baptiste Vaquette de Gribeauval (1715-1789) emprende en 1765 bajo Luis XV. Se le conoce sobre todo por la reforma de la artillería de la que tuvimos ocasión hablar en otra parte, pero su visión de la normalización se extiende a todas las armas de fuego tratando de adaptar cada arma a un uso preciso y de reducir el número de variantes de las municiones para obtener una producción cuantitativamente más elevada y el menor riesgo de confusión posible. Si más adelante hablaremos de las diferentes municiones, aquí sólo plantearemos un problema : el calibre de las municiones que, bajo la monarquía, sufría de las variaciones en el valor de las medidas que podían diferir de una provincia a otra. Era pues imprescindible que las municiones se adaptaran al arma a que iban destinadas ; dicho de otra manera : si se destinaba una bala a un fusil de infantería de calibre de 7 líneas y 9 puntos (17,5 mm), no era cuestión que su diámetro fuera de 7 líneas y 10 puntos (17,63 mm) o de 7 líneas y 8 puntos (17,25 mm) ya que en el primer caso no entraba en el cañón y en el segundo aumentaba el viento (espacio entre la bala y la circunferencia del ánima) de 1 punto (0,19 mm) lo que le hacía perder a la vez precisión y alcance, amén de poder dañar el ánima a la larga. Para solucionar este problema, Gribeauval va a recurrir a un sistema sencillo : el de las cribas. Esquemáticamente, se hace pasar la munición por una placa dotada de un agujero que corresponde al diámetro máximo admisible para dicha munición : si no pasa se la rechaza por demasiado grande ; las municiones que han pasado esta primera prueba son dirigidas hacia otra placa con un agujero que corresponde al diámetro mínimo admisible para dicha munición : si pasa se la rechaza por demasiado pequeña. Cualquier operario, sin necesidad de que haya recibido una formación particular, puede proceder a este control que asegura municiones fiables.
Lo que actualmente parece obvio no lo era tanto bajo la Monarquía y aún menos bajo la Revolución dada la desorganización que llegó a reinar, y que conste que una diferencia de 1 punto podía considerarse como mínima en aquellos tiempos perturbados y tanto bajo Gribeauval como bajo la Revolución las causas de estas situaciones hoy impensables son varias : diferencias en las pesas y medidas (según la región una libra puede pesar entre 380 y 552 gramos, por ejemplo), multitud de manufacturas, falta de precisión de las herramientas, necesidad de producir muchas armas, dar la preferencia a la cantidad aunque fuera en detrimento de la calidad ya que era más importante la “potencia de fuego” que la precisión …

II - LA PÓLVORA

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--- Fábrica de pólvora ---

Cuanto atañe a la pólvora depende de la Administración General de las Pólvoras y Salitres creada en 1775 por Turgot, bajo el reinado de Luis XVI. Sus misiones principales son la búsqueda de salitre, la fabricación y la venta de las pólvoras. El 23 de septiembre de 1791, la Asamblea Nacional vota un decreto que reorganiza la primera institución. El Directorio, por ley del 13 de fructidor del Año V (30 de agosto de 1797), procede a una amplia reforma dándole el monopolio de producción y venta y el Primer Cónsul la pone bajo el control del ministerio de la Guerra por decreto del 27 de pluvioso del Año VIII (16 de febrero de 1800). En 1811, Francia dispone de 16 fábricas de pólvora con 916 molinos, a lo que hay que añadir 16 refinerías de salitre y 36 almacenes donde reinan reglas estrictas : está prohibido entrar sino descalzo o con alpargatas ya que los clavos de las suelas de los zapatos, al frotar contra el empedrado del suelo, pueden producir chispas, y se tiene que dejar fuera las espadas, bastones y otros accesorios metálicos por las mismas razones.
Bajo la Monarquía, el problema de la “pólvora de cañón” o pólvora negra suscita largos debates entre científicos y especialistas, debates que continúan bajo el Imperio. Lo cierto es que nunca faltará pólvora menos tal vez en la isla de Lobau durante las jornadas de Essling en 1809, penuria causada por la crecida del Danubio.

Tres elementos entran en la composición de la pólvora. El salitre (nitrato de potasio) ha de ser muy puro con tres cocciones y muy seco, en pequeños cristales, ya que le da la fuerza a la pólvora, aportando el oxígeno a la combustión de azufre y carbón. Respecto al azufre, que la hace inflamable, se explotan minas de pirita o bisulfuro de hierro recurriendo a nuevos procedimientos de extracción. El carbón, cuyo origen ha de ser vegetal para obtener una combustión rápida, se obtiene a partir de madera de álamo, sauce o avellano. Durante el periodo imperial, la pólvora no conocerá grandes evoluciones : el mayor progreso será conseguir que esté siempre seca (1810-1812), el segundo intervendrá bastante tarde con la pólvora “esférica”.

Hasta la Revolución la pólvora es una mezcla, llamada “seis-as-as”, de un 75% de salitre, un 12,5% de carbón y un 12,5% de azufre (o sea, 12,5 x 6 - 12,5 x 1 - 12,5 x 1). Bajo el Comité de Salvación Pública, se modifican las proporciones pasando a un 76% de salitre, un 15% de carbón y un 9% de azufre ; la fórmula siguiente será un 80% de salitre, un 15% de carbón y un 5% de azufre. Siendo decepcionantes los resultados ya que la pólvora se altera rápidamente, lo que trae como consecuencia la reducción del alcance de las armas, la administración imperial decide en 1808 volver a las “pólvoras antiguas” que se usaban antes de 1789. Hasta 1818, tres años después del Imperio, el ejército francés sigue usando la misma pólvora con las mismas proporciones (que seguirán vigentes hasta 1866) tanto para las armas individuales como para la artillería. Solamente en 1820 se adoptará una pólvora especial para las armas individuales, la llamada “pólvora de mosquete”.
El origen de los ingredientes cambia según las circunstancias, lo que conlleva diferencias en la eficacia. Antes de la Revolución, se importaba el salitre de la India pero la guerra y la actividad de la Armada británica interrumpen esta fuente de suministro. Francia se ve obligada a sacarlo de su suelo y hasta cierto punto de las paredes, inventando métodos de refinamiento y secado rápidos. También puede ser elaborado a partir de potasa y ácido nítrico ; la potasa se obtiene por combustión de vegetales y aparecen tantas calidades como especies vegetales empleadas. Lo mismo ocurre con la madera que interviene en la elaboración del carbón. Gassendi estima que, según la pureza, el alcance puede variar entre 233 y 288 metros, lo que representa una pérdida de un 20%.
Bajo la Revolución y el Imperio, la pólvora se obtiene pasando por fases que consisten en la trituración, la pulverización y la mezcla realizadas en morteros esféricos. A continuación, vienen el riego, la compresión y la granulación, efectuándose estas operaciones en graneadores y cribas. Para terminar, se procede a la separación de los granos usando cribas de mallas finas.
Las pruebas se efectúan mediante “probetas”, unos morteros de un diámetro de 7 pulgadas 9 puntos (19 cm) con un proyectil esférico de un diámetro de 7 pulgadas (18,8 cm) que pesa 59 libras (29,3 kg).
Esta pólvora, también llamada “pólvora negra” o “pólvora de munición”, tiene dos inconvenientes mayores : apenas empezada la batalla crea una densa nube de humo que no permite apuntar certeramente y, entablada ya la batalla, a partir de unos 50 disparos, el cañón del fusil se llena de hollín que puede llegar a impedir la introducción de la bala, no dejando para limpiarlo otro remedio que orinar dentro. Con la humedad, el arma puede dar gatillazo llegando a dispararse cuando el tirador ya no apunta al blanco.
A principios de las guerras del Imperio, la pólvora francesa es muy inferior a la de los Aliados. Con el aumento de las necesidades, en vísperas de la campaña de Rusia, la producción de pólvora negra se eleva notoriamente no sólo en la cantidad con unas 3 000 toneladas anuales, sino también en la calidad que evoluciona enormemente con el recurso a los servicios de los mayores químicos de la época.
A principios del siglo XIX Berthollet había descubierto ya una pólvora fulminante, también llamada oxigenada o muriática, pero tenía efectos demasiado violentos para que se usara con armas de guerra.
Uso menos ortodoxo de la pólvora : en caso de penuria de sal se utiliza para sazonar los alimentos, a pesar de que le dé un color negro a la comida, por contener nitrato de potasio y nitrato de sodio, sin hablar del carbón. En cuanto al resultado de la “receta” original, el testimonio del brigadier Lambry tiende a disuadirnos de probarla :
La guisamos (una pierna de carnero) con col y pólvora, a falta de sal, lo que no daba un color muy bonito al caldo, ni un sabor muy bueno al carnero.
Es de notar que este uso sigue en vigor con los embutidos actuales donde se añaden nitritos como conservantes alimenticios así como fijadores del color.

III - LOS SISTEMAS DE DISPARO

Lo primero para hacer efectiva la acción de las municiones es disparar, es decir encender la pólvora para que despida la munición o, en ciertos casos, hacer que la pólvora de la munición se inflame, provocando así la explosión. Disparar se aplica pues a tres tipos de armas.

1 - Las armas individuales


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--- Fusil modelo 1777 Año IX – Mecanismo ---

Por armas individuales entendemos las de pequeño calibre como fusil y pistola. Sin entrar en los detalles de la carga en “12 tiempos 18 movimientos” enseñada a los reclutas, diremos que, después de verter una pequeña parte de la pólvora del cartucho en la cazoleta, se cerraba el rastrillo, se vertía el resto de la pólvora en el cañón y se introducía la bala. Entonces, para disparar, se apretaba el gatillo haciendo que el pedernal percutara el rastrillo y así produjera una chispa que inflamaba el contenido de la cazoleta que a su vez encendía la carga de pólvora por un conducto, el oído, que comunicaba la cazoleta con la recámara del fusil o de la pistola.

2 - Las armas de calibre importante

El disparo de las armas de calibre importante, lo que equivale a hablar de la artillería, difiere del de las armas individuales por ser el mecanismo con pedernal poco extendido (solamente en algunos cañones de marina). La misma técnica aquí descrita se aplica a cañones, obuses o morteros.


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--- Disparo de un cañón ---

En el fondo del ánima se introduce la carga de pólvora que disparará el proyectil. Por el oído se pasa un punzón o aguja para perforar la tela del cartucho y, accesoriamente, limpiar el conducto del oído de restos del estopín precedente. Hecho esto, se introduce el estopín por el oído hasta que alcance la carga de pólvora.
Precisemos que el estopín es un tubito de caña o de papel untado con aceite de linaza, relleno con pólvora fulminante, que se emplea para comunicar el fuego desde el exterior a la carga de pólvora que disparará la bala. La última operación consiste en acercar el lanzafuego o botafuego. Este se compone de un palo que sirve de mango y, en una extremidad de las extremidades, de una parte metálica fija que recibe un tubito de papel blanco untado con aceite de linaza que contiene pólvora ; esta como mecha puede consumirse durante unos 12 minutos. Su manejo no está sin peligro ya que la pólvora fulminante produce chispas y no una llama continua, lo que explica que se arrime el fuego al estopín desde cierta distancia, a la vez para protegerse de las chistas y para evitar el retroceso del cañón que puede alcanzar unos 5 metros con una pieza de 12 libras.

Las armas explosivas

Las armas explosivas, entender obuses y bombas, se distinguen de los otros proyectiles en el sentido de que no actúan por impacto directo en el blanco sino por una explosión retardada. El plazo deseado antes de la explosión se fija de manera más o menos precisa mediante una espoleta introducida a través del cuerpo metálico y que, actuando a modo de mecha, pone cierto tiempo antes de provocar la explosión de la carga del obús o de la bomba.


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--- Obús y espoleta ---

La espoleta consiste en un tubo ligeramente cónico dispuesto para recibir la carga de pólvora que el artificiero calcula en relación con la demora que se espera y la distancia por recorrer. Para protegerla de la humedad, viene envuelta en pergamino revestido con masilla. Una vez colocada, no se enciende previamente al disparo sino por el mismo disparo : las llamas producidas por la carga explosiva que lanza el proyectil ocupan todo el tubo, pasando por el “viento” o espacio que queda entre el proyectil y la circunferencia del ánima, rodean la bomba y llegan hasta la espoleta que está en la parte anterior, orientada hacia la boca del cañón. Procediendo de esta forma se evita que la explosión empuje la espoleta hacia dentro del obús o de la bomba, lo que provocaría una explosión prematura dentro del cañón o que, caso más raro, si después de encender la espoleta no se disparara la pieza por cualquier razón como una pólvora húmeda, explotara dentro de ésta.

Después de estos preámbulos, podemos pasar al examen de las diferentes municiones utilizadas en la Grande Armée, tanto en batallas como en asedios.

IV - LAS BALAS

1 - Las características


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--- Balas para fusil modelo 1777 ---

La bala se destina a diferentes tipos de armas que llamaremos “individuales”. Se presenta bajo la forma de una esfera de plomo de un diámetro de 16,54 mm (7 líneas 4 puntos) con un peso de 24,45 g (0,83 onza). Como, en teoría, el diámetro de ánima del fusil tiene que ser de 17,5 mm (7 líneas 9 puntos), la norma de las balas se llama “de 16 por libra”, lo que no es totalmente exacto.
En un principio entran 16 balas en una libra (unos 500 g) lo que corresponde a balas de 31,25 g (una onza) ; con el tiempo, para tener en cuenta el volumen ocupado por el papel del cartucho, se pasa a 18 balas por libra, pesando entonces cada una 27,7 g (0,9 onza). La última evolución, debida a la falta de precisión en la fabricación de las armas durante el periodo revolucionario que se traduce por variaciones en el diámetro del tubo según donde se fabrica el arma, es una bala de “20 por libra” o sea, una bala de 24,45 g con un diámetro de 16 mm.


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--- Moldes para nueve balas ---

Las balas se funden en moldes reglamentarios por series de nueve. Enfriado el metal, se las saca del molde, se cortan las rebabas, se las hace rodar en un cilindro de desbarbar para pulir la superficie y se termina haciéndolas pasar por cribas para controlar el calibre.
Para hacerlas más dañinas, los combatientes usan métodos reprensibles. Jean-François Chiappe habla de “balas mascadas” que corresponden al uso de morder el plomo para crear asperezas con el fin de provocar más daño al adversario y para favorecer el desarrollo de una infección. Marbot describe cómo, durante los sitios de Zaragoza, los españoles utilizaban balas aplastadas a martillazos para crear cortes que les daban el aspecto de una rueda de reloj ; desgarraban la carne y eran más difíciles de extraer.

2 - El cartucho

Así se presentaban las municiones sueltas y empaquetadas.


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--- Cartuchos sueltos y empaquetados ---

La fabricación de los cartuchos corresponde a los artilleros. Con el papel cortado de antemano, 10 hombres pueden realizar 8.000 a 10.000 cartuchos en 10 horas, repartiéndose la tarea entre 6 hombres para enrollar el papel, 2 para llenar el cilindro así realizado y 2 para empaquetar los cartuchos.
La bala viene envuelta en un cartucho, pero éste no tiene nada que ver con los actuales y podríamos presentarlo como un “kit” en el que viene todo lo necesario para disparar. En aquella época se trata de un estuche de papel realizado a partir de una hoja de forma trapezoidal de 14,4 cm x 11,5 x 5,8. Una vez debidamente doblado, mide 13 cm, contiene una bala de plomo de 24,45 g (una onza como máximo) y una carga de 12,24 g (media onza) de pólvora, teóricamente igual a la mitad del peso de la bala. Con una libra (500 g) de pólvora se fabrican 40 cartuchos.
Los obreros encargados de realizar los cartuchos disponen de un cilindro de madera en una de cuyas extremidades está un hueco donde se aloja la bala. Seguidamente se enrolla el papel alrededor del cilindro dejando unos 13 mm de papel sobrante para hacer el pliegue que cubrirá la bala. Quitado el cilindro de madera, el primer operario pasa este cilindro de papel con la bala a un compañero para que éste lo llene con la cantidad exacta de pólvora y doble el papel para cerrar la otra extremidad del cilindro. A su vez, este obrero pasa los cartuchos terminados al compañero siguiente que prepara los paquetes de 15 (tres por cinco) que tienen que corresponder exactamente a los huecos previstos en las cartucheras.
Cada soldado lleva consigo 50 cartuchos en total (35 en la cartuchera y 15 en la mochila) pero con las reservas que vienen en furgones cada hombre dispone teóricamente de 110 cartuchos. Nunca le faltarán municiones a la infantería durante todas las campañas del Imperio.
Para cargar el arma, el soldado abre el cartucho con los dientes por la parte opuesta a la donde se encuentra la bala (la ausencia de dientes incisivos es motivo de exención), vierte una pequeña parte de la pólvora en la cazoleta donde la chispa del pedernal la encenderá e introduce la cantidad restante en el cañón, entonces mete la bala y por fin empuja con la baqueta el papel hecho una bola evitando así que la bala caiga si inclina el fusil.
En caso de fallo, se emplea el sacatrapos, espiral de hierro a modo de sacacorchos que se atornilla en el extremo de la baqueta y sirve para sacar los tacos o las balas del ánima del cañón.

3 - Para qué armas

La bala se utiliza para armas individuales : la pistola y el fusil.
No extrañe que se utilicen balas de 16 mm de diámetro con armas de 17,5 o 17,07 mm ; se explica por dos razones principales : la falta de precisión en la realización de los cañones cuyo calibre no es tan uniforme como sería de desear y la pólvora negra que ensucia rápidamente el arma en la que no puede entrar la bala después de unos 50 disparos.

a - Armas de calibre de 17,5 mm (7 líneas y 9 puntos)
Estas armas difieren por el largo, tanto del arma y del cañón, como por el peso.
- El fusil de infantería modelo 1777 :
Largo total : 1,515 m – Largo del cañón : 1,137 m – Peso del arma : 4,375 kg – Alcance : 200 a 250 m
Es el arma por excelencia de la infantería y el más fabricado ya que alcanzará los 2 millones de ejemplares.
- El fusil de dragón se distingue del de infantería por ser más corto :
Largo total : 1,417 m – Largo del cañón : 1,028 m – Peso del arma : 4,275 kg – Alcance : 200 a 250 m
Es un arma que tiene en cuenta el carácter especial del cuerpo de los dragones : tropas que combaten tanto a pie como a caballo. Si el fusil de dragón es más corto que el de infantería no es tanto para adaptarlo a un uso a caballo sino para facilitar el transporte del arma. Bajo la Revolución se trata de un fusil de infantería cuyo cañón presenta imperfecciones en la boca así que se cortan unos 5 cm. Con la reforma de 1801 (Año IX) aparece una nueva versión pensada para este uso especial. Alcanzará los 450.000 ejemplares siendo distribuido también a los “voltigeurs” y a la artillería a pie.

b - Armas de calibre de 17,1 mm (7 líneas y 7 puntos)
- El mosquetón de caballería :
Largo total : 1,15 m – Largo del cañón : 0,76 m – Peso del arma : 3,3 kg – Alcance : 200 a 250 m
Aparecida en 1778 con la reforma de Gribeauval, esta arma quiere ser un compromiso entre carabina y fusil de infantería. Llegando su producción a los 230.000 ejemplares, adopta en 1801 el nombre de “mosquetón de caballería Año IX”. Las modificaciones conciernen el largo de la culata y del cañón. Destinado en un principio a la caballería ligera (cazadores y húsares) lo adoptan más tarde la gendarmería, la marina imperial, los granaderos a caballo de la Guardia y hasta coraceros y carabineros durante la campaña de Rusia. Nunca será un arma muy cómoda por las dificultades que presenta para cargarla a caballo.
Respecto a la carga de pólvora que admite esta arma, el general De Brack queda bastante impreciso : Lo mismo que hay un solo calibre, hay un solo cartucho ; se distribuye indiferentemente para los fusiles de granaderos como para las pistolas de caballería. La cantidad de pólvora que contiene un cartucho viene calculada para obtener los alcances más largos. […] ¿ En qué debe basarse el cálculo de la carga ? En la solidez, la ligereza y el alcance del arma : la solidez para no deteriorarla rápidamente ; la ligereza para evitar unos disparos demasiado inciertos por un retroceso demasiado fuerte ; el alcance para dar en el blanco… Unos consejos poco concretos, pero se sabe que las tropas usaban solamente los tres cuartos de la carga de pólvora, unos 9 g en vez de 12,2.
- La pistola de arzón :
Existen dos modelos de pistolas particularmente usados en la caballería : el modelo Año IX que se fabrica hasta 1807 y el modelo Año XIII fabricado a partir de 1806 que se usa también en la marina.
Largo total : 0,35 m – Largo del cañón : 0,20 m – Peso del arma : 1,3 kg – Alcance : 55 m
En este caso también interviene una reforma en el Año IX (1801) que supone el abandono de la pistola 1777 y se ve completada en el Año XIII (1805). El alcance se reduce a 55 metros con la misma carga que la del fusil de infantería. Su eficacia es óptima a corta distancia pero hay que evitar el disparo “a quemarropa”, como indica De Brack : es menester que la extremidad del cañón no toque al enemigo, porque la pistola podría explotar y herir al tirador.
El que estas dos armas no se destinen a un uso intensivo explica que haya sido posible ganar 2 puntos (0,4 mm), y que, siendo mínima la diferencia, se utilice un solo tipo de munición para todas las armas, teniendo en consideración que el calibre estándar de la bala es de 16 mm (7 líneas y 1 punto).
Junto a estas pistolas de caballería, existen más modelos : la reglamentaria de marina modelo 1786, la de gendarmería, la de gendarmería de los puertos (ambas del modelo Año IX, la reglamentaria de mameluco, la de oficial de infantería de la Guardia Imperial … se puede decir que todas las armas empleadas durante el Primer Imperio tienen su origen en la gran reforma de Jean-Baptiste Vaquette de Gribeauval.

4 - Los efectos

Teóricamente el fusil modelo 1777 puede disparar hasta una distancia de 600 m con una inclinación de 4 a 5 grados y según Bardin llega a 974 m (500 toesas) con una inclinación de 45 grados. En realidad, el alcance práctico o letal es de 250 m ; el útil, el que causa una herida, entre 250 y 400 m ; más allá de 400 m la herida no es peligrosa si no alcanza la cabeza o el tronco ; a 800 m apenas llega a producir rasguños. La penetración en tablas de pino es de 5,7 cm a 157 m y 4,6 cm a 250 m.
El capitán Bugeaud (nombrado mariscal en 1843, bajo el reinado de Louis-Philippe I) estima que El verdadero peligro empieza a 300 pasos (195 m), que va creciendo hasta 100 (65 m) o 150 pasos (97 m) y luego disminuye hasta ser insignificante cuando las dos tropas se enfrentan. El soldado apunta y dispara cuando el enemigo está demasiado lejos ; cuando el enemigo está cerca, el soldado pierde la moral y lo que le importa es disparar a menudo y la mayor parte del tiempo sin apuntar. La conclusión es que hay que disparar una sola vez pero con seguridad.
El problema mayor es el de los fallos que alcanzan un promedio de un disparo de cada diez o doce con tiempo seco ; con lluvia o niebla espesa, es casi imposible disparar. Pruebas realizadas entre 1810 y 1811 evidencian que falla un disparo de cada 16 (un 6,25%), lo que hace de él un arma bien poco fiable ya que la proporción es de uno por 28 (un 3,6 %) con el ruso, uno por 44 (un 2,3 %) con el inglés y hasta uno por 62 (un 1,6%) con el austríaco. Más pesimistas todavía, unas pruebas de la misma época revelan 138 fallos sobre 900 disparos (¡ un 15,6% !)

5 - La precisión

La precisión es el verdadero punto débil del arma. La diferencia importante entre el diámetro de la bala y el calibre del fusil llamada viento, al ser de 1,5 mm, perjudica a la vez el alcance del arma y su precisión porque la bala no es guiada con la exactitud necesaria en su recorrido por el cañón. El uso de balas esféricas da lugar a desviaciones considerables del orden de 1 m por 100 m. Pruebas sobre los disparos que dan en el blanco en relación con la distancia evidencian una pérdida de precisión que no depende únicamente del tirador : a 70 m un 100% alcanza el blanco, a 100 m pasamos a un 88%, a 125 m es un 79%, para bajar rápidamente a un 65% a 150 m, un 46% a 175 m y un 19% a 200 m.
Pero la falta de precisión no se debe solamente a la forma de la bala sino también a diferencias de peso y calidad en la carga de pólvora, al retroceso y al humo que, después de cada disparo, tapa la visión del soldado. Con un fusil de pedernal, la cadencia de tiro merma a partir del momento en que el cañón empieza a ensuciarse y la precisión también se reduce ya que el hollín frena la bala. Asimismo, la lluvia y la humedad entran en línea de cuenta puesto que deterioran las municiones, los pedernales y oxidan las partes metálicas de los fusiles. La eficacia máxima, y así lo declaran los militares de la época, se obtiene con los fuegos de salva en que dispara simultáneamente una línea completa de soldados, con la velocidad para recargar y la cantidad de balas disparadas, sobre todo si se tiene en cuenta que el enemigo avanza en línea compacta, codo contra codo, y que la bala, si se desvía de un metro a la derecha o a la izquierda, siempre da en un blanco si se tiene en cuenta que la norma es de dos hombres por metro de frente.
Otro aspecto del problema es el soldado. En una época en que se tenía que reclutar masivamente, la formación deja que desear a menudo. El general Roguet se queja de que No es el fuego el que pone más tropas fuera de combate […] sino el abandono demasiado rápido de la unidad y del orden cuando se presentan situaciones imprevistas. A partir de 1806, en una carta a Eugene de Beauharnais, Napoleón se preocupa por el tiro al blanco Me imagino que los quintos habrán llegado en cantidad. No perdáis tiempo en hacerlos armar y ejercer. En vuestros campamentos, haced practicar el tiro al blanco ; no basta con que un soldado dispare, lo que hace falta es que dispare bien. y en otra a Davout en 1811 apremia Es muy importante que los soldados practiquen el tiro al blanco. Su insistencia permite suponer que la precisión no era lo que se podía esperar.
Otro obstáculo a la precisión es el humo que emana de la combustión de la pólvora negra y del humo en general provocado no sólo por los disparos de los fusiles : a éstos hay que añadir el de los cañones y de los incendios que aparecen en el campo de batalla. Puede ser tal su espesor que en ciertos puntos la visibilidad no excede los 100 metros. Es conocida la anécdota de un joven oficial que mandaba el fuego y sus soldados no disparaban ; el oficial se impacientó y uno de los veteranos presentes le contestó con la mayor calma : Aún hay tiempo, no les vemos todavía el blanco del ojo.

6 - El transporte

El transporte es una de las principales preocupaciones en cuanto toca a los cartuchos. No es tanto que se tema una explosión siempre posible por un descuido o si un proyectil llega a alcanzar el medio se transporte sino en primer lugar la humedad que inutiliza la munición puesto que el salitre es muy propenso a absorber el agua.

a - La cartuchera


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--- La cartuchera ---

El modo de transporte de los cartuchos individual es, para el soldado, la cartuchera (en francés : la giberne) que se lleva colgada de una bandolera que cruza el pecho desde el hombro izquierdo hasta el muslo derecho. El interior lo constituye un bloque de madera con huecos para 2 paquetes de 15 cartuchos con la bala hacia arriba más 5 cartuchos sueltos colocados en sendos agujeros y, en un sexto agujero, las herramientas necesarias para el mantenimiento del arma : un botellín de hojalata con aceite, un trapo graso, una aguja para limpiar el oído del fusil, pedernales de recambio ya que un pedernal servía para unos cincuenta disparos y un pedernal … de madera para el ejercicio. Exteriormente es un estuche de badana que, por supuesto, ha de ser impermeable. Por lo tanto, la cartuchera es el objeto de muchos cuidados por parte del soldado ya que, en que la engrase bien o mal, puede irle la vida : unos cartuchos húmedos o un pedernal mojado inutilizan el arma y lo dejan indefenso frente al enemigo. En 1845 será sustituida por la cartuchera tal como la conocemos hoy.
La cantidad de cartuchos en campaña es de 200 por hombre. En 1809 Napoleón da la orden de que cada soldado lleve 50, los cajones de infantería transporten 60 por hombre y 60 más en los cajones del cuerpo de ejército (el parque dispone de unos 10 cajones) y que los depósitos conserven 60 cartuchos por soldado. Estas cantidades son teóricas : en realidad parece que el soldado se las arreglaba para llevar más cartuchos que la norma porque “más vale que sobre que no que falte” ; entre los que no había usado y los recuperados sobre los compañeros fallecidos, podía llevar hasta 30 cartuchos más a pesar de la carga que representaban.
En la caballería, se estimaba que con 20 cartuchos un soldado tenía bastante ya que su arma por definición era el sable.

b - El cajón de municiones


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--- Cajón de artillería ---

Cuando se trata de transportar los cartuchos para una tropa importante, se recurre al cajón de artillería organizado especialmente para este fin. Exteriormente, el cajón de artillería se presenta como un cofre rectangular cubierto por una tapa en forma de tejado de dos aguas. En la parte delantera los varales que se prolongan de un pie (unos 33 cm) permiten, en un primer tiempo, transportar un costal de avena destinado a los caballos sometidos al esfuerzo de arrastrar el cajón ; más tarde recibirán un cofre de herramientas para el conductor. El sistema descansa sobre cuatro ruedas, siendo las traseras mayores que las delanteras que pertenecen a un avantrén dotado de una lanza a la que se unen dos pares de caballos. La parte trasera ofrece un eje orientado oblicuamente en el plano vertical para colocar una rueda de recambio ; también lleva algunas herramientas necesarias para desatascar el cajón en caso de necesidad : picos, palas ....
En esta foto de uno de los pocos cajones existentes (sólo quedan dos en el Museo del Ejército de los Invalides en París y uno en el Museo del Ejército de Dresde), la lanza que no está montada en el avantrén aparece en el lado izquierdo.


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--- Interior del cajón ---

Interiormente, tres separaciones inamovibles de 1 pulgada 3 líneas (3,4 cm) de espesor contribuyen a la robustez del conjunto y dividen el cajón en cuatro compartimentos. La altura de estas separaciones rebasa las partes laterales de una pulgada (2,7 cm).


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--- Cajón para cartuchos ---

Cuando se trata de transportar municiones de infantería (un cajón por batallón), se tiene que considerar que los cartuchos de unos 45 g para fusiles vienen por paquetes de 15 que pesan unos 675 g cada uno. El cargamento se reparte sobre tres pisos separados por entarimados montados como ventanos para evitar que los cartuchos se aplasten bajo el propio peso. Cada piso tiene una altura de 3 pulgadas 9 líneas (unos 10 cm) para disponer los paquetes verticalmente pero en el cajón llamado “de 4”, por ser menos alto que los “de 12” y “de 8”, los paquetes del piso superior se guardan horizontalmente (Ver grabado, abajo : altura comparada entre cajones ; a la izquierda cajón “de 8 y 12” y a la derecha cajón “de 4”). El largo de los paquetes se alinea paralelamente al largo del cajón, lo que permite distribuir once paquetes sobre el ancho del compartimento y nueve sobre el largo. Un cajón de “12 y 8” contiene 1.089 paquetes, lo que equivale a 16.335 cartuchos para el fusil modelo 1777. Un cajón “de 4”, de tamaño ligeramente inferior, contiene 1.062 paquetes, lo que equivale a 15935 cartuchos.
Por cierto, como cada cartucho incluye su bala de plomo el peso total, unos 750 kilos, es muy superior al de un cargamento con municiones para cañón : la diferencia alcanza 161 libras (unos 80 kilos), más que lo recomendado, restando movilidad a este tipo de cajón. Al final, el cajón de “12 y 8” se queda en el parque de artillería y se usa el cajón “de 4” para seguir a la tropa : si éste “sólo” transporta unos 14.000 cartuchos, tiene la ventaja de pesar unos 100 kilos menos.


"Mi corazón es para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el honor." (Carta de Lasalle a su esposa)
"El hombre que más ha vivido no es el que ha contado más años sino el que más ha sentido la vida." (J.-J. Rousseau)
"Todo lo vivido aprovecha, de una u otra forma. Excepto para los fanáticos y los imbéciles." ("Hombres buenos" A. Pérez Reverte)
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE (I)

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MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE (II)

V - LA BALA DE CAÑÓN

1 - Las características

La bala de cañón (en francés : le boulet) es sin duda la munición más usada por la artillería.
Según Napoleón, Es menester que un cañón disponga de 300 disparos en reserva : es lo que se consume en dos batallas. Durante las grandes batallas el consumo es impresionante. En Wagram, en 1809, se puede considerar que se utiliza la artillería de forma intensiva por primera vez ; Napoleón estima a 100.000 los disparos ; más modestamente Marmont habla de 84.000 y Boulart de 96.000. En la batalla del río Moscova (Borodinó) en 1812, se habla de 120.000 a 130.000 disparos. En 1813, en Leipzig, 900 cañones y obuses llegan a disparar 200.000 proyectiles (un promedio de 222 por pieza).

La bala de cañón no se identifica por su calibre sino por su peso y así se habla de balas de 12 libras, lo que significa que el proyectil pesa unos 5,87 kg. Se presenta bajo la forma de una esfera de hierro colado llena que actúa por impacto directo o por rebote. Debe la forma esférica a la necesidad de reducir la resistencia del aire y a la incertidumbre relativa respecto al disparo. En el siglo XV se había renuncia a las balas de piedra y adoptado el hierro colado por ser más fácil y barata la realización. Otra ventaja, la densidad del hierro colado es dos veces y media superior a la de la piedra lo que también le aporta una mayor fuerza de impacto. A principios del siglo XIX las técnicas han evolucionado poco, aunque sí han aumentado las exigencias : el hierro colado debe presentar un color gris para ser de buena calidad, la superficie ser lisa para no desgastar el ánima del cañón, se controla la exactitud el calibre …

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--- Moldes para balas de cañón ---

La técnica del molde es más rápida que la escultura de una bala, pero presenta el inconveniente de que, cuando se abre el molde, el objeto presenta rebabas en la parte por donde ha entrado el metal así como en la juntura de las dos mitades del molde. Si en un primer tiempo se rompen a martillazos para intentar dejar la superficie lo más lisa posible, una segunda operación es imprescindible : se calienta la bala a 1.200 grados, se la lleva a un yunque que ofrece una concavidad correspondiente a un cuarto del diámetro de la bala y a continuación se la martillea con martinete también cóncavo, dándole así más densidad. Para tener en cuenta los efectos de tales procedimientos, se calcula un diámetro un poco superior al deseado.

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--- Calibradores y mesa de calibrar ---

Antes de ser aceptadas, las balas tienen que superar varios controles. Un examen “a simple vista” sirve para examinar el color que ha de ser gris si se trata de un metal de calidad y para buscar los defectos en la superficie : prominencias, huecos, rebabas son motivos para rechazarlas. El sonido que emiten al recibir unos martillazos revela defectos internos en el metal ; si se rompe la bala delata la baja calidad del metal empleado. Cada bala pasa después por la prueba de los calibradores ; el primero corresponde a un diámetro ligeramente inferior al del ánima del cañón : si la bala no puede pasar, se rechaza ; el segundo corresponde al diámetro mínimo aceptable para la bala o sea, el diámetro del ánima del cañón menos el viento (espacio entre la bala y la superficie del ánima del cañón) recomendado : si la bala puede pasar, se rechaza. Hasta la época de Gribeauval el examen del calibre de las balas es poco fiable. Entonces aparece una idea sencilla pero que va a cambiarlo todo radicalmente : hacer rodar la bala por un tubo que tiene una línea (2,25 mm) menos que el calibre del cañón. Si la bala se para, es desechada por demasiado grande. La segunda prueba es hacerla pasar por un calibrador que mide 9 puntos (1,7 mm) menos que el calibre del cañón : se desecha la que puede pasar por demasiado pequeña. Sencillo … pero había que pensarlo. Para terminar, se pesa una de cada veinte balas : si no tiene el peso requerido se rechaza el lote porque es prueba de que en el hierro existen huecos que pueden provocar la rotura de la bala en el momento del disparo, destrozando el ánima del cañón, o afecten la exactitud del disparo al falsear el centro de gravedad del proyectil. La sanción es inapelable : se devuelven las balas desechadas al fabricante, corriendo los gastos por su cuenta, lo que le incita a tener más cuidado en el futuro.

2 - El cartucho

La bala de cañón de campaña viene preparada en un cartucho (en francés : la gargousse) para facilitar la carga del cañón y así acelerar la cadencia de los disparos.

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--- Cartucho con la bala ---

El cartucho se compone de tres elementos : la bala, el salero y la bolsa con la pólvora ; sólo nos queda por hablar de los dos últimos elementos.
El salero es una pieza cilíndrica de madera de tilo, olmo o fresno cuya superficie superior tiene un hueco equivalente a la cuarta parte de la bala para recibirla. La base, redondeada para poder entrar más fácilmente en la bolsa, tiene una ranura a dos pulgadas (5,4 cm) para sujetarla con una cuerda sin que pueda deslizarse.
Se fija el proyectil al salero mediante dos tiras de chapa de unas 4 líneas (9 mm) de ancho dispuestas en cruz y fijadas al salero en sus extremos por dos clavitos. Se aplica este método desde 1772 porque protege el ánima de la pieza : salero y bala forman una especie de cilindro que centra y dirige la bala en su recorrido por dentro del ánima, evitando así que los choques, que se producirían en el caso de una bala suelta, reduzcan la vida de la pieza.
La bolsa contiene la pólvora cuyo peso para un cañón de campaña corresponde, de forma fija, a la tercera parte del peso de la bala. El tejido ha de ser muy apretado para que la pólvora no lo atraviese, sobre todo que esa pólvora fina sería altamente explosiva. Se confecciona con tela de sarga ya que al quemarse ésta no deja carbonilla susceptible de provocar accidentes cuando se introduce la carga siguiente. El extremo abierto de la bolsa se sujeta al salero mediante un cordón doble.
Si el cartucho es regla para las piezas de campaña, a partir de cierto peso de bala, la carga de pólvora viene separada para evitar cartuchos de un peso excesivo que presentarían demasiadas dificultades en el momento de manejarlos, durante el transporte o a la hora de introducirlos en la pieza.

3 - Para qué armas

Básicamente, el proceso de fabricación de las balas es el mismo para todas las piezas que se distribuyen entre :

a - La artillería de campaña

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b - La artillería de plaza y de asedio

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c - La artillería naval

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Una variante de la bala es la “bala roja” que permite incendiar una nave o una ciudad asediada pero poco usada como arma de combate en tierra por necesitar una preparación larga y no carecer de peligro para los sirvientes de la pieza. Además, implica una instalación previa ya que es preciso disponer de un horno a proximidad de la pieza para calentar la bala hasta que esté al rojo, operación que supone 20 minutos para calentar una bala de 8, 24 minutos para una bala de 12 y hasta 50 minutos para una bala de 36. Se introduce la pólvora en la recámara y se la cubre, si es en tierra, con un tapón de hierba o, si es en el mar, con un tapón de algas para separar la pólvora de la bala que la haría explotar si entraran en contacto directo. Se introduce la bala en el cañón con unas como cucharas de hierro lo más rápidamente posible.

En los combates navales, cuando dos buques se enfrentan a poca distancia, para destruir los aparejos y palos de los buques enemigos se utilizan la bala de palanqueta y la bala enramada.

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---Bala de palanqueta y Bala enramada ---

La bala de palanqueta se compone de dos balas unidas por una barra de hierro. Existen dos variantes, la francesa que presenta dos medias balas unidas mediante una barra de hierro y la española formada por dos balas unidas por una barra de hierro.
La bala enramada o encadenada se distingue de la palanqueta en que son balas unidas por una cadena que puede medir hasta 3 metros.
Los dos proyectiles son sobre todo armas antimaterial para destruir mástiles, velas, etc. En ambos casos, al salir del cañón, el proyectil revolotea en el aire y cuando existe una cadena ésta se despliega. No obstante, el revoloteo hace que estos proyectiles sean menos precisos, por lo que se emplean a corta distancia. No se suelen usar en tierra, donde se obtiene un efecto similar con el bote de metralla, a pesar de que el cañón de 12 lo permita.

4 - Los efectos

Los cañones aparecen como un material fiable si se considera su duración que, según los calibres, puede ser el equivalente de tres campañas con unos 800 a 1000 disparos. En 1786 se demuestra que una pieza de 4 ha llegado a disparar 3000 veces.
Los principales inconvenientes son los inherentes a la pólvora negra como ya queda dicho : el ánima se ensucia rápidamente y, peor aún, la humedad impide cualquier disparo.
El alcance máximo según las piezas es de 2,6 km para las mayores, reduciéndose a apenas más de 1,2 km para las de menor calibre pero que tienen a su favor un peso menos elevado y, por lo tanto, son más maniobrables. En realidad, el alcance eficaz, es decir mortal, es bastante menor : entre 800 m y 1,8 km con un tiro “de punto en blanco” es decir directo, casi horizontal ; se puede aumentar la distancia con tiros “a rebote” … si el terreno lo permite.
El proyectil es peligroso sobre todo para los infantes y los soldados de caballería que se encuentran en el eje de tiro y si la precisión en sí deja que desear, es con todo eficaz por oponerse a tropas que maniobran presentando una masa compacta. Según autores de la época, una bala de 8 disparada en condiciones normales puede derribar una hilera de 42 soldados a 100 m y de 16 a 800 m ; si es una bala de 12, puede abatir una hilera de 50 soldados a 100 m y de 23 a 800 m ; cuando se trata de caballos, hay que dividir estas cifras por dos. Si consideramos la eficacia del tiro rasante, el que nunca excede en elevación una altura de 1,80 m, a 600 m una tropa que está atacando pierde 15 hombres por minuto ; a 800 m las pérdidas son de 8 hombres y a 1000 m de 3. El inconveniente de este método es que, recorrida la distancia horizontal prevista, el proyectil cae al suelo donde se hunde sin hacer más daño.
El rebote se obtiene con ángulos de 3 grados. Con este método, una bala puede recorrer hasta 5 veces la distancia del tiro eficaz, o sea puede alcanzar un blanco a 1800 m. Al efecto del “rebote puro” hay que añadir que la bala sigue rodando, conservando una peligrosidad importante. En terreno favorable, si una tropa ataca en línea, un rebote se lleva un promedio de 18 hombres entre 1200 y 1500 m y 132 hombres entre 50 y 600 m.
Aunque es una posibilidad, raramente se emplea la bala de cañón “de punto en blanco” contra un obstáculo, a no ser que sea de poca importancia.

No faltan testimonios sobre la eficacia de la bala de cañón. En A la conquista de Europa. Recuerdos de un soldado de la Revolución y del Imperio, el capitán Gervais escribe :
En la esquina de un campo cultivado donde se cruzaban dos caminos, una bala enemiga había cogido por el flanco una sección de granaderos del 88 regimiento de infantería de línea, alcanzando a diez hombres, sin duda bien alineados, todos caídos sobre el flanco derecho, sin que ninguno de ellos hubiera hecho el menor movimiento, sin que aquello hubiera afectado en nada su alineación. La bala les había dado a todos entre la cadera y la axila.
El mismo autor, recordando Austerlitz, relata :
Andábamos dispuestos en orden de batalla por un atajo delimitado por cunetas. Una bala vino a dar en la orilla de la cuneta que se encontraba a algunos pasos más adelante de nosotros. La bala rebotó y pasó por encima de nuestras cabezas. Había dado tan violentamente en la tierra que nos tiró a la cara infinidad de piedrecillas, por las que los nueve hombres que formaban la guardia de la bandera fueron más o menos heridos.
El abanderado tenía la frente mutilada. La sangre le corría por los ojos hasta tal punto que le impedía ver claro ; otro tenía la nariz comprometida ; la placa de mi chacó había sido rota sin que hubiera sentido más que una molestia que duró un par de minutos
.
Para hacernos una idea de lo que era el efecto moral de la llegada de las balas, recurriremos a los Recuerdos del memorialista Martin :
Así pues la música de la bala no es muy variada, sólo existen dos sonidos. Cuando llegan estos proyectiles de punto en blanco, permanecen invisibles y no revelan su paso sino por un soplo breve, que hace sentir frío. Cuando rebotan, dicho de otra manera, cuando después de tocar tierra se levantan por saltos sucesivos, se les ve en el aire como otros tantos puntos negros, y dejan oír una especie de gemido, un sonido quejoso, que las palabras no sabrían describir. Se produce entonces una ilusión de óptica singular : cada uno de estos puntos negros parece venirle a uno en plena cara. De allí, todas esas cabezas que se bajan o se inclinan para evitar el golpe.

5 - La precisión

Como ya queda dicho para el fusil, la falta de precisión depende en buena parte de los inconvenientes de la pólvora negra : el ánima se ensucia rápidamente lo que perturba el recorrido ideal por el ánima durante el disparo, pero este inconveniente se ve corregido en parte por el uso del escobillón después de cada disparo.
Otro obstáculo a la precisión es el humo producido por la combustión de la pólvora negra y del humo en general. Puede ser tal su espesor que no se pueda apuntar con eficacia ya que la visibilidad no excede los 100 metros, el colmo para armas que pueden disparar a una distancia de 2,6 km.
Si el rebote permite aumentar el alcance, tiene varios inconvenientes. El primero es que, a partir del primer rebote ya no se puede controlar la trayectoria. El segundo es que el terreno condiciona el rebote : la eficacia depende de si se trata de un suelo seco o mojado, duro o blando. Los suelos favorables son las praderas, los pastos, los brezales, los campos labrados, la arena ; han de ser compactos, relativamente planos o poco inclinados. Los desfavorables son los pantanos, los terrenos cortados por zanjas, las montañas, los caminos hondos, los ríos, los diques y, para resumir, los terrenos que presentan relieves u hondonadas de cierta importancia.
Idealmente, la trayectoria de una bala tendría que seguir un eje que prolongaría el del ánima. En realidad, la bala, aun con el salero, no se ajusta exactamente a ésta por el “viento”, espacio dejado entre la bala y el ánima. En el momento del disparo, el proyectil se inclina ligeramente a un lado u otro lo que hace que, a partir de la boca, la zona cubierta no es un cilindro sino un cono ; este fenómeno se conoce como la dispersión. Limitándonos al plano horizontal, a 300 m la dispersión corresponde a un “abanico” de 10 m, a 500 m es de 12 m y a 1000 m es de 30 m. Si tenemos en cuenta que las tropas atacaban en masas compactas esta falta de precisión pierde mucho de su importancia y la bala siempre se llevará su cuota de víctimas.

6 - El transporte

Como para los cartuchos de fusil, el punto sensible es la humedad, ya evocado, pero a ésta se suma el riesgo del polvorín, pólvora muy fina que emana de los cartuchos. Su dispersión por los cajones puede en cualquier momento provocar una explosión debida a una imprudencia, al choque de piezas metálicas o a su compresión alrededor del eje del avantrén, sin hablar de un tiro acertado del enemigo.

a - El cofre de cureña

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--- El cofre de cureña y el pozal ---

El cofre de cureña no se emplea más que para las piezas de la artillería de campaña ; corresponde a la necesidad de que puedan entrar en acción apenas llegar a su puesto de combate. El calibre determina el número de disparos ya que el cofre es el mismo para todas las piezas : son 18 disparos para un cañón de 4 libras, 15 para uno de 8 y 9 para uno de 12, cantidad que, en este último caso, se puede juzgar insuficiente.

b - El cajón de municiones

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--- Repartición de las municiones en el cajón ---

El verdadero transporte se realiza mediante el cajón de artillería descrito más arriba, configurado para los cartuchos de cañón y como no existe sino un solo modelo de cajón, la organización de los diferentes departamentos se adapta a los cartuchos que tiene que transportar.

En el cajón “de 12” (arriba), del quinto al decimosexto compartimento [C] se transportan los cartuchos de bala verticalmente con la bala hacia abajo para evitar que aplaste la bolsa de pólvora bajo su peso. El cargamento total es de 48 cartuchos de bala.
En el caso del cañón “de 8” los cartuchos se disponen por grupos de 6 paralelos al eje del cajón. Los dos compartimentos centrales [F] guardan cada uno 6 cartuchos de bala sobre 4 rangos ; a los que hay que añadir los dos laterales del último compartimento [F] de 6 cartuchos de bala cada uno. Se llega a un total de 62 cartuchos de bala.
El cajón “de 4” tiene la misma organización que el “de 8” pero con 5 subdivisiones en vez de 4. En las partes exteriores del segundo compartimento [T] están 6 cartuchos de bala. El tercero se compone de cinco subdivisiones [P], conteniendo, menos la central [S], 8 cartuchos de bala cada una. La cuarta recibe cinco filas [P] de 8 cartuchos de bala. La última ofrece 8 cartuchos de bala en los dos compartimentos exteriores [P]. El total se eleva a 100 cartuchos de bala.

El número de cajones se adapta también al tipo de pieza que tiene que alimentar, tendiendo a aproximarse a los 200 disparos. Dos cajones acompañan una pieza de 4 libras, sumando así 200 cartuchos de bala. Una pieza de 8 libras es seguida por 3 cajones que representan una reserva de 186. Tratándose de una pieza de 12 libras, 5 cajones están dispuestos para suministrarle 240 cartuchos de bala.

VI - LA METRALLA

A las balas, para distancias de unos 700 m (400 toesas) o inferiores, se prefieren los botes de metralla con balas gruesas pero se habla de un 20% de balas que llegan a 800 y hasta 900 m.


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--- Balas de metralla ---

1 - Las características

El “bote de metralla” al que se suele llamar “la metralla” (en francés : la mitraille) aparece como el arma de fuego más mortífera en el campo de batalla. Actúa dispersando las balas que contiene pero su eficacia es limitada por la distancia a 300-360 m.
Se compone de un cilindro de chapa, provisto de un fondo de hierro y lleno de balas de hierro que el artillero introduce en el cañón. Cada pieza dispone dos modelos de bote : uno de balas gruesas y otro de balas pequeñas. Para una pieza de 12 libras, las balas gruesas tienen un diámetro de 1 pulgada 5 líneas (unos 38 mm), su peso oscila entre 226 y 238 g ; las pequeñas miden una pulgada (unos 27 mm) y pesan alrededor de 100 g.
El bote se presenta como lo que trivialmente llamaríamos hoy una “lata de conserva” de paredes lisas cuyo diámetro corresponde al de la pieza a que va destinado. En los “botes grandes”, las balas se disponen a razón de 7 por la superficie del fondo, ocupando 6 la periferia y una el centro, todas en contacto unas con otras, siendo que las balas tienen un diámetro de un tercio del calibre. A continuación, se sigue llenando el bote aplicando el mismo método hasta llenarlo. Para los “botes pequeños”, se disponen 10 balas en la circunferencia y 4 en el centro. Según el tipo de balas, la altura puede variar. Para un cañón “de 12” mide 223 mm para 42 balas gruesas y 203 mm para 95 pequeñas ; para uno “de 8” son 183 mm para 42 balas gruesas y 180 mm para 105 pequeñas ; para uno “de 4” son 151 mm para 42 balas gruesas y 176 mm para 65 pequeñas. Para el obús de 6 pulgadas el bote mide 199 mm y el de 8 pulgadas 183 mm para 84 balas gruesas en ambos casos.

2 - El cartucho

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--- Cartucho de metralla ---

Los botes de balas suelen pesar una vez y media lo que la bala de cañón del mismo calibre, así pues, en el caso de un cañón de 12 libras, el bote pesa 18 libras (9 kg) ; para aumentar la fuerza del disparo hay que añadir un cuarto de libra a la carga de pólvora, con lo cual el peso de la carga inicial de 4 libras pasa a 4,25 (2,12 kg). Dadas estas circunstancias y considerando que el peso total podría romper la bolsa de pólvora, el bote y el cartucho de pólvora vienen separados, lo que no será el caso del bote destinado al cañón de 4 libras puesto que el bote pesa 6 libras y con la carga de pólvora suma un total de 11 libras (unos 5,5 kg).
Básicamente el bote de metralla funciona como uno de los actuales cartuchos de postas : en el momento del disparo la pólvora se inflama, provocando una combustión cuyos gases propulsan el bote hacia la boca del cañón. A la salida del tubo, bajo el impulso del fondo y como la caja no es mantenida por el ánima, las balas tienden a dispersarse, rompen el bote de chapa y salen arrojadas con violencia en forma de cono, causando enormes pérdidas en los rangos adversos compactos, tanto por impacto directo como por rebote.
En el caso de los botes destinados a los obuses, se añade un salero de forma semiesférica para que el fondo del bote se adapte a la del fondo del tubo.

3 - Para qué armas

El cartucho de metralla se emplea en la artillería con cañones y obuses. Se prevé una reserva de 200 botes para una batalla.
El bote para cañón “de 12” pesa entre 19 y 22 libras (9,5 kg a 11 kg) ; contiene 42 balas gruesas o 95 pequeñas. Para una pieza “de 8” pesa 14 libras (unos 7 kg) y encierra 30 gruesas o 60 pequeñas. Para una pieza de 4 libras son 8 libras (unos 4 kg) con botes que contienen 42 balas gruesas o 63 pequeñas. En el caso del obús, cada carga dispone de 84 balas gruesas.

4 - Los efectos

Se usan las balas gruesas para distancias importantes por la fuerza de inercia que adquieren en el momento del disparo y se pasa a las balas pequeñas cuando el enemigo se acerca, basándose en que, a corta distancia, cuantas más balas más dispersión y más eficacia.
Para los cañones de 12 y 8 libras, se considera que 7 a 11 balas dan en un blanco a 700-800 m y 25 a 40 balas a una distancia de 400 a 600 m. En el caso de los de 8 libras, 8 a 11 balas dan en un blanco a 700-800 m y 25 a 40 balas a una distancia de 400 a 600 m. Respecto al calibre de 4, son 18 balas las que aciertan a 700-800 m y 21 a una distancia de 400 a 600 m. Si comparamos estos resultados con la capacidad de un bote, podemos llegar a la conclusión de que se perdían muchas balas en el disparo.
Pruebas realizadas disparando con un cañón de 12 demuestran que a 580 m, 5 balas de 50 g, o 9 de 80 g o 12 de 215 g atraviesan una tabla de pino de 2,7 cm de espesor ; la misma prueba realizada con un cañón de 8 a 390 m indica 1 bala de 27 g o 2 de 50 g, evidenciando que la eficacia depende del peso de las balas de metralla.
Si hay que comparar la eficacia de metralla y bala de cañón, diremos que la bala es eficaz en profundidad, contra tropas que avanzan en columna o dispuestas en cuadrado, mientras que la metralla lo es en anchura, contra tropas que avanzan en línea. Lo que gana la bala en profundidad lo pierde en anchura y viceversa cuando hablamos de la metralla. Habiendo adoptado los ingleses una disposición sobre dos rangos, una bala no les causa muchas bajas. En cambio, cuando los soldados adoptan una formación en columna o en cuadrado, la eficacia no se puede poner en duda : la bala atraviesa toda la formación arrasándolo todo a su paso. Se llegó a ver 25 hombres fuera de combate con una sola bala. Aparte de su uso contra tropas en línea, también se emplea la metralla contra tropas resguardadas en un bosque por su efecto de dispersión y rebote.
Todo el arte de un oficial de artillería es saber cuándo tiene que pasar de la bala al bote de metralla y cuándo es preferible que ceda el paso a la infantería. Recordemos que la bala de cañón es eficaz entre 800 m y 1800 m ; la metralla tiene su eficacia real mientras su “abanico” es realmente amplio, es decir a distancia entre 400 y 700 m y su ancho equivale a un 10% de la distancia ; el fusil adquiere toda su potencia a distancias inferiores a los 250 m.
A veces los artilleros asocian bote de metralla y bala, introduciendo primero la bala y después el bote para producir efectos aún más devastadores ya que la nube de balas diezma el primer rango y el obús actúa en profundidad hasta el último rango. Es de notar que esta técnica no se utiliza frecuentemente por ser perjudicial para el cañón porque aumenta presión y calor en el ánima.
Es inútil precisar que la metralla es totalmente ineficaz contra las murallas, aunque se recurre a sus servicios en enfrentamientos entre naves, esencialmente para “barrer” las cubiertas.

5 - La precisión

En el caso de la metralla no se busca la precisión. En una línea normal un hombre ocupa entre 50 y 60 cm de ancho ; cálculos de la época estiman que la dispersión horizontal equivale a un 10% de la distancia ; esto viene a decir que, en teoría, a 500 m el “abanico” es de 50 m de ancho, o sea que alcanza a unos 100 hombres. Con balas pequeñas, se ha calculado que la eficacia es de un 36% a 400 m, 33% a 500 m y 18% a 600 m ; con balas gruesas la eficacia es de un 35% a 600 m, 27% a 700 m y 19% a 900 m. Concretamente se considera que 7 a 11 balas dan en el blanco a una distancia de 700 a 800 m y 21 balas a una distancia entre 400 y 600 m. A distancias inferiores a 450 m la mayor parte de los proyectiles alcanzan el blanco en un “abanico” de 50 m. Hay que añadir a estos cálculos que las balas que tocan el suelo pueden rebotar. Cuanto más pesadas las balas, más se concentran respecto al eje del tubo de allí que, a muy corta distancia, la metralla pierda eficacia por no dispersarse suficientemente pero, a la inversa, se considera que entre 600 y 800 m no hay impactos a 30 m del eje del disparo.
Siendo el uso del bote de metralla realmente eficaz a corta distancia únicamente, los riesgos de perder el cañón en un cuerpo a cuerpo son elevados si se considera que en todos los ejércitos de la época el paso de carga corresponde a unos 80 a 90 metros por minuto, lo que deja aproximadamente 4 minutos después del primer disparo sobre un blanco a 400 metros para volver a disparar cuantas veces se pueda (en el caso del cañón de 12 se puede disparar más de 2 veces por minuto) y si se trata de una carga de caballería el plazo se reduce a un minuto. Frente a la caballería, no queda más remedio a los artilleros que beneficiarse del apoyo de la infantería para defender la pieza o refugiarse en el cuadrado de infantería más cercano hasta que haya sido rechazado el ataque.

6 - El transporte

Como para las balas de cañón, los botes de metralla se transportan en cajones de municiones aunque en cantidad inferior al número de las balas.

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--- Repartición de las municiones en el cajón ---

En el cajón “de 12” (arriba en el grabado), el segundo compartimento [D] recibe cuatro cartuchos de metralla pequeña y dos bolsos de pólvora. En el tercero se conservan cuatro cartuchos de metralla gruesa (aunque según qué autores se habla de metralla pequeña) y dos bolsos de pólvora. En el cuarto están seis bolsos de pólvora, cuatro verticalmente y dos horizontalmente sobre los primeros. En el cuarto empezando por la derecha están seis bolsos de pólvora, cuatro verticalmente y dos horizontalmente sobre los primeros. Y en los tres últimos [A] a la derecha hay 4 cartuchos de metralla gruesa y 2 bolsos de pólvora. El cargamento total se reparte entre 12 cartuchos de metralla gruesa, 8 de metralla pequeña y 22 bolsos de pólvora.
En el caso del cajón “de 8” los cartuchos se disponen por grupos de 6 paralelos al eje del cajón. El compartimento siguiente se divide en 4 partes : en las laterales [M] están 10 cartuchos de metralla pequeña, en los centrales [N] 10 bolsos de pólvora. En la parte trasera, encontramos en una de las secciones centrales (la segunda a partir de arriba) 10 cartuchos de metralla gruesa [G] y 2 bolsos de pólvora [H] ; la otra se subdivide en dos partes, una que recibe 2 cartuchos de bala y la otra 8 [K]. Se llega a un total de 10 cartuchos de metralla gruesa, 20 de metralla pequeña y 28 bolsos de pólvora.
El cajón “de 4” tiene la misma organización que el “de 8” pero con 5 subdivisiones en vez de 4. El segundo recibe en las tres partes interiores [V] 6 cartuchos de metralla gruesa. El tercero se compone de cinco subdivisiones, conteniendo la central [S] 8 cartuchos de metralla gruesa. La última ofrece 8 cartuchos de metralla pequeña en cada uno de los tres compartimentos interiores [Q]. El total se eleva a 26 cartuchos de metralla gruesa y 24 de metralla pequeña.
Los dos cajones que acompañan una pieza de 4 libras llevan así 52 cartuchos de metralla gruesa y 48 de metralla pequeña. Tres cajones siguen una pieza de 8 libras, sumando 20 cartuchos de balas gruesas, 40 de balas pequeñas y 56 bolsos de pólvora. Tratándose de una pieza de 12 libras, 5 cajones están dispuestos para suministrarle 60 cartuchos de metralla gruesa, 40 de metralla pequeña y 110 bolsos de pólvora.
Los tres cajones para obuses de 6 pulgadas transportan cada uno 3 botes de 60 balas gruesas. La dotación es la misma para los obuses de 8 pulgadas.
"Mi corazón es para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el honor." (Carta de Lasalle a su esposa)
"El hombre que más ha vivido no es el que ha contado más años sino el que más ha sentido la vida." (J.-J. Rousseau)
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lasalle »

MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE (III)

VII - EL OBÚS

1 - Las características


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--- Obús ---

El obús (en francés : l’obus) es una esfera de hierro colado hueca, llena de pólvora, con un agujero por donde pasa una espoleta que enciende la carga. El espesor del casco es de 25 mm. Si para los cañones se indica el calibre en libras que corresponden al peso de la bala, para los obuses se expresa en pulgadas. El obús de 6 pulgadas (164 mm) pesa 33 libras, es decir unos 16,5 kg y se dispara mediante una carga de 1,8 kg de pólvora. En el caso del de 8 pulgadas (220 mm) pesa 44 libras (22 kg) y necesita una carga de 2 kg de pólvora. En la superficie se abre un agujero llamado “ojo” donde se introduce la espoleta que, con un efecto retardado que depende del largo de la mecha, comunica el fuego a la pólvora haciendo explotar la esfera en cascos que se esparcen hasta una distancia de 20 m del punto de impacto.


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--- Moldes para obús ---

El obús se funde en un molde que se compone de dos mitades. La que se sitúa abajo recibe un eje que corresponde al ojo del obús, la de arriba tiene los canales que servirán para verter el metal en fusión. En un primer tiempo se centra en cada mitad una media esfera que corresponde al diámetro de la parte externa del obús y sirve para llenar el molde con arena apisonada. A continuación, se retira la media esfera, se centra una esfera de barro cocido soportada por el eje y se coloca la parte superior del molde. Cuando se ha enfriado el metal, se separan las dos partes del molde, se extrae el eje que rompe la esfera de barro cocido cuyos cascos se retiran por el ojo del obús. Una vez limpio de toda arena tanto interior como exteriormente, se quitan las rebabas con un cortafrío ya que no se puede martillear por ser demasiado frágil. Las operaciones de control son muy parecidas a las que se aplican a la bala de cañón pero con más cuidado todavía porque hay que asegurarse de que se han respetado escrupulosamente las medidas relativas al ojo así como al espesor de la parte opuesta al ojo pues corresponde a la parte que estará en contacto con la carga de pólvora en el momento de disparar la pieza.

La espoleta del obús de 6 se presenta como un cono truncado de madera seca (tilo, sauce o fresno) sin nudo ni hendidura. Atravesada por un canal, mide unos 15 cm de largo, 34 mm en la parte más ancha y 22 mm en la más estrecha ; se parece a un embudo para facilitar la introducción posterior de la mezcla deflagradora.
Para terminar el obús, se le llena con 12 onzas (367 g) de pólvora, se introduce la espoleta en el ojo dejando que sobrepasen unos 23 mm.
La mezcla de la espoleta se compone de 7 partes de pólvora muy fina, 4 de salitre y 3 de azufre. Se puede obtener una explosión retardada de 30 a 40 segundos interviniendo en las proporciones : cuanta más pólvora más corto el tiempo, cuanto más salitre más largo.

2 - El cartucho

De hecho, el obús no va montado en un cartucho : la carga de pólvora y el obús vienen separados por ser muy diferente el sistema del de la bala de cañón.


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--- Obús cargado (sección) ---

Como el proyectil es esférico, el fondo del tubo adopta también esta forma para que se centre bien. Teniendo en cuenta que el espesor del metal es reducido y podría quebrarse cuando la explosión de la carga, se ha tenido que fijar su valor a una cantidad inferior a la del cañón y por lo tanto una cámara de menos diámetro que el ánima. Así pues, la pólvora se ve reducida a una séptima parte del peso del obús, o sea 2,37 kg para un obús de 6 y 3,14 kg para un obús de 8.
Es imperativo centrar tanto la carga como el obús : para conseguirlo es necesario cargar el obús manualmente y por ello, por construcción, el tubo es más corto que el de un cañón normal. Un artillero, protegidos los brazos por mangas de tela, introduce primero la carga de pólvora hasta el fondo de la recámara ; a continuación, sujetando el obús por la espoleta, lo guía para que la parte opuesta a ésta, más espesa, se ajuste al fondo del ánima y dispone 4 cuñitas alrededor del obús para que la espoleta quede orientada hacia la boca, evitando de esta forma que se rompa o, peor, que se hunda en el obús provocando la explosión prematuramente. El encendido de la mecha se hace en el momento del disparo por las llamas que invaden el tubo.
El obús puede ser empleado también para incendiar almacenes o cuarteles si los artificieros incluyen productos incendiarios. Mediante un atacador previsto para este fin ya que el ánima era más larga que la de un obús, se puede emplear un cañón de costa de 36 para disparar contra navíos.

3 - Para qué armas

El obús (en francés : l’obus) es disparado por un obús (en francés : l’obusier) del que existen dos modelos : el de “6 pulgadas” (en realidad 6 pulgadas 1 línea 6 puntos = 165 mm) destinado a la batalla campal y el de “8 pulgadas” (8 pulgadas 3 líneas = 223 mm) reservado para el asedio.
A partir de 1807 existe un obús “de 24” cuyo nombre puede engañar ; en realidad se trata de un obús de 5 pulgadas 6 líneas 2 puntos (149 mm) que recibe este nombre porque su calibre es el mismo que el del cañón de 24 libras. ¿ Por qué introducir este cambio mínimo (6 líneas 2 punto = 13,9 mm)? El mismo Napoleón explicará en Santa Helena El obús de 6 pulgadas es demasiado dispendioso : consume tanto como un cañón de 24. Se le sustituyó con razón el obús de 5 pulgadas 6 líneas : esta ligera diferencia de 6 líneas le da una gran ventaja. El cajón contiene 75 obuses, mientras que el de 6 pulgadas contiene sólo 50, y, suponiendo que el obús de 5 pulgadas 6 líneas sea inferior al de 6 pulgadas, la cuestión se reduce a saber si se preferiría tener en una batería un obús de 6 pulgadas o dos de 5 pulgadas 6 líneas ; pero el obús de 5 pulgadas 6 líneas es en sí preferible al de 6 pulgadas. El Emperador resume el problema de la época : sacar el mejor partido de los calibres ahorrando en la cantidad de pólvora como en el número de cajones. Al pesar el obús “de 24” un 30% menos que el de 6 pulgadas, era posible transportar un 30% más de obuses y así ahorrar un 30% de los cajones en las baterías.

4 - Los efectos

Este proyectil es disparado por un obús de 6 pulgadas a una distancia máxima de 1200 m y eficaz de 750 m. Tratándose de un obús de 8 pulgadas, estas distancias alcanzan respectivamente 1430 m y 900 m.
Los cascos despedidos por la explosión son peligrosos en un rayo de 20 m y tienen el mismo efecto que la metralla. El único remedio frente a este artefacto es echarse al suelo ya que los cascos se esparcen verticalmente ; huelga decir que, si la infantería puede aplicar con relativa facilidad esta protección, las tropas a caballo se ven mucho más expuestas.
Son muy discutidos los efectos de los obuses ; para tropas fogueadas “no eran más que una molestia”, para los bisoños “son motivo de temor” ; en la caballería tienen un verdadero efecto, no sólo porque los jinetes tienen pocas facilidades para protegerse sino porque las explosiones espantan los caballos que se vuelven incontrolables en ciertos casos.
En campaña, no se duda en dispararlo como si se tratara de una bala de cañón porque el disparo “en campana” presenta el inconveniente de que el obús pueda hundirse en el suelo, reduciendo así su efecto. El método “de punto en blanco” ofrece una acción doble : primero actúa, como una bala, por impacto contra las tropas ; después, al explotar en medio de ellas, cumple con su función original. Es también posible disparar “a rebote” como con las balas de cañón a la condición de que el alza se sitúe entre 6 y 15 grados a lo sumo. Con un ángulo de 6 grados, el primer rebote se verifica a unos 200 m y el último a unos 300 m. La táctica “a rebote” también se puede utilizar desde una plaza para disparar contra las trincheras por ser un método “económico y que causa muchos más destrozos que el cañón, siendo el efecto más considerable” (Carnot).
En el campo marítimo, algunos experimentos llegaron a demostrar que, disparando “de punto en blanco” contra un navío de 80 cañones, un obús podía clavarse en la madera y explotar a continuación causando daños superiores a los ocasionados por un cañón.

5 - La precisión

Cuando se habla del obús, “precisión” no es el término más adecuado ; se tendría que hablar de eficacia. El objetivo no es tanto disparar “de punto en blanco” para alcanzar tropas directamente como, por ejemplo, con la bala o la metralla (aunque es siempre una posibilidad como acabamos de ver). El propósito es alcanzar, mediante un disparo en curva, tropas que se protegen detrás de un muro o un relieve, lo que no se podría conseguir con armas concebidas para un tiro con poca alza. Es de comparar el alza de un cañón de 12 que va desde 3 grados por debajo de la horizontal hasta 13 a 15 grados por encima de la horizontal (-3° a + 15°) con la del obús que es de 30 grados, y hasta 45 grados si se quita la rosca de puntería, siendo así posible, en teoría, lanzar un obús a distancias de 1200 toesas (2400 m).
Establecido lo que precede, se entiende que se dispara, por decirlo así, “a ciegas” cuando el enemigo se esconde detrás de un obstáculo y, hasta viendo al enemigo, es más difícil controlar la precisión de un disparo que sigue une curva ascendente para después caer sobre la tropa opuesta.
No repetiremos los inconvenientes de la pólvora negra que tampoco hacen excepción para los obuses, pero son de señalar dos inconvenientes inherentes a esta arma. La precisión de la espoleta no es totalmente fiable en cuanto a la duración de la mecha ; depende mucho del artificiero y de su experiencia. Por otra parte, cuando el obús termina su trayectoria, aún pueden quedar varios segundos antes que se produzca la explosión ; algunos aprovechan este plazo para repelerlo con el pie o cortar o arrancar la espoleta. Y no hablemos de los que no explotan …

6 - El transporte


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--- Transporte de los obuses ---

El único medio de transporte para el obús es el cajón de municiones en el que cada compartimento recibe una primera capa de 3 obuses de ancho por 4 de largo y una segunda de 2 de ancho por 3 de largo que descansa sobre la primera, ajustándose los de la capa superior a los huecos que quedan entre los de la capa inferior. El total, por cajón, llega a 49 obuses más 3 botes de balas gruesas. Separadas de los obuses están previstas 52 bolsas de pólvora ya que, como queda dicho más arriba, no existen cartuchos para los obuses. Como 3 cajones acompañan cada pieza, cada una dispone de 147 obuses y 9 botes de balas gruesas.


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--- Disposición de los obuses de 6 pulgadas y “de 24” ---

Tratándose del obús “de 24”, que presenta un diámetro ligeramente inferior al de 6 pulgadas, es posible disponer los obuses en 2 capas, unos encima de otros en cada compartimento. Como permite apreciar el grabado, cada capa ofrece 36 obuses, llegando con las dos capas a un total de 72. En el centro están las bolsas de pólvora dispuestas en dos capas verticales de 5 x 6 separadas por una capa de 2 x 6 dispuestas horizontalmente, sumando así 72 bolsas. Siendo acompañado el obús “de 24” por 3 cajones, dispone en total de 216 obuses a los que hay que añadir 9 botes de metralla (3 por cajón).

VIII - LA BOMBA


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--- Bomba de mortero de 8 pulgadas ---

1 - Las características

La bomba (en francés : la bombe) es, como el obús, una esfera de hierro colado hueca, llena de pólvora, con un agujero, el “ojo”, donde se coloca una espoleta que enciende la carga. Para facilitar el manejo por los artilleros, ofrece “asas” a ambos lados del ojo. Las más usadas existen en diferentes calibres de 8, 12 y 18 pulgadas de diámetro (216, 324 y 486 mm respectivamente) por un peso comprendido entre 125 a 250 kg.
El proceso de fabricación es el mismo que el del obús.

2 - El cartucho

Como para el obús, no existe cartucho para la bomba debido al peso que representaría el conjunto del proyectil asociado a la carga de pólvora necesaria para dispararlo.

3 - Para qué armas


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--- Mortero de 10 pulgadas ---

Utilizada únicamente durante asedios, la bomba se lanza con un mortero con el fin de incendiar o destruir almacenes, edificios y diezmar tropas. El mortero es un cañón corto cuyo tubo se orienta casi a la vertical, montado sobre un afuste, puesto que una cureña normal no resistiría el retroceso de la pieza. El ánima es ancha y poco profunda para cargar las bombas a mano, siguiendo el mismo procedimiento que para el obús, orientando la espoleta hacia la boca y manteniendo la bomba con cuñitas. El encendido de la mecha se hace efectivo en el momento del disparo por las llamas que invaden el tubo. Los morteros de 8 y 12 pulgadas tienen un alcance de 1300 m ; el de 10 pulgadas con sus 780 kg envía bombas de 50 kg a 2200 m, el de 12 de bronce puede disparar hasta a 3600 m.


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--- El bombardeo de Dantzig en 1807 ---

4 - Los efectos

Por su capacidad en pólvora, la bomba puede incendiar o destruir los edificios con su explosión. A los daños materiales hay que añadir el efecto psicológico, más especialmente entre la población civil de las ciudades asediadas. Pero, en De la défense des places fortes, Carnot nos explica que, para protegerse :
Se suple a los subterráneos con los sótanos de los particulares, cubriendo las bóvedas con una gran cantidad de fajinas entrecruzadas, y estiércol o tierra. La regla recién establecida por el gobierno de obligar a todos los particulares a que edifiquen o aboveden sus sótanos a prueba de bombas producirá necesariamente excelentes efectos con el tiempo.

5 - La precisión

La eficacia (relativa) de la bomba depende de varios parámetros que supone su trayectoria parabólica. Dos de ellos son humanos : el bombardero, a quien corresponde calcular la trayectoria que recorrerá la bomba y el tiempo que pondrá en llegar al blanco, y el artificiero, a quien incumbe la responsabilidad de calcular el tiempo de demora de la espoleta. Los dos otros son materiales : según la pureza de la pólvora contenida en la espoleta el tiempo que precede la explosión puede ser variable, y no se descarta que la bomba no explote si la pólvora es de mala calidad o simplemente húmeda ; el otro es el suelo que recibe la bomba : cuanto más se hunda en el suelo menos serán los efectos. Como en el caso del obús, no siempre será evidente acertar exactamente en el blanco.

6 - El transporte

Dado su peso y volumen, las bombas se transportan en carros llamados “carro de balas” y se depositan al lado del mortero. Esta situación presenta pocos inconvenientes puesto que se suele implantar las baterías a cierta distancia de la línea de frente, por lo que se ven poco expuestas a los ataques del enemigo.


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--- Carro llamado “de balas” ---

IX - OTRAS ARMAS

Algunas armas pertenecen a categorías distintas de las vistas hasta ahora por usar municiones menos estandarizadas o ser pocos usuales en aquella época. Unas son poco extendidas, otras a pesar de existir desde hace cierto tiempo ya no gozan del favor militar, otras por fin son recientes y casi se podría decir experimentales por lo que no tienen mucha difusión. La mina, por fin, aunque se emplea desde tiempo y se sigue empleando, nos ha parecido una munición “aparte” por su uso especifico.

1 - El trabuco


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--- Trabuco de mameluco de la Guardia Imperial ---

Aunque forma parte del armamento de los mamelucos, el trabuco no es arma reglamentaria y aparece como anecdótica ya que se estima a 73 ejemplares los fabricados durante el Imperio. Como todas las armas de la época se carga por la boca. El trabuco es típicamente muy corto, con un cañón de una longitud inferior a 60 cm, en una época en que el cañón de un fusil mide más de 90 cm. El cañón de un calibre de 6 líneas 5 puntos (14,5 mm) es de bronce o acero con una boca acampanada característica cuyo fin no es incrementar la dispersión de los perdigones sino facilitar la carga del arma. Es corriente que en varios relatos de ficción se mencione que el trabuco se carga con chatarra menuda o grava (y no hablemos de lo que aparece en los disparos de los dibujos humorísticos), la realidad es diferente puesto que este proceder dañaría el cañón del arma ; lo cierto es que se puede cargar con una sola bala de plomo (recuérdese que el diámetro de la bala de fusil es de 16 mm), pero los mamelucos lo utilizan con más de un proyectil, es decir, con balas de menor tamaño también llamadas postas. En cuanto a la pólvora no viene en un cartucho sino que se guarda en un cebador. Durante el combate esta arma no es muy precisa por naturaleza y si rara vez acierta en el blanco seleccionado, se utiliza, por lo general, para disparar a blancos múltiples en vez de a un solo objetivo en concreto. Así pues, el trabuco es más útil cuando el combate se verifica a corta distancia como en los enfrentamientos de caballería o en los abordajes, durante las batallas navales.

2 - La carabina


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--- Carabina de caballería modelo 1793 ---

A pesar de varios intentos para introducirla en el ejército francés, nunca tendrá mucho éxito. Sólo le encuentran inconvenientes. Bardin, en 1808, escribe :
Cuando empezó esta guerra, nuestros carabineros de infantería ligera combatieron con carabinas. Las dificultades para encontrar municiones adaptadas, la diferencia de calibre y la lentitud con la que se cargaban hicieron que se renunció a su uso.
Gassendi no es más piadoso con ella :
Esta arma es larga y dificultosa a la hora de cargarla : si la bala no está en el fondo de la recámara, el cañón puede reventar ; las rayas se ensucian fácilmente y es difícil limpiarlas ; si el taco no cierra bien las rayas, el alcance es reducido ; por fin es un arma sin bayoneta. De todos estos inconvenientes, se puede concluir que la carabina es un arma que no conviene al soldado francés, y que no conviene sino a unos asesinos, pacientes y flemáticos.
Y hay que reconocer que los arsenales no fabrican municiones dedicadas a esta arma, lo que implica modificar balas de fusil. Tal como lo describe el mismo Gassendi, el modo de cargamento aparece a todas luces como poco práctico :
Para cargarlas (las carabinas), ponga la pólvora, después un trocito de cuero o de tejido recortado en disco, llamado taco, por encima ; ponga la bala y empújela hasta la carga con la baqueta, y a martillazos. La bala así introducida sigue siendo esférica por el lado de la pólvora, se aplasta bajo los golpes que recibe por la parte delantera, se raya sobre los lados. Cuando se dispara sale siguiendo las líneas en espiral, lo que le comunica un movimiento de rotación, siguiendo el eje del cañón, lo que, según se dice, es la razón de su exactitud en el tiro.
Y por supuesto, los martillazos que se dan en la baqueta de hierro conllevan el inconveniente suplementario de tener que llevar un martillo.
En 1804 Napoleón intenta introducirla de nuevo como arma de élite pero se puede juzgar del éxito de esta gestión si se dice que entre esa fecha y 1812 sólo se fabricarán 2.212 ejemplares. Los ingleses, al contrario, adoptan la carabina y se sabe todo el provecho que sacarán del modelo Baker, sobre todo en Waterloo, disparando preferentemente a los oficiales.

3 - La granada


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--- La granada ---

Aunque existen granaderos en la época del Imperio y que esta distinción implique el honor de pertenecer a un cuerpo de élite, se da la paradoja de que no se emplea la granada como arma de combate.
La granada de la época se presenta como un obús en miniatura : consiste en una esfera metálica hueca, generalmente de hierro colado, que se llena con pólvora y que se enciende con una mecha de seguridad. Mide unos 13,5 cm de diámetro, el espesor de la parte metálica, lisa tanto por el exterior como por el interior, es de 9,5 mm y pesa unos 2 kg. En el ojo se adapta una espoleta de madera larga de unos 7,5 cm con un canal central lleno de pólvora negra que se enciende mediante un estopín que deja un tiempo de 4 a 5 segundos. (Comparar con la actual granada M67 que pesa 397 g, mide 90 mm, letal en un rayo de 5 m es eficaz hasta 15 m).
En su libro De la défense des places fortes de 1812, Carnot distingue dos categorías de granadas :
La granada ordinaria o granada de mano tiene un diámetro de unas 5 pulgadas [13,5 cm] (que corresponde al calibre de una bala de cañón de 6) y un peso de 3 libras [1,470 kg]. Las hay menos potentes. Como a las bombas se las dota ordinariamente de un culote, es decir un espesor mayor, en la parte opuesta al ojo, para que caigan sobre este culote. Los soldados pueden lanzarlas a una distancia de hasta 14 o 15 toesas [27 o 29 m] en terreno horizontal, pero es preciso que hayan adquirido la destreza en su uso.
Hay otras granadas u obuses a las que llaman granadas de muralla, porque en la defensa las hacen rodar desde lo alto de las murallas hasta los fosos. Pesan 8, 11, 16, 18 libras
[4, 5,4, 8 y 9 kg respectivamente].
Si bien han existido en el siglo XVIII “fusiles obuses” de pedernal, con sus correspondientes municiones, no se emplean bajo el Consulado ni el Imperio. Estos antepasados del lanzagranadas disparaban granadas montadas en saleros que eran unas verdaderas bombas miniaturas.


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--- Fusil obús y granada montada sobre un salero ---

La granada esférica para fusil tenía una espoleta exterior, más larga que en la de mano, insertada en el salero. El conjunto estaba envuelto en una tela pegada al sistema y se encendía en el momento del disparo.

La que nos interesa se destina al ataque de trincheras, pero no es muy eficaz, a pesar de ser los granaderos hombres altos y fuertes, puesto que tienen un alcance limitado por la fuerza de quien la lanza. Otros inconvenientes son una zona letal reducida y el sistema de encendido poco fiable. También es de notar que para lanzarla el granadero se expone doblemente ya que tiene que estar de pie y que su movimiento es inequívoco para el adversario.
A veces le dan algunas aplicaciones prácticas durante el ejercicio pero nunca en combate. En el Campo de Boulogne, en 1810-1811, se ejerce a los granaderos a lanzar granadas […] y los suboficiales de granaderos reciben de un capitán de artillería y un artificiero jefe una formación para tomar a viva fuerza un campamento fortificado, un puesto, un pueblo y para lanzar granadas.
A pesar de esta proclamación, la granada no se usa durante las guerras napoleónicas sino como símbolo en los uniformes de las tropas de élite : carabineros, granaderos, gendarmería o artillería y aunque dio su nombre a la tropa de élite de los granaderos, fue abandonada bajo la Revolución y no volverá a ser utilizada hasta la Primera Guerra mundial.

4 - La mina

Aunque por extensión, se ha dado este nombre a la carga de explosivos que se coloca debajo del objetivo, la mina no pertenece en rigor a la categoría de las municiones : se trata más bien de una obra subterránea, de un túnel o de una excavación abierta debajo de las fortificaciones durante un asedio para abrir una brecha en las murallas.
En pocas palabras, Carnot nos resume en De la défense des places fortes lo que es el uso de las minas :
No hay arte que exija a la vez más valentía y habilidad que el del minador. Su objeto es producir con ciertas cantidades de pólvora, encerradas bajo tierra a diversas profundidades, efectos determinados. Sitiadores y sitiados usan de la misma manera de este poderoso medio de destrucción. Sus respectivas operaciones componen lo que se suele llamar guerra subterránea.
Más lejos completa :
Las minas del sitiador son las minas ofensivas, minas propiamente dicho ; las del sitiado se llaman minas defensivas o contraminas.
Se reserva el nombre de minas más particularmente a las obras en grande que realizan los minadores, tanto de los sitiadores como de los sitiados ; las que tienen por objeto efectos reducidos indicados por las circunstancias se llaman fogatas (en francés : la fougasse). Los hornillos (en francés : le camouflet) son hornillos que los minadores enemigos establecen solamente unos contra otros, cuando están cerca, pero cuyo efecto no se manifiesta en la superficie del terreno. […]
Las galerías son caminos subterráneos para llegar al lugar donde se colocan las pólvoras : se distinguen por sus dimensiones.
[…] Las galerías mayores tienen 6 pies de alto y 3 pies de ancho ; las medias galerías tienen 4 pies y medio de alto y 3 pies de ancho ; los ramales mayores tienen solamente 3 pies de alto y 2 pies y medio de ancho ; por fin, los ramales normales tienen sólo 2 pies y medio de alto y 2 pies de ancho. [Nota : 1 pie = 33 cm]
Las galerías van siempre de mayores a menores y al final del último ramal se amontona la pólvora, variando la cantidad con las características del terreno, del edificio por derrumbar, etc. Se introduce la extremidad de la salchicha, mecha de 23 mm de diámetro, que se tiende a continuación por el ramal, haciéndola pasar por un “tubo” de madera. Entonces se procede a la operación conocida como la carga y que consiste en cerrar herméticamente el ramal con tierra, piedras, estiércol. Para encender el artefacto, se recurre a diferentes sistemas. El llamado “del monje” supone que se emplean dos pirámides de yesca que se encienden al mismo tiempo : una servirá para encender la “salchicha" y otra como testigo para saber cuándo se producirá la explosión. La “caja de fuego” es una cajita de madera separada en dos partes por una tablilla móvil que se accionará con un cordel ; se fija la parte vacía encima de la extremidad de la “salchicha”, encima de la tablilla se coloca una estrella de estopa a la que pone fuego ; el artificiero se aleja y, llegado a distancia respetable, tira del cordel provocando la caída de la yesca sobre la “salchicha” que enciende.
Este método presenta inconvenientes. Ya en un principio, La experiencia demuestra que a una distancia como máximo de 20 a 40 toesas (39 a 78 m) de la apertura, las galerías de minas non son habitables, a menos que se consiga establecer una corriente de aire, con ventiladores, fuelles de fragua, hogueras encendidas en una de las entradas, o por otros medios. (Carnot)
Las obras de zapa pueden ser detectadas sobre todo durante la noche por los ruidos que generan las obras. La labor del minador bajo tierra se percibe a 15 toesas (29 m) de distancia y hasta a 20 (39 m) , cuando da en madera. (Carnot) La respuesta habitual consiste en buscar el horno abierto por el enemigo y ponerlo en contacto con el aire para evitar la explosión. Otras variantes son cavar túneles que permitan atacar a los minadores o pozos de tamaño reducido para tirar azufre inflamado a la galería.
En cuanto al resultado … Lo más positivo que la experiencia de la guerra parece haber enseñado a este respecto, es que las minas son poco mortíferas en sí mismas ; … De 40 minas defensivas, apenas unas 10 cumplen con su objetivo, y cada una de ellas se lleva cuando más a 20 hombres, lo que representa un total de 200 ; bajas por cierto bien poco considerables, en comparación de cuantas sufre el sitiador, por poco que se prolongue la defensa. (Gillot)
El objetivo esperado es abrir una brecha en la muralla de una ciudad fortificada para facilitar el paso de las tropas saltantes. En general, no hay efecto de sorpresa por ser la preparación larga y cuando las tropas se lanzan al asalto los defensores están preparados y han formado tropas para impedir la entrada. Si fracasa el asalto, lo primero que hacen los sitiados es colmar el paso y todo está por empezar de nuevo.

5 - El Cohete Congreve


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--- Cohete Congreve ---

Invento del inglés William Congreve, el cohete que lleva su nombre se compone de un cuerpo cilíndrico de hojalata terminado por una punta u ojiva cilindro-cónica. El cuerpo encierra como propulsor una carga de pólvora clásica (salitre, azufre y carbón) que se enciende mediante una mecha. La punta contiene una carga ofensiva que pesa entre 1 y 10 kg según se trata de una lata de metralla, una granada o un proyectil incendiario. El sistema es dotado de una cola para orientarlo en los aires. Los británicos usan estos cohetes sobre todo en combates navales con éxito variable por el movimiento del mar que no permite apuntar correctamente o en asedios para provocar incendios. En tierra los usarán durante las campañas de la Península o en Waterloo. Lanzados casi horizontalmente, los cohetes de 24 libras, los más usados, pueden alcanzar un blanco a 3 km pero con todos los reparos en cuanto a la precisión.
Durante la batalla de Rochefort y de la isla de Aix, los franceses consiguen hacerse con algunos de estos cohetes y los estudian científicos de renombre como Monge o Berthollet. El capitán Schumacker construye algunos modelos pero después de pruebas llevadas a cabo en Hamburgo en las que estos misiles antes de hora aparecen como decepcionantes, los franceses no emplearán nunca en combate los 2000 ejemplares en su posesión.

6 - El shrapnel


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--- El shrapnel ---

En 1784, el teniente Henry Shrapnel (1761-1842) de la Royal Artillery empieza a desarrollar un arma antipersonal que combinara los efectos del bote de metralla (dispersión de balas) y del obús (explosión retardada). Los primeros modelos consisten en una esfera hueca de hierro colado que se llena con pólvora y balas de fusil y se dispara mediante una espoleta. Si la espoleta está correctamente preparada, el obús explota delante o encima del blanco esparciendo las balas. Si la carga no es lo suficiente como para lanzar las balas, éstas siguen su trayectoria con la velocidad residual del obús. Gracias a esta técnica, el alcance de la metralla pasa de 300 m a 1100 m. la artillería británica empieza a utilizar esta arma en 1803 y el duque de Wellington se sirve de ella contra las tropas napoleónicas a partir de 1808 y hasta Waterloo.
Las tropas francesas no llegaron a emplear esta arma.

X - CONCLUSIÓN

Las municiones descritas en lo que precede pueden parecer poco eficaces pero llegaron a ser mortíferas en aquella época por dos razones : la producción fue intensa y las tácticas de combate en columna o, peor todavía, en línea exponían a los disparos masas de hombres que avanzaban sobre kilómetros de frente codo con codo, ofreciendo un blanco donde dos hombres ocupaban un metro de anchura o presentaban masas compactas en la formación conocida como “en cuadrado”. ¿ Cómo no se hubiera dado en un blanco en estas condiciones ? Se estima entre 400.000 y 500.000 los muertos franceses en el campo de batalla, a los que se tendrían que añadir los muertos a consecuencia de heridas, lo que nos llevaría a un total de 700.000 a 800.000 muertos por el solo periodo de once años del Primer Imperio (sin considerar la etapa del Consulado). El número de heridos incapacitados y amputados viene a aumentar este balance de la eficacia de las armas de principios del siglo XIX.
Menos de cien años después del fin del Primer Imperio, la Primera Guerra Mundial vendrá a relativizar este balance con 9,7 millones de soldados muertos y 8,9 millones de civiles. Al final de un conflicto de 4 años, Francia ha perdido 1,5 millón de hombres y tiene que atender a 1,9 millón de heridos, entre ellos 388.000 mutilados. Y es que las armas han progresado enormemente. Sin hablar de la aviación, han aparecido las armas automáticas, las granadas se han utilizado corrientemente, la artillería ha aumentado su alcance valga como ejemplo la Gran Berta con su calibre de 420 mm y su alcance de 9 a 12 km con obuses de 800 y 400 kg respectivamente (¡ 1635 y 820 libras napoleónicas !), las minas se han convertido en un artefacto manejable que no necesita obras de titanes, aunque esto no quita que existió una “guerra subterránea” que dejará el paisaje marcado hasta nuestros días, y no hablemos de los gases de combates de siniestra memoria que en la sola batalla de Ypres hicieron 5.000 muertos y 10.000 heridos.

¿ Y hoy ?
Desde entonces las armas han seguido progresando, culminando con el arma nuclear. La batalla de Leipzig (1813) ve 200.000 disparos de artillería lo que correspondería a 266 toneladas de pólvora negra si adoptamos como promedio las piezas de 8 libras y fueron 150.000 los muertos en total por cuatro días de combates en una época en que se producían 3.000 toneladas anuales de pólvora. La sola explosión de Hiroshima (1945) equivale a 15.000 toneladas de TNT ; en pocos segundos mueren 75.000 personas, se estima que el total de las víctimas se eleva a 250.000. Sólo han transcurrido 132 años entre los dos acontecimientos.


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--- Fusil Año IX modelo 1777 y Fusil HK416 ---

Más modestamente el fusil HK416 es eficaz a 300 m con una cadencia de 700/900 disparos por minuto y una capacidad de 23 a 30 balas. Si la distancia eficaz no ha progresado mucho no pasa lo mismo con las municiones, la precisión y la cadencia de tiro que dejarían sin respiración a un granadero experimentado que apenas disparaba 4 veces por minuto y se viera exento de limpiar su arma cada 50 disparos.


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--- Cañón de 12 libras y Obús TRF1 ---

Para seguir comparando con armas clásicas, el obús TRF1 calibre 155 mm dispara 6 veces por minuto a distancias de 24 km ; puesto en batería en dos minutos, los casquillos son combustibles, lo que no extrañaría a un artillero de la época imperial ya que el cartucho también se quemaba cuando el disparo, pero recordemos que un cañón de “24 libras” (153 mm) disparaba a 2,6 km con una cadencia de 3 veces por minuto en el mejor de los casos.


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--- Cañón de 12 libras y Obús Caesar autopropulsado sobre chasis Unimog ---

En lo que respecta a la movilidad, también se ha evolucionado mucho : el obús Caesar autopropulsado sobre chasis Unimog de 155 mm dispara a 42 km ; se desplaza a 100 km/h sobre carretera, a 50 km/h a campo través con una autonomía de 600 km y ofrece la protección de una cabina blindada. Saliendo de Estrasburgo, podría ir hasta Wagram o Jena en 12 horas sin repostar. Comparación difícil cuando se piensa en los cañones arrastrados por caballos y que necesitaban la intervención de 12 hombres para la maniobra.

¿ Qué estará preparando el futuro ? Esperemos que sea la paz …
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por APV »

Unos comentarios.

Respecto a los fusiles no eran precisos, su eficacia venía de que ambos usaban formaciones cerradas y se disparaban entre sí hasta que una cediese. Pero ante formaciones abiertas era más problemático, precisamente era la clave de los voltigers que podían disparar a una formación cerrada mientras que esta tendría problemas para devolver el fuego. A medida que se introduce las armas estriadas los efectos se multiplican, ya se vio con los rifles Pennsylvania y los Jager, posteriormente los ingleses, aunque el problema de meter balas redondas en ánimas estriadas o poliedricas lo que los hacía lentos.
Habrá que esperar a las minie y luego a la retrocarga, y ahí le darían a un elefante y a lo que fuera.

Los 200 disparos por pieza ¿para cuanto tiempo duraban?
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lutzow »

Lo primero, pedazo de trabajo Lasalle, mis felicitaciones... :dpm:

No recuerdo en qué libro leí (tengo que buscarlo), que en la época se hicieron pruebas sobre formaciones disparando sobre una gran sábana que representaría la línea rival, y los resultados eran decepcionantes a media distancia, pero mejoraban mucho cuando se acercaban, aunque no es lo mismo disparar durante un ejercicio que en plena batalla, cuando los de enfrente también se dedican a dispararte a ti, lo que resulta un tanto molesto para afinar la puntería...

Por otra parte sería interesante conocer el porcentaje de bajas causadas por artillería/infantería, supongo que el de la primera subiría bastante cuando se generalizó su uso y las batallas casi siempre concluían en masacres (Wagram, Borodino, Leipzig...).

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por APV »

No olvidemos las veces que el soldado olvidaba en la tensión alguno de los pasos, como disparar; en Gettysburg tras la batalla los unionistas recogieron miles rifles con más de una bala metida dentro, incluso uno con 23.
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lasalle »

APV escribió:
20 Jul 2020 19:02
Unos comentarios.

Respecto a los fusiles no eran precisos, su eficacia venía de que ambos usaban formaciones cerradas y se disparaban entre sí hasta que una cediese. Pero ante formaciones abiertas era más problemático, precisamente era la clave de los voltigers que podían disparar a una formación cerrada mientras que esta tendría problemas para devolver el fuego. A medida que se introduce las armas estriadas los efectos se multiplican, ya se vio con los rifles Pennsylvania y los Jager, posteriormente los ingleses, aunque el problema de meter balas redondas en ánimas estriadas o poliedricas lo que los hacía lentos.
Habrá que esperar a las minie y luego a la retrocarga, y ahí le darían a un elefante y a lo que fuera.

Los 200 disparos por pieza ¿para cuanto tiempo duraban?
Exacto. La eficacia venía esencialmente de que se disparaba contra filas compactas ; lo que digo en el artículo : dos hombres por cada metro de frente y aunque dejaban algo de espacio para dejar maniobrar la caballería, no deja que eran filas compactas.
¿ Cuánto duraban 200 disparos ? Pues, según Napoleón, “Es menester que un cañón disponga de 300 disparos en reserva : es lo que se consume en dos batallas.” Esto para la teoría. Después, la realidad es "Depende". Si la cosa no era de las muy calientes, igual gastaban poco pero si se ponía muy caliente, nos quedamos con un problema de aritmética : "Si una pieza de 12 libras que dispone de una reserva de 200 balas dispara 3 veces por cada dos minutos ¿ cuánto tiempo le va a durar la reserva ?" La respuesta es, teóricamente, 133 minutos, o sea 2 horas 12 minutos. Muy teóricamente porque los artilleros no disponen de protección alguna y están expuestos a los disparos enemigos sin contar las cargas de caballería o de infantería que perturban bastante la cadencia. El escudo frontal no existe en aquella época por cargarse los cañones por la boca y habrá que esperarlo hasta que se carguen por la culata.
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lasalle »

Lutzow escribió:
20 Jul 2020 20:49
Lo primero, pedazo de trabajo Lasalle, mis felicitaciones... :dpm:

No recuerdo en qué libro leí (tengo que buscarlo), que en la época se hicieron pruebas sobre formaciones disparando sobre una gran sábana que representaría la línea rival, y los resultados eran decepcionantes a media distancia, pero mejoraban mucho cuando se acercaban, aunque no es lo mismo disparar durante un ejercicio que en plena batalla, cuando los de enfrente también se dedican a dispararte a ti, lo que resulta un tanto molesto para afinar la puntería...

Por otra parte sería interesante conocer el porcentaje de bajas causadas por artillería/infantería, supongo que el de la primera subiría bastante cuando se generalizó su uso y las batallas casi siempre concluían en masacres (Wagram, Borodino, Leipzig...).

Saludos.
Gracias Lutzow :oops:
Respecto al fusil, es lo que dice Bugeaud “El soldado apunta y dispara cuando el enemigo está demasiado lejos ; cuando el enemigo está cerca, el soldado pierde la moral y lo que le importa es disparar a menudo y la mayor parte del tiempo sin apuntar.”
Existen relaciones de Scharnhorst sobre experiencias sobre la metralla que tuvieron lugar ya en 1796 en Prusia sobre vallas de tablas de 3 cm de espesor. Gribeauval que no iba a la zaga las realizó en 1764 siempre con tablas. En todos los casos, se dispara contra vallas altas de 1,80 m (altura de un hombre a pie) y 2,60 m (altura de un hombre a caballo) cuyo largo representa el espacio ocupado por una unidad de infantería o de caballería. Aparece que a distancias de 600 y 800 m las balas cubren un abanico de 60 m de ancho (centrado en el eje de la pieza). A 450 m las balas cubren un abanico de 50 m de ancho. También recuerdo haber leído algo de sábanas pero compartimos el problema : ¿ dónde ?
Para hacer corto, una bala de cañón de 12 atraviesa una fila de 50 hombres a 100 m, de 17 a 1000 m. Si es de 8 libras, con las mismas distancias, son 42 y 12 respectivamente.
Hablar de las bajas es siempre difícil porque la época no tenía la manía de las estadísticas como la nuestra. Claro, siempre aparecen contabilidades
pero los muertos son los muertos y los heridos los heridos ; los heridos que mueren más tarde por hemorragias que se declaran bastante después de una amputación o a consecuencia de infecciones en el hospital o del transporte no entran en la cuenta. Por otra parte, lo más seguro es que la mayoría de los muertos aparecen en los combates con armas blancas (bayoneta, sable, cargas y persecuciones por la caballería). En una distribución de recompensas en el Año XII (1803) los muertos citados son 41 por sable, 4 por fusil, 61 por bayoneta. Los heridos son 124 por sable, 28 por lanza, 46 por bayoneta, 304 por fusil, 21 por bala de cañón, 47 por metralla. Larrey identifica heridas dando 51 por arma blanca, 143 por fusil, 133 por cañón.
A falta de responder a tu pregunta, estas cifras dan una idea de las proporciones pero ¿ cuántos heridos se habrán sacado una bala solo, o ayudado por un compañero, con la punta de un cuchillo y hasta con los dedos ? ¿ o se habrán cosido sin ayuda el corte de un sablazo "poco grave" ? Y no exagero porque existen testimonios sobre hombres que habían perdido un brazo o una pierna y se iban solos hasta la enfermería, utilizando un fusil como muleta en el segundo caso, después de soltar alguna broma ("Me había dejado unos pares de botas en casa, ahora me durarán el doble" en el caso del segundo). Con hombres así ¿ a qué llamarían una herida grave ?
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lutzow »

Gracias por los datos y explicaciones... :dpm:

Me suena que lo de la sábana debí leerlo en el tocho de Chandler sobre las Campañas Napoleónicas, a ver si con tiempo le echo un vistazo, porque el dato no resultará sencillo de encontrar entre sus más de mil páginas...

Saludos.

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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por pepero »

Suscrito el tema. Me lo leeré con calma dado que tus artículos son densos y entretenidos.

Saludos.
Pepe
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Schweijk »

Otro trabajo enciclopédico. Mi felicitación y agradecimiento, Lasalle. :Bravo
"No sé lo que hay que hacer, esto no es una guerra".

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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por APV »

Lasalle escribió:
21 Jul 2020 15:12
La respuesta es, teóricamente, 133 minutos, o sea 2 horas 12 minutos. Muy teóricamente porque los artilleros no disponen de protección alguna y están expuestos a los disparos enemigos sin contar las cargas de caballería o de infantería que perturban bastante la cadencia.
Lo consultaba porque hubo batallas que se prolongaron mucho tiempo, incluso días, y para Napoleon la artillería era un elemento crucial.
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lasalle »

APV escribió:
22 Jul 2020 14:37
Lasalle escribió:
21 Jul 2020 15:12
La respuesta es, teóricamente, 133 minutos, o sea 2 horas 12 minutos. Muy teóricamente porque los artilleros no disponen de protección alguna y están expuestos a los disparos enemigos sin contar las cargas de caballería o de infantería que perturban bastante la cadencia.
Lo consultaba porque hubo batallas que se prolongaron mucho tiempo, incluso días, y para Napoleon la artillería era un elemento crucial.
Aparte de que el sistema de abastecimiento era muy eficaz, hay que tener en cuenta que, a partir del momento en que intervenía la caballería o la infantería, la artillería, como es de entender, perdía buena parte de su protagonismo con el consiguiente ahorro de municiones: no se iba a disparar contra gente que combatía cuerpo a cuerpo, amigos y enemigos confundidos. Bueno, no impide que puntualmente pudiera intervenir la artillería a caballo hasta en primera línea para repeler un ataque enemigo o apoyar a la infantería.
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Re: MUNICIONES UTILIZADAS POR LA GRANDE ARMÉE

Mensaje por Lasalle »

Gracias a todos por su interés
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