What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

¿Que hubiese pasado si...? Situaciones hipotéticas de la Historia Militar.
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Este subforo está pensado para analizar sucesos históricos y el rumbo de los acontecimientos en base a decisiones que se tomaron o no. Aunque es hilo para teorías e hipótesis, siempre se ha de hacer con un mínimo de seriedad y lógica en base a la información real existente del periodo a analizar. Por abusos tomados por algunos usuarios, aquellos hilos que desemboquen en una dinámica de fantasía sin objetividad podrán ser cerrados sin previo aviso por el moderador correspondiente.
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Tirador
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What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Tirador »

Viendo el hilo de "Batalla más decisiva de la Edad Media", se me ocurrió especular con la posibilidad que apunto en el título de este hilo. Además, los que me conocéis sabeís que también me dedico a la simulación histórica con figuras de plomo, y esa es una batalla que he jugado con ese resultado. He hecho, llegué a novelar esa partida, y, si os parece, os voy a colgar ese texto para después entrar en el debate. Perdonad si entre medias hay referencias al reglamento de figuras que usamos en esa partida, pero no por ellos lo hace menos interesante:

“Tierra Santa, Palestina, cerca de los “Cuernos de Hattin” (Qurum-hattum), 4 de julio del año del señor de 1187…

El calor era insoportable, y la sed atormentaba a las huestes cristianas. El rey de Jerusalem, Guido de Lugsinam, estaba ya plenamente convencido que haber desechado el plan original y haber seguido los postulados de Gérard de Ridefort, el cual estaba ansioso por restañar su honor herido al haber sido derrotado meses antes en Seforia, había sido un completo error. Ahora estaban acosados por las huestes de Saladino, sedientos, cansados, aislados de cualquier fuente de agua y atormentados por el calor del verano en Palestina… parecía que el destino de los Reinos Cristianos en Tierra Santa pendía de un tenue hilo...”


Muy buenas a todos. Este pasado domingo hemos jugado un escenario a Hail Caesar! basado en el enfrentamiento que el 4 de julio se dio cerca del pueblo de Hattin, en el desfiladero del mismo nombre, entre las tropas cristianas del Rey de Jerusalen, apoyadas por contingentes de las ordenes Militares y otros estados cristianos del área, y las huestes ayubíes del Sultán Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, más conocido en la Historia por su nombre occidental, Saladino.

En esta ocasión, el resultado de la batalla… pero mejor seguid leyendo:

“El ejército cristiano formaba una larga columna con las huestes de Rey de Jerusalem abriendo la marcha, una conjunción de las tropas de las Ordenes del Temple y del Hospital, caballeros, peones y mercenarios turcopolos. A retaguardia, cerrando la marcha detrás de estas, las huestes de Reinaldo de Châtillon, compuestas de tropas del Condado de Trípoli y del Principado de Antioquia, feudo del propio Reinaldo. Entre ambas, el amplio bagaje del ejército, bien protegido, aunque privado ya de lo más importante en ese momento: el agua...”


El ejército cristiano esta compuesto de dos divisiones o “batallas”, al mando una de Guido de Lugsinam, Rey de Jerusalen, secundado en el mando por el maestre del Temple, Gérard de Rideford, y la otra al mando del Príncipe de Antioquia, Reinaldo de Châtillon, con Balián de Ibelín como segundo al mando.

En el otro mando, Saladino comanda la primera hueste sarracena, con todas las tropas a pié y un contingente mameluco a caballo, aparte de su propia guardia personal, y otras dos “batallas” de tropas a caballo de beduinos y kurdos al mando de dos de sus emires más capaces, Muzaffar ad-Din Gökböri y al-Malik al-Adil.

“Saladino, Sultán de Egipto y Siria, se preparaba para la batalla. Su táctica de ir desgastando y acosando a los francos mientras avanzaban a su encuentro iba dando sus frutos, y la idea de privarles del acceso al agua para obligarlos a actuar a la desesperada era la guinda de su plan. Lo siguiente era rematar la faena montando una gigantesca emboscada al Rey de Jerusalem aprovechado el terreno en el desfiladero de Qurum-hattum para eliminar el poder militar cruzado, en particular a esos malditos templarios con su maestre al frente, y al Príncipe de Antioquia, Reinaldo de Châtillon, al que había jurado una vez matar con sus propias manos. Ahora era el momento de desplegar a sus tropas para cerrar la gigantesca trampa...”

Los cruzados, para representar la sed desgarradora que los atenaza, tienen una penalización a sus tiradas de salvación por moral de un -1.

“Saladino llamó a sus mensajeros y los despachó con presteza. Era imperioso que sus emires supieran que era el momento del combate decisivo y que las órdenes dadas por el Sultán debían cumplirse… mientras el cerraba el paso a la columna cruzada, los beduinos de Al-Adil debían flanquear y atacar por la retaguardia de la misma, mientras Gökböri y sus kurdos apoyarían este ataque hostigando y distrayendo el flanco expuesto de los cristianos...”

El plan de batalla sarraceno se basa en una fuerza de contención a la salida del desfiladero (las tropas de la división de Saladino), mientras que una fuerza de beduinos a caballo ha sido enviada en una marcha de flanco para aparecer más allá del paso, a retaguardia de los cruzados, y la “batalla” restante, compuesta de tropas a caballo kurdas, de fuerza similar a los beduinos, debía hostigar a los cruzados mientras se apiñaban delante de la fuerza principal.

“Guido se paso la lengua por los labios resecos, la sed empezaba a ser un problema serio en sus huestes… poso la mirada en los porteadores que llevaban la reliquia más preciada de su reino, la Vera-Cruz, y pensó que igual había sido un error traerla al combate...”

Los cruzados obtienen un bonus de 2d6 al combate de cualquier unidad que luche a menos de 6 cm de la peana que representa la reliquia de la Vera-Cruz.

El plan de batalla cruzado es sencillo: pasar. Obtienen puntos de victoria por cada unidad que salga de la mesa por el lado opuesto al de su entrada, y puntos adicionales si la Vera-Cruz abandona el escenario por el mismo sitio. Saladino gana puntos por impedirlo…

“Estaba claro, había que pasar y encontrar un punto de agua. Ya que los pozos en Hattin estaban negados, habría que llegar al Lago Tiberiades…”

La batalla comienza con la columna cruzada avanzando hacia Tiberiades, rodeada de nubes de polvo y atormentada por el sol y la sed. Enfrente, cerrando el paso, los guerreros de Saladino.

“Guido de Lugsinan sabía perfectamente que todo pasaba por arremeter de frente y llevarse por delante todos los obstáculos que Saladino les pusiera enfrente. Por algo abría la marcha con sus mejores tropas, las más fiables, aunque sabía que serian las que sufrieran más bajas. Los lanceros y ballesteros de las Ordenes Militares avanzaban en línea de batalla, hombro con hombro, mientras que los Caballeros de las mismas formaban una cuña detrás de la línea, prestos a cargar en cuanto la distancia se lo permitiera. Mientras, las tropas de los reinos cruzados que venían detrás formaban alrededor del bagaje, con las cuñas de caballeros preparadas para la carga si fuese necesario, aunque Guido también se daba cuenta que hacer pasar a esas unidades a vanguardia significaba de deberían atravesar a todo el ejército, con el riesgo de desorden que eso conllevaba...”


Como sabréis los jugadores de Hail Caesar!, una unidad que atraviesa a otra formada se arriesga a quedar desordenada al hacerlo y también a desordenar a la unidad que traspasa, con las penalizaciones que eso conlleva.

“Saladino dio los últimos retoques a su linea de infantes. Habia desplegado a sus guerreros más feroces, los Gahzi, en el centro, flanqueados por sus arqueros sudaneses a su izquierda y a su milicia egipcia a su derecha. Estos eran las tropas en las que menos confiaba, pero esperaba que, al estar apoyados contra la pared del desfiladero, no tuviesen problemas en aguantar lo suficiente. Detrás de
esta línea de batalla dispuso como reserva a la caballería mameluca y a su guardia personal, mientras que mandaba por delante a hostigar a los francos una nube de hostigadores con jabalinas, con el objeto de provocar el desorden en las filas cristianas y apantallar en algo a sus infantes y el enemigo se decidía a cargar con sus caballeros. Por otro lado, esperaba que las tropas que había enviado en una marcha de flanco apareciesen para atacar la retaguardia de Guido, mientras que sus kurdos con su fiel emir Gökböri al frente tenían como misión acercarse atravesando uno de los pasos a la columna cruzada para, con su hostigamiento, contribuir al desorden. Sabía perfectamente que todo pasaba por atacar a distancia y tratar de desordenar a los cristianos antes de que tuviesen oportunidad cargar con sus caballeros… todo debía de seguir según el plan trazado.”

Saladino envía por delante a sus hostigadores para desordenar y, si pueden, retener a la línea cristiana. Estos se sitúan a distancia para poder lanzar sus jabalinas sobre los lanceros y ballesteros de las Ordenes Militares… ruedan los dados ¡y el lado musulmán se apunta la primera sangre!

“Los infantes cristianos avanzaban penosamente, cubiertos de polvo, asados dentro de sus corazas y con las gargantas resecas. De pronto alguien dió una voz de alarma ¡hostigadores, a cubierto! Pero para algunos esta orden llego tarde, una lluvia de jabalinas cayo sobre las huestes cruzadas, y algunas de ellas encontraron sus objetivos… la línea, estremecida, se detuvo...”

La acción de los hostigadores tiene éxito, y las primeras bajas se cuentan en las tropas de Guido.

“Mientras, las tropas kurdas salen al galope hacia sus objetivos… aunque hay un problema. A la hora de pasar por el paso hay discusiones entre los jefes tribales sobre quien ha de pasar primero...”

La “batalla” de Gökböri falla en el chequeo de ordenes, y no acaba de moverse tan rápido como le gustaría a Saladino, incluso durante algún turno no se mueve en absoluto… esto va a traer consecuencias, pero no adelantemos acontecimientos.


“Guido Empezaba a desesperarse. Sus tropas habían resultado detenidas y se apelotonaban a la salida del desfiladero, frente al bloqueo de las huestes de Saladino. Había que romper esa barrera costase lo que costase, sabía que les iba la vida en ello, la suya y la del Reino de Jerusalem, y, por ende, practicamente la de toda Tierra Santa Latina… había despojado de la mayor parte de las guarniciones los castillos y plazas para formar ese ejército que ahora comandaba, ejército que, muerto de sed y casi de desesperación, se hallaba ahora detenido en medio de una inmensa nube de polvo… la única solución que el veía era una carga de los caballeros, pero mirando a su alrededor, solo alcanzó a ver a los disciplinados freires de las Ordenes Militares del Temple y del Hospital, y maldijo por lo bajo el haber dejado a los seglares en la batalla de retaguardia. Tendría que jugarse la supervivencia suya y de sus tropas a una carta. Se volvió sobre la grupa del caballo y se dirigió a los Maestres de ambas Ordenes para exponerles la situación… aunque estaba seguro de que ambos ya habían comprendido perfectamente cual era esta:

- Maestre Gérard y maestre Garnier, creo que todo está en vuestras manos y en las de vuestros hermanos caballeros... “

No hubo de decir más. Con una sonrisa cruel, el maestre del Temple se dirigió al frente de la cuña de monjes caballeros, mientras Garnier de Nablús, maestre del Hospital, con una expresión preocupada, pero serena en su semblante, le siguió a continuación. Gérard de Rideford elevo la voz sobre el tumulto de la batalla:

- ¡Hermanos! ¡Llego el momento de hacer pagar a esos infieles! ¡Nuestro Señor Jesucristo nos guiara en la carga! Prestos al frente y ¡a por ellos! ¡¡¡DIOS LO QUIERE!!!

La cuña de los caballeros de las Ordenes se puso en marcha... "


“Gerard de Rideford encabezaba la cuña de los caballeros de las Ordenes militares… pero para poder cargar a esos despreciables infieles debía de tener el campo a su frente libre, y este ahora mismo estaba bloqueado por una línea de infantería cristiana que, golpeada por los proyectiles de los escaramuceadores de Saladino, se había detenido. El maestre del Temple, exasperado por el contratiempo, avanzo de frente sin pensar, dando grandes voces, y casi arrollando a los aturdidos soldados de infantería

- ¡Bellacos! ¡Apartaos de nuestro camino, maldita sea!

Poco a poco, casi con desgana, se fueron abriendo pasillos en las filas de los infantes por los cuales se fueron introduciendo los caballeros. Pero no era tarea fácil, llevaría su tiempo y eso implicaba que los caballeros tendrían que organizarse al terminar de atravesar la línea de peones.”

Recordemos que cuando una unidad atraviesa a otra, corre un riesgo elevado de quedar desorganizada al terminar de hacerlo, lo que implica que debe quedarse un turno inmóvil para poder reorganizarse.

“Rideford se impacientaba Sus huestes no terminaban de atravesar la linea de peones. Maldijo a estos a grandes voces, impaciente por cargar.

- ¡Fuera! ¡Apartaos, malditos!

De repente, algo golpeo su yelmo, aturdiéndole momentaneamente. A su alrededor, gritos, alaridos y maldiciones le hicieron ver que una nueva descarga de los hostigadores sarracenos había alcanzado a las tropas cristianas. En su caso había tenido suerte que la saeta había resbalado por su casco, sin herirle, y rebotado en su cota de malla. Pero algunos de sus caballeros no podían decir lo mismo...”


La cuña de caballeros de las Ordenes Militares, detenida después de atravesar la unidad de peones, es blanco de las atenciones de los hostigadores de Saladino, sufriendo bajas… y teniendo que retirarse después del chequeo de moral, quedando además desorganizada
.
“El Maestre del Temple se rehizo de su aturdimiento, y volvió su cabeza hacía atrás. Lo que vio le nublo la vista de la rabia… sus templarios y los hospitalarios se habían retirado a cubierto de la infantería, y otra vez tenían a esta entre ellos y los odiados ayubíes. Ardiendo de ira no contenida, cabalgo hacia la retaguardia de los peones, atravesando las lineas de estos sin ningún miramiento...”


“El Rey de Jerusalem había sido testigo del fiasco de la carga de los caballeros de las Ordenes Militares, y, recelando del talento militar del maestre del Temple, decidió avanzar para tratar de organizar el desastre que había creado el de Rideford. Sabía que con esto, podría crearse un enemigo peligroso, al humillar en público a este, pero veía que era la única opción que le quedaba al ejército para salir de aquel atolladero. Así que encomendándose a Nuestro Señor Jesucristo, avanzo para ponerse al frente de las Ordenes.

Gerard de Rideford, mientras tanto, se desesperaba dando alaridos a diestro y siniestro, consiguiendo unicamente aumentar el desorden. No vio venir al Rey hasta que lo tuvo al lado, y casi le llegó a gritar en las narices cuando advirtió la presencia del monarca, sin reconocerlo al principio… un grito que quedo abortado en su garganta cuando cayo en la cuenta de a quien tenía delante.

- Maestre Gerard – dijo Guido, intentando tener un poco de tacto – Quizás podría colaborar con vos para la carga...”

Los Caballeros de las Órdenes se recuperan del desorden, mientras que los infantes se mueven acercándose un poco más a los ayubíes… estamos llegando al momento culminante de la partida.

“Mientras tanto, en el otro lado, Saladino también tenía sus problemas. No tenía noticias de los beduinos, y los kurdos no acababan de atravesar el desfiladero para rodear a los francos. Menos mal que su línea estaba desplegada bloqueando a estos, aunque temía que en cualquier momento, de la nube de polvo que tenía enfrente surgieran los temibles caballeros cargando. Si eso aún no había sucedido, sería porque el desorden que habían causado sus hostigadores había causado su efecto, aunque no creía que eso fuese a durar demasiado… musitó una plegaria a Alá para que nublase el entendimiento de los cristianos y se volvió hacia una de sus mensajeros:

- ¡Rápido! Necesito saber que pasa con Gökböri y con al-Adil… ¡De inmediato!

Al punto, dos jinetes partieron galopando furiosamente...”


Nuevamente, la orden a las tropas en marcha de flanco falla, y los kurdos siguen discutiendo sobre quien pasa primero… (la verdad es que, en la tensión de momento, se me olvidó dar la orden a los kurdos de avanzar, y Saladino falló un chequeo. Todo esos factores se iban acumulando…).

“Una vez más, la cuña de los caballeros de las Órdenes Militares se puso en marcha… pero esta vez, era diferente. El Rey de Jerusalem se encontraba al frente de la formación, flanqueado, a su derecha e izquierda, por los maestres del Temple y del Hospital y, junto a estos, los mejores hombres de su guardia personal. El monarca había alzado su celada para dejar ver su rostro, y la expresión preocupada del mismo conmovió a los peones con los que se iba cruzando al volver a atravesar la formación las líneas de estos. Muchos se santiguaron, sabiendo que, si el propio Guido se implicaba, era la carga definitiva, y bastantes otros aún con las gargantas secas y las voces roncas, comenzaron a vitorear al rey. Esta vez, atravesar a la infantería fue mucho más fácil…”

De nuevo los caballeros pasan a través de la infantería, y, esta vez, los hostigadores musulmanes no consiguen desorganizarlos…

“Saladino empezaba a impacientarse. Su plan de batalla empezaba a desbordarse, a falta de noticias de los beduinos enviados al flanqueo del ejército cruzado, y la lentitud del movimiento de los kurdos. Su infantería seguía cerrando el paso a los cristianos y, detrás, sus fieles mamelucos y los jinetes de su guardia constituían una potente reserva. Pero no estaba seguro de si eso bastaría para detener una carga decidida de los temidos caballeros del Temple y del Hospital, Alá los confunda… el tiempo se agotaba en ambos lados.”

La línea cristiana avanza, otra vez los caballeros de las Órdenes Militares atraviesan a los infantes, y, esta vez se lanzan, por fin, a la carga…

“Guido bajó su celada, se encomendó a Nuestro Señor y a todos los santos que pudo recordar en ese momento, y gritó en para hacerse oír:

¡Por Jesucristo, la Vera Cruz! ¡A la carga! ¡¡¡DEUS VULT!!!

La cuña empezó un trote, que rápidamente se convirtió en un galope. Al frente, Guido alcanzó a ver, al salir de la nube de polvo que los envolvía, las líneas de infantes sarracenos… ¡Ahora o nunca!”


“Los infantes ayubíes notaron un tamborileo sobre el terreno que iba aumentando en intensidad, y después, los más avispados advirtieron un destello metálico a su frente, entre el polvo… al que siguieron otros y otros… para después ir seguido de la aparición de los primeros jinetes enemigos, a los que siguieron más y más… y muchos más.

Uno de ellos pronto dio la voz de alarma:

- ¡¡¡Los frany!!! ¡Vienen a la carga!

Saladino oyó el grito y miro con aprehensión hacia la nube de polvo donde estaba el enemigo. Pronto acomodó la vista al fulgor de la arena y pudo apreciar que era verdad, decenas de caballeros cristianos salían de entre el polvo al galope para cargar sobre sus tropas. Reconoció al punto los estandartes sobre ellos, blancos y negros con las cruces rojas y blancas respectivamente… los odiados fanáticos de los que los frany llamaban las “Órdenes Militares” . Pero también advirtió al frente de la cuña enemiga el pendón del rey de Jerusalem... “

La carga cristiana se lanza sobre los infantes musulmanes. Estamos en pleno clímax de la batalla.
¿lograrán los caballeros su objetivo o se estrellaran contra la resistencia de las tropas a pié de Saladino?

“Los guerreros fanáticos de Saladino, sus Ghazi, vieron venir a los cristianos y un alarido, seguido de sus gritos de batalla, surgió de sus filas:

- ¡Ala es grande! ¡Muerte a los frany!

Apretaron los dientes y se dispusieron a resistir la carga y hacer pagar a los odiosos caballeros su osadía. A su lado, los arqueros sudaneses tensaron sus arcos y lanzaron varias descargas a los enemigos, confiando en, si no detenerlos, por lo menos causarles las suficientes bajas como para evitar ser arrollados…

Guido fijó su vista en la línea que tenía enfrente, empezando a ver más detalles según su galope le iba acercando a ella. Empezó a distinguir a los combatientes individuales donde antes había una simple línea oscura entre el resplandor de la arena. De improviso este resplandor menguo un tanto, por lo que creyó el paso de una nube sobre el sol abrasador… pero pronto advirtió que esa nube no era sino de flechas lanzadas por los enemigos...”


La carga de los cristianos de dirige sobre la línea de los arqueros sudaneses, los cuales tratan de defenderse de la mejor manera posible. Estos están apoyados por otras unidades, como los Ghazi y la milicia, con los cual, a pesar de que los caballeros en combate cuerpo a cuerpo tienen muchas ventajas, sobre todo en el número de dados de combate, estas casi se equilibran con los apoyos.

"Las flechas cayeron sobre los caballeros, muchos de ellos resultaron alcanzados, pero esto no menguó un ápice el ímpetu de la carga... la cuña de caballeros se estrelló contra las líneas de infantes ayubíes y empezó la masacre...”

Y seguimos en el momento culminante de la batalla:

“Guido, secundado por los maestres del Temple y del Hospital, repartía mandobles a diestro y siniestro, descargando su frustración sobre los sarracenos. Estos no daban aspecto de ceder en el combate, aunque la cuña de caballeros se iba incrustando cada vez más profundamente en sus líneas, causando muchas bajas. Pero aún había muchos más hombres de Saladino detrás de los que caían...”

En el combate subsiguiente a la carga de los caballeros cristianos, reñido, ambos jugadores lanzan los dados de combate y aplican los resultados, con resultado…

“Pero algo pasaba… Guido se encontró sin oponentes y pudo dar un vistazo a su alrededor. Los peones enemigos parece ser que ya no se acercaban a os caballeros, sino que retrocedían en formación cerrada, dándoles un frente de escudos que los caballos de los cristianos no podían atravesar...”

La caballería cristiana carga sobre los hostigadores, que la evaden, y seguidamente en la persecución consiguiente chocan contra la línea de infantería de Saladino. El resultado del combate es desfavorable a los egipcios, que pierden el mismo, pero su chequeo de moral por suerte solo hacen que se retiren desordenados.

“El rey de Jerusalem observó al enemigo en retirada, y después a los caballeros que le rodeaban… le sorprendió que estos conservasen la calma y no persiguieran alocadamente al enemigo en retirada, como solían hacerlo la mayor parte de los nobles que conocía, imbuidos de ese sentimiento caballeresco y guerrero que muchas veces nublaba la mente en medio del combate y que la mayor parte de las ocasiones llevaba a esos mismo caballeros al desastre. Miró a su alrededor buscando a los maestres de las Órdenes y los encontró un poco más allá, cubiertos de sangre... curiosamente parecía que Garbier de Nablús sostenía a su colega Gérard de Rideford… se acercó a ambos para ver que ocurría.

El maestre del Hospital vio llegar al monarca y sin dejar de sujetar al de Rideford, le habló.

- ¡Majestad! El maestre Gerard esta un poco aturdido…

Guido comprendió rapidamente una de las razones por las cuales no había habido persecución. El impetuoso Gérard de Rideford no había podido salir galopando tras el enemigo, como solía ser su costumbre, y Garnier de Nablús, más prudente y comedido, había preferido esperar y reorganizar a la cuña de caballeros, sabedor que muchas veces la precipitación había arrastrado a la catastrofe a las tropas cristianas. De repente un grito llamó su atención:

- ¡Señor! ¡Mirad enfrente!

Guido de Lusignan dirigió su vista hacía donde ya miraban casi todos los caballeros que le rodeaban. Allí, al frente, donde estaba el enemigo. Las líneas de infantería se retiraban, pero había un movimiento extraño, y pronto averiguo que era: la caballería ayubí, los temibles mamelucos egipcios, estaba atravesando las líneas de infantes para desplegarse ante los caballeros y hacerles frente...”

La retirada de los infantes sarracenos da la oportunidad a la caballería de Saladino de intentar ahora cargar, para intentar aprovechar una posible ventaja.

“Saladino soltó un bufido de alivio, dando gracias a Alá porque su infantería había resistido la carga cristiana sin romperse, aunque hubiese tenido que retroceder. Era el momento de aprovechar la detención de los caballeros en medio de la tierra de nadie por medio de una carga de su propia caballería. Sabía que en condiciones normales, los cristianos llevaban ventaja en el combate, pero el desgaste del combate y el cansancio iban a igualar las cosas. Y existía la oportunidad de coger a los caballeros por sorpresa, impidiéndoles contracargar… Como buen jugador de ajedrez, era el momento de mover otra pieza de sus huestes...”

Le toca ahora al sarraceno mover… y lo que va a hacer es lanzar una carga de su caballería sobre la cristiana.

“Saladino comprendió que debía jugarse el todo también en este combate, y espoleó a su caballo. Sus guardias personales lo siguieron sin dudar, y el Sultán se movió para colocarse frente a sus jinetes. Dando la espalda al enemigo, los arengó:

- ¡Creyentes! ¡Es el momento de cargar sobre esos perros templarios! ¡Están agotados y detenidos y serán fácil presa de nuestras cimitarras! ¡Espolead a vuestros corceles y… SEGUIDME! ¡¡¡ALÁ ES GRANDE!!!

Una alarido se elevo de la masa de los mamelucos, seguido de gritos coreando la admonición que había lanzado su jefe. La formación de caballería salío disparada contra los cristianos, aullando y blandiendo sus armas sobre sus cabezas… Saladino sonrió bajo su casco, era el momento y la oportunidad, y no habría otra. Si lograba desbandar a los caballeros de las Ordenes Militares, la infantería que estaba detrás podría ser presa fácil. Así que afirmó sus estribos y cabalgó, al frente de sus tropas, hacía el enemigo...”


“El rey de Jerusalem seguía observando a los mamelucos de Saladino, cuando varios destellos del sol sobre sus filas llamaron su atención. En un principio no acertó a saber el por qué, pero pronto se dió cuenta que eran los reflejos del astro rey sobre las armas desenvainadas de los sarracenos al voltear sus espadas sobre sus cabezas. No había tiempo que perder, una vez más había que luchar por la Fe en Cristo, por los Santos Lugares… Volvió grupas un momento para arengar, a pesar de que la sequedad que tenía en su garganta, a sus tropas:

- ¡Frates! - trato de elevar la voz, pero casi lo que salió de su boca fue un chillido, por la sed - ¡Los enemigos cargan sobre nosotros! ¡Es hora de hacerles frente con la verdadera Fe! ¡A ellos!

Se volvió de nuevo y fustigo a su cansado montura, la cual respondió iniciando un trote que poco a poco se fue acelerando. Los belfos de su caballo estaban blancos de la espuma reseca, y Guido comprendió enseguida que poco más podría hacer con su corcel si pronto no encontraban agua. Era el momento. No cabía una segunda oportunidad...”


Contra la carga de los jinetes pesados de Saladino, el cristiano responde con una contracarga de los Caballeros de las Órdenes Militares. Ambas unidades se acercan y se encuentran a medio camino de la distancia que las separaba, y entonces…

“Saladino vio claramente que los caballeros cristianos cargaban a su encuentro, así que se preparó para el choque brutal que se avecinaba. Sabría que los bardos y cronistas cantarían esta batalla en ambos bandos con tintes épicos pero que lo realmente importante sería quien venciera… Apretó los dientes, y giró levemente la cabeza a ambos lados. A su alrededor, sus seguidores aullaban al galope, rodeando a su líder. Fijó su vista al frente, tomo como objetivo a un caballero que se destacaba del resto en la formación enemiga y se sumergió en el combate...”

“El estruendo al encontrarse las dos formaciones fue estremecedor. Decenas de jinetes fueron desmontados al primer envite, y pronto el combate degeneró en una melée donde cada uno trataba de herir y no ser herido. En un principio no parecía que nadie tomase ventaja, pero poco a poco...”

Ruedan los dados. Las bajas son fuertes en ambos bandos pero los que se llevan la peor parte…

“Poco a poco, a pesar de los esfuerzos de Saladino, sus hombres empezaron a ceder terreno.”

La superior calidad de los caballeros cruzados, amén del impacto inicial de sus lanzas de caballería, se cobran su tributo.

“Saladino no se rindió. Era el momento del esfuerzo supremo, así que decidió que la solución era tratar de encontrar al líder enemigo, y pronto lo encontró. Sobre las filas cristianas se levantaba el estandarte del Rey de Jerusalem, y el Sultán se dirigió derecho a donde este se encontraba, repartiendo mandobles por el camino a quien se cruzase en su camino. Sus guardias lo siguieron sembrando la muerte a su alrededor, pero pagando un alto precio…”



“Guido de Lugsinam acometía a los infieles con rabia, sabedor de que cada enemigo que le hiciese frente era un obstáculo para salir de la trampa en la que estaba el ejército cristiano. El brazo comenzaba a pesarle, pero no dejaba de repartir mandobles. A su alrededor, los caballeros de las Órdenes hacían lo propio, y Guido podía ver cómo iban abriéndose camino poco a poco, pero, eso sí, no sin pagar un pesado tributo. Pero las bajas ayubies también eran muchas, y el rey confiaba en que podrían pasar…”

“Repentinamente un griterío, que poco a poco se imponía sobre el normal de la batalla, le sobresalto. Un aullido coreado por decenas de voces que se iba acercando… Guido se tomó un respiro para localizar el origen del sonido, protegido por los caballeros que tenía alrededor. No tardó en encontrar el origen del sonido. Una cuña de caballeros infieles, encabezados por un jinete en reluciente cota de malla montado sobre un alazán azabache, negrísimo y de ojos refulgentes, que repartía golpes con su cimitarra a diestro y siniestro abriéndose paso en su dirección. Guido tragó saliva al darse cuenta de que era el mismísimo Saladino, rodeado de su guardia, el que se le venía encima…”


La tirada de dados de combate es desfavorable para los musulmanes, y pierden el combate. Pero ahora hay que ver qué pasa con los líderes implicados en combate. Vuelven a rodar los dados y…

“El rey de Jerusalem estaba como paralizado viendo combatir al Sultán. Tardó en reaccionar, y cuando lo hizo, Saladino prácticamente estaban al lado suyo. El musulmán despacho de un revés con su cimitarra al último caballero que lo separaba de Guido, y este pudo ver su mirada febril clavada en él. Saladino levanto su arma y se dispuso a golpear a Guido, que reacciono una milésima de segundo tarde… el mandoble se dirigió sobre su cuello, mortal de necesidad…”

“Pero no llego a su destino. Un espada se interpuso en el camino de la cimitarra del Sultán. Guido miró a la hoja que le había salvado la vida, y a quien la empuñaba… Gambier de Nablús, el maestre del Hospital, acababa de parar el golpe de Saladino. Este le dirigió una mirada de puro odio, todos sabían que había calificado a Hospital y Temple como “esas órdenes impuras”… trato de revolverse contra Gambier, pero este, fintando con su espada, paró de nuevo el golpe, desequilibrando al Sultán… fue suficiente. Un golpe de la espada del Gran Maestre del Hospital alcanzó a Saladino, quien, con sus ojos centelleando de odio, soltó su arma y cayo de su montura, perdiéndose entre el polvo… El señor de Nablus se volvió sobre el rey.

- ¿Majestad?

Guido asintió, aún aturdido de la rapidez con que había ocurrido todo.

- Estoy bien maestre. ¡Sigamos adelante!

Gambier asintió, y, situándose al lado del monarca, procedió a seguir abriéndole paso. Pero ya casi no era necesario. La mayoría de los jinetes ayubíes que no habían muerto, se batían en retirada. Guido dio mentalmente las gracias a Dios, y siguió al Maestre en el avance…”

Mientras Guido se salva por los pelos, con Saladino no pasa lo mismo y el Sultán parte derecho al jardín de las delicias a disfrutar de las huríes que le corresponden como caído en combate…

En la persecución, los caballeros vuelven a contactar con la infantería musulmana, que, tocada como está, apenas presenta resistencia y se desbanda… lo que hace que la batalla de Saladino sufra más del 50% de pérdidas en unidades y se desmoralice a su vez, abandonando el campo de batalla y dándole la victoria a los cristianos.

“El rey de Jerusalem casi estaba agotado completamente. Parecía que el número de enemigos que le salían al paso era inagotable. Despachó con un tajo a otro infante ayúbida y buscó otro enemigo al que combatir… pero no había nadie delante suyo. Levanto la vista y vio la llanura pedregosa bajo el sol libre de formaciones enemigas. Un poco más adelante, nubes de polvo señalaban el galope en huida de los jinetes ayubíes. Desmontó cansadamente, y arrodillándose delante de su espada, dio gracias a Nuestro Señor. A su alrededor, primero los caballeros Templarios y Hospitalarios y después el resto del ejército prorrumpieron en vítores, roncos por las gargantas resecas. No había tiempo que perder, Tiberiades y el agua aguardaban delante, era imperioso llegar cuanto antes. Montó de nuevo y, señalando al frente, dio la orden de marcha…”

Y aquí ponemos punto y final a esta crónica, en el 832 aniversario de la batalla real, con un resultado totalmente opuesto al histórico. El ejército cristiano ha vencido, y Saladino ha muerto en combate. Puede que la Segunda y la Tercera Cruzadas no sean necesarias, y Ricardo Corazón de León no llegue nunca a salir de Inglaterra, con lo que eso puede conllevar... pero eso, amigos, es, como se dice, "otra Historia". "

Dejando aparte la calidad de la prosa... abro el debate para que opinéis que hubiese pasado si los hechos hubiesen sido como los he narrado.


"Wellington esta acabado, Sire. Muy mal se nos tiene que dar".

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Lutzow »

Muy interesante, Tirador... Tienes que cambiar lo de Reinaldo de Chatillon como Príncipe de Antioquía (hacía más de veinte años que dejó de serlo), en el periodo de Hattin era simplemente el Señor de Transjordania, por lo tanto si divides el Ejército cristiano en dos Divisiones una de ellas debía estar comandada por Raimundo de Trípoli, un caballero más relevante y con mucha más ascendencia sobre la nobleza local que el chalado de Reinaldo...

Respecto a la batalla en sí pienso que estaba perdida desde que se abandonó los bien abastecidos campos de Seforia, no sé cómo se juega pero a la falta de agua no le pondría un -1 sino un -5, no se puede combatir deshidratado... En el caso de una improbable (para mí imposible dadas las circunstancias y con un Rey que era un inútil al frente) victoria cristiana, obviamente no hubiese existido Tercera Cruzada, no al menos en los tiempos de Ricardo I, y el Reino de Jerusalén hubiese seguido siendo un Estado importante en Tierra Santa, por cuánto tiempo resulta complicado de elucubrar...

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Tirador »

Lutzow escribió:Muy interesante, Tirador... Tienes que cambiar lo de Reinaldo de Chatillon como Príncipe de Antioquía (hacía más de veinte años que dejó de serlo), en el periodo de Hattin era simplemente el Señor de Transjordania, por lo tanto si divides el Ejército cristiano en dos Divisiones una de ellas debía estar comandada por Raimundo de Trípoli, un caballero más relevante y con mucha más ascendencia sobre la nobleza local que el chalado de Reinaldo...

Respecto a la batalla en sí pienso que estaba perdida desde que se abandonó los bien abastecidos campos de Seforia, no sé cómo se juega pero a la falta de agua no le pondría un -1 sino un -5, no se puede combatir deshidratado... En el caso de una improbable (para mí imposible dadas las circunstancias y con un Rey que era un inútil al frente) victoria cristiana, obviamente no hubiese existido Tercera Cruzada, no al menos en los tiempos de Ricardo I, y el Reino de Jerusalén hubiese seguido siendo un Estado importante en Tierra Santa, por cuánto tiempo resulta complicado de elucubrar...

Saludos.
Muchas gracias por la puntualización sobre el de Chatillon, se lo comentaré al otro jugador, que fue el que hizo las listas y puso a los caballeros cristianos al mando de cada división.

Lo del -1 ya es una penalización considerable, si tenemos en cuenta que las tiradas de moral de hacen con dos dados de seis caras. Quizás un -2, no te lo discuto. -5 en una tirada de 1-12 ya es excesivo.

En este reglamento, los generales tiene un valor de activación con respecto a su calidad. Es posible que lo lógico hubiese pasado por penalizar más a Guido y potenciar a Saladino.

Y sí, frente a un líder de la altura del musulmán, los cristianos que estaban al mando no estaban en su mayoría a la altura... en particular a mi juicio Guido de Lugsinam y Gérard de Ridefort.
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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Lutzow »

Tampoco creo que Saladino fuese un gran General, si los cristianos hubiesen permanecido a la defensiva en Seforia como hicieron unos años antes en las Piscinas de Goliath, con seguridad no hubiese logrado nada más allá de tomar Tiberíades... Sí tuvo la inteligencia de lanzar la caña a ver si el rival picaba y los cristianos lo hicieron, tanto por culpa de Guido como de Ridefort como de Reinaldo, el trío maldito para el Reino de Jerusalén...

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Tirador »

Saladino no era tanto buen general como buen político, y, sobre todo, oportunista. Supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron, aunque también reconozco que tuvo sus fracasos sonados. Pero creo que una desaparición anticipada del personaje hubiese supuesto que la caída de los reinos cristianos posiblemente su hubiese dilatado más en el tiempo. Quien sabe... diez, veinte, ¿tal vez cincuenta años?
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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Lutzow »

Quizá incluso más, depende de la desunión entre los musulmanes y la capacidad de sus propios Reyes... Hasta Hattin el Reino de Jerusalén era un poder muy a tener en cuenta en la zona, bien gobernado quién sabe cuánto tiempo más hubiese podido continuar siéndolo, el problema es que ante un mundo musulmán unido (tarde o temprano se daría) jugaba en el filo de la navaja y un Rey patán como Guido podía hundirlo en una sola jornada, como realmente ocurrió...

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Fernando Martín »

Antes o después los reinos cristianos hubiesen caído. Las personas pueden ser decisivas como Saladino en su momento, pero en los siglos XIII y XIV, el Islam era equiparable en términos militares a los "francos" y en la zona su superioridad numérica era aplastante.
Los reinos cruzados dependían continuamente de refuerzos de Europa occidental. Y habría épocas que, por las razones que fueran, no tendría acceso a ese aporte humano.
a por ellos que son pocos y cobardes

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Lutzow »

No lo veo así, en tiempos de Guido el Ejército del Reino de Jerusalén podía alistar unos 20.000 hombres, una cifra importante que además se podría incrementar con el paso de los años siguiendo una política de contención militar... Los refuerzos provenientes de Europa en varias ocasiones solo servían para deteriorar el equilibrio en Tierra Santa al no conocer los diferentes pactos que podía alcanzar la nobleza local, la Segunda Cruzada es un ejemplo de ello...

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por JackHicks236 »

Antes de nada, dar mi enhorabuena a Tirador por el excelente relato de la batalla. Impresionante; me he sentido como si estuviera allí, en los campos áridos y tórridos de Oriente Próximo. :Bravo
Aunque con mucho dolor en mi corazón (no sabes cuanto :-... ) tengo que darle la razón POR ESTA VEZ (y que no sirva de precedente :-e ) a Lutzow. Debido a la mala gestión de los mandos, el ejército cruzado no estaría en condiciones de combatir de igual a igual contra las huestes de Saladino. Muy mal le tenía que haber ido al infiel para perder esa batalla; pasó lo que tenía que pasar.
La Batalla de Hattin es una de esas batallas que guardo en el corazón, junto a las Navas de Tolosa y la Caída de Constantinopla (que fueron las que voté como las más decisivas de la Edad Media). Son combates en los que se juega el futuro de la civilización occidental, que por razones supongo políticas, nos las han querido disfrazar de guerras de fanatismo religioso absurdas. No lo fueron.
Nunca sabremos que hubiera pasado si Saladino hubiera muerto en Hattin, pero siendo muy optimistas, supongamos que el reino de Jerusalén nunca cae, que al no haber Tercera Cruzada (lástima, nos hubieramos perdido a Ricardo I Corazón de León repartiendo leña a los infieles en Arsuf y Jaffa) quizá no hubiera ocurrido esa catástrofe que fue el saqueo de Constantinopla de 1204. Los musulmanes no hubieran tenido una gran cohesión y los mongoles hubieran hecho mucho más daño a estos de lo que ya hicieron. Quizá el Imperio Otomano hubiera podido, finalmente, con el control de los cruzados en Palestina. Pero todo esto es pura fantasía y especulación. :-(*)

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Prinzregent »

Si en lugar de Hattin fuera Montguisard (diez años antes) donde Saladino se salvó literalmente por los pelos (y el sacrificio de su guardia personal), se habría podido construir el castillo del Vado de Jacob (sin el ataque que lo destruyó) y obviamente, ni Seforia ni Hattin hubieran tenido lugar, al menos en los mismo términos.
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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Prinzregent »

Añado tras terminar de leer el relato de Tirador que la Tercera y sucesivas al vez no fueran necesarias... pero la segunda fue unos cuarenta años antes de Hattin y fracasaría ante Damasco...
“¿No es extraño?; los mismos que se ríen de los adivinos se toman en serio a los economistas”. Anónimo

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por Lutzow »

... fracasaría ante Damasco porque el verdadero enemigo era Alepo, algo habitual en la Historia de las Cruzadas, los recién llegados no entendían nada de la geopolítica de la zona, solo tenían en mente atizar al musulmán, sin tener en cuenta las alianzas que pudiesen haber tejido los nativos de los Reinos cristianos de Ultramar con sus vecinos.
JackHicks236 escribió:Aunque con mucho dolor en mi corazón (no sabes cuanto :-... ) tengo que darle la razón POR ESTA VEZ (y que no sirva de precedente :-e ) a Lutzow.
Pero qué dices Jack, a estas alturas ya deberías saber que yo siempre tengo la razón... :-B

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Re: What if? Saladino, derrotado y muerto en Hattin.

Mensaje por JackHicks236 »

Lutzow escribió:Pero qué dices Jack, a estas alturas ya deberías saber que yo siempre tengo la razón... :-B
Claaaro... :pre:
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