Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

¿Que hubiese pasado si...? Situaciones hipotéticas de la Historia Militar.
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Este subforo está pensado para analizar sucesos históricos y el rumbo de los acontecimientos en base a decisiones que se tomaron o no. Aunque es hilo para teorías e hipótesis, siempre se ha de hacer con un mínimo de seriedad y lógica en base a la información real existente del periodo a analizar. Por abusos tomados por algunos usuarios, aquellos hilos que desemboquen en una dinámica de fantasía sin objetividad podrán ser cerrados sin previo aviso por el moderador correspondiente.
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Satur
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Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

Aunque voy a publicar los primeros pasos de esta ucronía en mi cuenta, se trata de un esfuerzo de varios foreros. Intentaremos tratar cómo hubiera sido la guerra si Estados Unidos se hubiese tenido que enfrentar por sí solo contra el Eje. ¿Hubiese podido ganar? ¿En qué condiciones? ¿Cómo hubiese tenido que transcurrir todo para que Inglaterra y Rusia (vaaale, Reino Unido y la Unión Soviética) quedasen fuera? Intentaremos verlo, que sea algo factible y razonado y, si puede ser con cierto estilo literario, mejor.
Y, para empezar, un título que mezcla lo épico con el lenguaje del boxeo.

CUANDO LUCHAN LOS TITANES. Segundos fuera.

O de cómo el titán americano llegó a luchar solo contra los titanes del Eje en dos océanos y cuatro continentes.

Todo empezó a cambiar el 15 de septiembre de 1940. El presidente Roosevelt mantenía una temprana reunión con sus colaboradores de campaña para establecer las cuáles serían los Estados más disputados en la carrera electoral. Debido a las consecuencias de la polimielitis prefería hacer campaña en los estados más cercanos aunque sabía que su rival Wendell Willkie se había embarcado en una maratoniana sesión de viajes en tren. De todas formas ya había ideado lo que iba a hacer. Como Willkie era el menos aislacionista de los que se habían presentado por el partido Republicano, sabía que debía centrarse en sus puntos débiles, y el más débil era que poca gente lo conocía. Habían establecido que no hablaría de Wendell Wilkie, como si no existiera, quería convertir la elección Roosevelt-Wilkie en la elección Roosevelt-Quién.

Imagen
Wendell Willkie.

En ese momento se abrió la puerta y entró el hombre en quien más confianza tenía, Harry Hopkins. Un hombre delgado y desgarbado, que parecía vestir siempre trajes demasiado grandes para su talla, pero que escondía una capacidad de trabajo y una tenacidad capaces de conseguir cualquier cosa.

-Ah, Harry, ¿no salías a primera hora para Richmond? Si Willkie acepta dejar el trato Destructores por Bases con los ingleses fuera de las elecciones...- Se detuvo al ver el rostro de Hopkins. Pasaba algo grave y sólo el enorme respeto que sentía por Franklin Roosevelt le impedía interrumpirle- ¿Qué ocurre?

Por toda respuesta, Hopkins le tendió un formulario amarillo que tenía un telegrama pegado, aún olía a cola.

TREN ELECTORAL WILLKIE ESTRELLADO AFUERAS HINTON VIRGINIA OCCIDENTAL STOP CANDIDATO WENDELL WILKIE IDENTIFICADO VICTIMA MORTAL STOP CANDIDATO VICEPRESIDENTE MCNARY DESAPARECIDO PRESUMIBLEMENTE AUN ATRAPADO RESTOS TREN STOP

La cara de Roosevelt se puso del mismo color que tenía la de Hopkins. Miró a su amigo y preguntó algo tan obvio que él mismo se arrepintió.

-¿Y ahora qué?

-Probablemente el comité del Partido Republicano nombrará candidato a Taft -Dijo Hopkins que había tenido más tiempo para pensar- Después de todo llegó a la última votación contra Willkie.

La cara del presidente se amargó aún más. Taft era más aislacionista y más conocido, iba a ser muy difícil ganar en muchos sitios.

-Siéntate, Harry, tenemos que establecer una nueva estrategia.

Continuará.


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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

Robert Taft estaba cansado, pero no se le notaba. Como parte de su experiencia en el Senado tenía un aguante físico extraordinario que le había mantenido en marcha en el mes que llevaba de campaña desde que el comité del Partido Republicano le había ofrecido la candidatura, no, aún antes, desde el accidente de Wilkie. La mayoría de sus colaboradores se habían marchado ya a sus quehaceres habituales y no fue fácil reconstruir su equipo y empezar el cabildeo para conseguir la nominación. Por suerte, Dewey no tuvo éxito en su intento de que hubiera otra convención. Sencillamente no había tiempo con la campaña ya en marcha.

Imagen
Robert Taft, el nuevo candidato.

Sin embargo, tuvo que aceptar algunas componendas que no eran de su agrado y ahora algunos senadores selectos le habían pedido que recibiese discretamente al enviado de Roosevelt, ese perro faldero que era Harry Hopkins. No, era injusto con Hopkins, el hombre tenía todas las ideas equivocadas con respecto a ese New Deal. Tonterías, ¿para qué necesitaba su país un nuevo acuerdo si las ideas de la Constitución seguían vigentes? Antes habían pasado muchas crisis y siempre se habían recuperado. Sin embargo, la valía personal de Hopkins era indiscutible y menospreciarlo en plenas elecciones sería un error mayúsculo.

Se tuvo que recordar esas palabras cuando entró el enviado de Roosevelt. El hombre tenía una imagen apropiada para dar una charla a una reunión de señoras de alta sociedad que dudasen a qué causa dedicar alguna cantidad de dinero, pero le resultaba difícil tomárselo en serio. Había algo en su aspecto que le hacía bajar la guardia y Taft una vez más se dio a sí mismo un toque de atención.

-Señor Hopkins, un placer verle de nuevo.

-Señor Taft, le agradezco que me haya recibido. Le traigo un mensaje personal del Presidente.- Dijo esta frase como si fuese el representante de Dios en la Tierra, parecía que iba a decir que Roosevelt era el único Dios y Hopkins su profeta.

-Siéntese, por favor, le escucho con atención.

-Señor Taft, antes de que empezase la campaña electoral habíamos llegado a un acuerdo con el señor Willkie para dejar fuera de la propaganda el acuerdo con el Reino Unido de entregarles Destructores a cambio de Bases para nuestra Flota. Nos gustaría que este entendimiento se mantuviese y, al ser asunto de Estado, quedase fuera de la discusión entre partidos.

Taft esperaba esto. Ya le habían informado del entendimiento entre Willkie y Roosevelt junto con sutiles indicaciones de lo beneficioso que sería mantenerlo.

Pero él tenía otras ideas.

-Me parece increíble que en estos tiempos, cuando más debemos ser fuertes- Dijo con voz clara y algo melodramática- el Presidente se desprenda de 50 destructores que nos serán muy necesarios. Si viene esperando que consienta en un expolio así para nuestra defensa, puede volver ante su amo y decirle que nunca me someteré a una ignominia así.

-Pero, señor Taft…

-Aún debo decirle más, señor Hopkins- Le interrumpió Taft- Que el señor Roosevelt se presente por tercera vez a un mandato rompe todas las tradiciones de nuestra democracia. El propio Washington se negó a hacerlo para protegerse de la tentación de acumular demasiado poder, y también su primo Theodore Roosevelt. ¿Acaso se cree él mejor que el padre de nuestra patria? Y, sin duda, su intención es arrastrarnos a una guerra para conseguir aún más poderes extraordinarios.

-Pero, señor Taft- A Hopkins le costaba mantener la calma, pero resultaba imposible decirlo. El viejo zorro disimulaba perfectamente ¿O acaso estaba calmado y simulaba indignación?- Es nuestro deber proteger la democracia amenazada en su cuna.

-La cuna de la democracia está en este país, y aquí debemos defenderla. Ya sea de enemigos externos o internos- No necesitaba decir a quién consideraba un enemigo interno de la democracia- Dígale al presidente que me tendrá enfrente, en las urnas y, si allí el pueblo elige otra cosa, en el Senado. No habrá connivencia con su intento de despojar a nuestra flota, de arrastrarnos a una guerra ni de aplicar más medidas bolchevizantes y controladoras.

=============================================================================================================================================================================================

Cuando Hopkins salió del despacho del candidato, su ceño estaba fruncido. Sabía que Taft quería que transmitiera un mensaje a Roosevelt. No hablaba así sino para hacerle saber cuáles iban a ser las líneas maestras de su campaña electoral. Era como una bravata enseñarle sus cartas y decir “¿qué puedes hacer contra mis dos ases?”

No le quedaba sino transmitir el mensaje y sus apreciaciones sobre el caso a Roosevelt. Pero sentía que debía hacer algo además de actuar de mensajero en esta ocasión. Tal vez hubiese alguna manera de romper su juego. Si pudiese reunirse con discreción con el embajador del Reino Unido, Lord Lothian. De ahí podían surgir algunas ideas, sugerir algunas acciones a realizar en la trastienda y, quien sabe, una actuación más directa. Después de todo, los británicos se jugaban mucho en las elecciones de Estados Unidos y siempre podían tener un plan B. Sí, le convenía hablar con Lothian sin que lo supiese Roosevelt. Siempre era bueno que pudiese negarlo todo.
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Lutzow »

Perfectamente narrado Satur, tengo la impresión de que este trabajo nos va a dar muchos meses de satisfacciones... :dpm:

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

También tengo la impresión de que esta satisfacción nos va a dar muchos meses de trabajo :wink:
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

J. Edgard Hoover se sentía a la vez satisfecho e inquieto. Satisfecho porque el presidente había apoyado la creación del SIS (Servicio Especial de Inteligencia) para crear una buena red de contrainteligencia en Sudamérica. Aquellos malditos apoyaban sin mucho disimulo a los nazis y él tenía que desmontar todo el trabajo que la Abwehr o como se llamasen esos espías comedores de sauerkraut llevaba a cabo en las repúblicas bananeras al sur del Río Grande. ¿Acaso no sabían que estaban interfiriendo en el patio trasero de los Estados Unidos?

Imagen
Hoover en las fechas del relato.

Sin embargo, también tenía una inquietud que lo reconcomía. Había tenido que destinar centenares de agentes para ampliar las plantillas de los agregados legales en las embajadas. Y, por supuesto, habían tenido que ser sus mejores agentes. No podía enviar a cualquiera a montar el contraespionaje cuando los alemanes se mostraban tan hábiles y contaban con las simpatías de muchos nativos.

Miró a los jefes de sección que estaban sentados en su despacho. Sabía que iban a hacer peticiones incómodas pero aún así confiaba en esos hombres. Habían ido ascendiendo en los momentos más difíciles, cuando el crimen organizado campaba por sus respetos por todo el territorio y los agentes federales eran pocos y no gozaban de la confianza de las fuerzas locales.

Pero se habían ganado esa confianza a golpe de trabajo duro, valor e introduciendo las últimas técnicas forenses. El caso es que cada vez que su organización conseguía un éxito, se encontraba con un desafío aún mayor. Después de todos sus logros, ahora le habían encargado ese SIS.

Hoover sería el último en quejarse. Le encantaban los desafíos y había reunido un equipo formidable. Cazaría a esos nazis en Sudamérica porque eso es lo que le habían ordenado. Mientras le dejasen las manos libres él cumpliría con las expectativas.

-Bien, ¿en qué puedo ayudarles, caballeros?- Que quedase claro que ellos no le ofrecían alternativas, iban a su despacho a conseguir ayuda. Porque si supiesen hacerlo estarían en el sillón de su lado de la mesa y no en una de las sillas que había enfrente.

-John- Era Clayton. Uno de los más antiguos que le podían tutear. Eso marcó el desarrollo de la reunión. Sería algo amistoso y no un desafío- Estamos en dificultades. Lo hemos discutido mucho antes de traerlo hasta aquí.

-¿De qué se trata, Clay? –Claro que ya lo sabía, siempre había alguien que se iba de la lengua, ya fuese por miedo o por ganarse el favor del jefe.

-Después de mandar a todos esos excelentes agentes al extranjero, andamos muy mal de personal. Y si fuera sólo eso.

-El caso es- habló Green- que la ampliación de las Fuerzas Armadas exige que comprobemos un montón de historiales. La gente que tenemos en Investigación está hasta arriba con lo que nos llega del SIS y los historiales militares. Aún más, un montón de agentes jóvenes deben dedicarse a buscar a desertores y a otros que no se presentan en las oficinas de reclutamiento cuando son convocados.

Edgar Hoover estaba encantado. Aquellos hombres que normalmente peleaban por el reparto de presupuestos y hasta por disputarse los mejores despachos se habían reunido y habían ensayado lo que debían decirle para convencerle. Todo por el bien común.

-¿Estamos descuidando algo? –Preguntó. En buena parte estaba de acuerdo con ellos y quería ver si habían pensado en todo.

-El caso- retomó la palabra Clayton- es que no tenemos suficientes agentes para hacer seguimientos a los jefes del crimen organizado, mucho menos para rastrear redes de espionaje en territorio nacional. ¡Maldita sea! Sabemos que los alemanes y los ingleses intentan influir en las elecciones y no tenemos personal para controlar todas las posibles filtraciones. Y eso si no se dedican a actos de sabotaje.
Hoover asintió, había sudado tinta para aclarar las causas del accidente en el que murió Wilkie. Pero si había sido sabotaje, había sido la obra maestra del sabotaje. No, un accidente sin ninguna duda. Eso le habían dicho los técnicos y eso había dicho él a Roosevelt y a los líderes de los partidos en el Congreso.

-Intentaré conseguir algún aumento de presupuesto para contratar personal extra que nos ayude con los expedientes militares. Llamad de vuelta a la mitad de los chicos que persigan a esos desertores, aún no estamos en guerra y no necesitamos a tantos. De todas formas, la mitad estarán en sus casas en unas semanas, así que la mitad de agentes serán suficientes.

-¿Podrá conseguirlo?- Preguntó Green.

-Sí, siempre que no descuidemos lo Otro.

Lo Otro era algo que no se comentaba por su nombre ni siquiera en aquel despacho que se rastreaba a diario para buscar micrófonos. Los mejores hombres del FBI, o de Hoover porque eran de su total confianza, se dedicaban a seguir y grabar a los principales políticos y personas destacadas de la sociedad nacional. Si alguno tenía una amante, un negocio sucio o cualquier esqueleto en el desván, él lo sabía. Era un hombre discreto y no creía que un asunto de cuernos fuera una amenaza para la seguridad nacional, pero siempre convenía tener un as en la manga si alguno de aquellos caballeros tan destacados pretendía obligar al FBI a hacer algo que no le gustase. Como nombrar otro director, sin ir más lejos.

Reinó el silencio por un momento. Luego tomó otra decisión, tal vez para aplacar su inquietud.

-Saca también gente de la vigilancia en los muelles. Aflojaremos un poco la presión sobre los sindicatos para tranquilizar a esos mafiosos. Quiero que los uses para aumentar la vigilancia sobre los diplomáticos. Si tienen una red de espionaje debe pasar por las embajadas.

Todos asintieron. No les gustaba pero al menos ahora tenían directrices claras. Con las elecciones tenían mucho cuidado de no pisar donde doliese. Nunca se sabía lo que podía pasar. No podían imaginar que iban a desatar un lío de mil demonios.

-Volvamos al trabajo, muchachos- Hoover sabía ganarse a sus subordinados- No quiero que digan que los del FBI nos hemos vuelto unos vagos como los del Servicio Secreto.
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Bernardo Pascual »

Muy intrigante, promete. :dpm:
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“...Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”
Polibio

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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Prinzregent »

Con permiso de Satur, siguiente parte.

Imagen
El puerto de Nueva York en esos días.

Salvatore Michele notó algo extraño esa mañana cuando fue a trabajar en el puerto de Nueva York.
El número de poliziottos parecía normal, pero el de esos malditos federales era menor. Por lo pronto parecía que faltaban seis... no, siete, de los habituales.
Una preguntita de nada al viejo Tommie le confirmó que era algo general. Al menos cincuenta de esos malditos perros se habían largado de un día para otro.
Mientras rumiaba para sí se dirigió a su puesto en la refinería de Bayway pensando que esa noticia podía ser de interés para uno de sus conocidos.

******************************************************************************

- ¡Vamos Sal! ¡Qué vas a legar tarde!
- Ya voy condenado. No entiendo que prisa tienes por ir a casa con el espantajo que te espera.
- ¡¡Maldito espaguetti!!
- Púdrete, polaco del demonio.
Tras el intercambio de insultos habitual con Pulaski en los vestuarios se cambió y se dirigió a controlar la carga de combustible en uno de los buques que se preparaba para cruzar el Atlántico. Una maldita locura con los tedeschi hundiendo todo lo que se encontraban en su opinión, pero mientras pagaran...
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Prinzregent »

Salvatore Michele respiró profundamente, llenándose los pulmones con la enorme cantidad de olores urbanos que llenaban las calles de Little Italy. Entre los olores que destacaban se notaban particularmente el dulzón hedor procedente de los cubos de basura. Antaño no era raro que en alguno de los cubos escondidos entre los callejones hubiera algún cuerpo de alguien que no supo tener la lengua quieta y habló más de la cuenta y de lo que era adecuado para su salud, pero los Uomos d'onore parecían llevar ahora sus asuntos con más discreción.
Finalmente detuvo su deambular y se introdujo en un callejón entre las calles Hester y Mulberry, buscando la trattoria Luchessi.

Imagen
Una trattoria en la Nueva York de 1940.

No por primera vez pensó que era algo muy arriesgado para su amigo Santino poner ese nombre tan abiertamente, aunque gracias a Dios y a don Luciano, las cosas no eran tan peligrosas.
La puerta del local, situada en mitad del callejón estaba vigilada, por supuesto. Al menos había dos grupos de federales con cámaras que fotografiaban a todo el que entrase o saliese del local, pero los rumores callejeros que le había comunicado el pilluelo de Rizzo decían que sólo quedaba una pareja en lugar de los ocho que solían estar vigilando en turnos. Por si acaso no cambió su rutina, entrando por la izquierda.
Tras unos minutos hablando de naderías como de costumbre con Beppo, que era el encargado de dar el visto bueno para entrar en el local, y tras recibirlo fue lo que hizo.
- ¡Sal! ¡Qué bueno verte, ven, que te invito a un trago!
- Luego, Luigi, ahora tengo que hacerle un encargo a Santino para una fiesta.
- ¡Qué bien vives!
- ¡El que mejor vive de los dos eres tú, Luigi! ¡Que tu esposa te prepara unos platos della terra que es un milagro que puedas pasar por la puerta sin ponerte de costado!
Entre carcajadas Luigi le dio la razón y lo invitó a su casa. La prima de su mujer también iría y era muy guapa...
Santino estaba de pie tras la barra, limpiando un vaso mientras sus ojos no perdían detalle del local. Se podría asegurar que hasta conocía el nombre de las pocas moscas que sobrevivían
Al acercarse Salvatore puso el vaso en la barra y su mano se dirigió, por costumbre, hacia una botella de whisky, pero se detuvo al oír decir a Sal:
- No, Santino, ponme un vino de la tierra.
Entrecerrando los ojos Santino puso un vaso de vino de Aglianicco mientras Sal le decía en un susurro que era imperceptible para nadie que ni fueran ellos:
- Sé algo que puede interesarle a Pietro ...
- Tendrá que esperar. Ha recibido una carta de su tía abuela en Palerm...

El resto de la frase se perdió cuando un grito que indicaba una profunda rabia y sed de sangre se escuchó procedente de una puerta cerrada que llevaba a los servicios.
El local quedó en silencio, e incluso Beppo entró alarmado...
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

Mientras tanto, en un ambiente muy distinto.

Imagen
El Cosmos Club (No, Pelé no jugó aquí).

El señor Luton se dejó guiar por los pasillos del exclusivo Cosmos Club. Un selecto lugar donde se reunía la flor y nata de la inteligentsia de Washington. Aunque la pertenencia al club estaba severamente limitada a los que habían conseguido destacados logros en los campos de la ciencia, el arte o la literatura, ocasionalmente admitía a destacados profesores o figuras significadas por su colaboración en el servicio público.

Aprovechando sus muchos contactos, el señor Luton había conseguido con facilidad una pequeña sala muy discreta donde podría cenar con su invitado de hoy. Porque Luton no era otro que la identidad que usaba Harry Hopkins cuando quería alojarse con discreción en algún hotel mientras cumplía una tarea para su jefe. Se tenía por un hombre discreto y pensaba que los caballeros del Cosmos Club serían tan discretos como fuera necesario. Por supuesto que un miembro del Gabinete tenía muchas influencias y poder, y además la mayoría de los miembros eran proclives a las ideas de Roosevelt. Si alguno lo reconocía sería discreto.

Sin duda era un hombre discreto y un caballero, pero no tenía experiencia en asuntos como aquel, donde más que la discreción era necesaria la desconfianza y el secretismo.

El valet de chambre le acompañó hasta una puerta cercana a las cocinas, llamó con dos secos golpes y se retiró con una inclinación de cabeza.

-El señor White le espera.

Luton-Hopkins entró sin esperar más y vió al hombre que le esperaba fumando un cigarrillo. Nada de habanos, sino un cigarrillo americano rubio de Virginia. Desde luego nada que ver con su jefe, famoso por fumar habanos. Porque el señor White no era otro que Philip Kerr, undécimo marqués de Lothian y (lo más importante en esos momentos) embajador del Reino Unido en Washington.

Hombre apuesto, aunque algo anodino, hubiese sido un excelente embajador como había sido un excelente editor de periódicos de no ser por dos defectos que empañaban su diplomacia: Era mucho menos inteligente de lo que él mismo se consideraba y, tal vez como consecuencia de lo anterior, tendía a hablar más de la cuenta y con poco acierto.

Apenas se habían saludado cuando tocaron levemente a la puerta y entraron dos camareros con el servicio para la cena. Guardaron un discreto silencio mientras servían la cena, el vino y vaciaban los ceniceros. Luego de que se hubiesen retirado sin pronunciar una palabra empezaron la cena como exigía la etiqueta. Hubiese sido imperdonable entrar en materia directamente. Incluso con la decepcionante cocina del Cosmos (o no tan decepcionante, era bastante famosa por su mala comida) había que comportarse como caballeros y aparentar que se encontraban allí en una ocasión social aunque ambos sabía que era una cena de negocios.

Al terminar, se sirvieron unas copas de coñac y encendieron (esta vez sí) unos habanos de gran calidad. Al menos la bodega no era tan mala como la cocina.

-Gracias por la invitación, Harry.- Dijo Lord Lothian.

-Recuerde que aquí soy el señor Luton, señor White.

-No se preocupe, estamos en un lugar discreto y nadie nos escucha. Personalmente me parece algo absurdo este secretismo. ¿Sabe que mi nombre hoy es P. White? Pregunté a qué correspondía la P y me dijeron que es por Plain White ( Blanco Puro). A lo mejor suponen que nadie pensará que un P. White tenga malas intenciones.

-Tal vez debieron llamarle C. White, por Candidus (Inocente)- Hopkins se unió a la broma.

-En cualquier caso, ¿Para qué quería verme?

Lothian notó que Luton se ponía tenso. Iba a pedirle algo importante y su trabajo era que el secretario Hopkins estuviese en deuda con él y con su país.
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Prinzregent »

Tommaso Gagliano miró con incredulidad a su consigliere. De no saber que estaba en contra de las drogas se creería que tenía alucinaciones por consumirlas.

- Martino, creo que te he entendido mal - dijo contemplando a un también sorprendido Tommy Luchesse - ¿Me estás diciendo que uno de nuestros tenentes quiere declararle la guerra a un país?

Martino Roccanera volvió a secarse el sudor de la frente. Si fuera por otro lo más probable es que no hubiera molestado a Gagliano, pero Pietro Pantucci era uno de sus protegidos, y casi tan leal como el propio Tommy.

- Don Gagliano, ojalá fuera una broma, pero no lo es. Sabe muy bien que Salvatore Michele es alguien que intenta hacer méritos para entrar en la Familia. Y lo que me contó, tras serle encomendado por Santino, es que Pietro tuvo que ser reducido entre varios hombres, que le quitaron varias armas. Estaba decidido a matar a todo inglés o australiano que encontrara en la ciudad. Como usted sabe, y siguiendo lo que dijo La Comisión, tratamos de tener un perfil bajo para que los federales no...

Imagen
Pietro Pantucci.

- Sí, sí, lo sé. Estaba allí cuando se aprobó - le retrucó Gagliano - ¿Qué c***** decía la carta?

- Resumiendo, a una prima segunda de Pietro, que también era su ahijada, Lucia Petronelli, la ultrajaron soldados australianos en Libia y un oficial ingles simplemente les dijo que al menos la amordazaran para que dejase de gritar, que quería dormir. Los australianos la degollaron y mataron a los hombres que allí había, salvo a un libio cagón que se escondió en un desván donde lo encontraron unos amigos de la familia.

- ¿Y porque debería importarnos? Ese maldito Benito y sus fascistas nos persiguen como a perros rabiosos. Que se jo*** - dijo Tommy

- Porque Pietro ha decidido pedirle a La Comisión permiso para ello - continuó Martino - Ha pedido que se le permita su vendetta o la llevará a cabo en solitario. Lo malo es que sus soldados le son leales, y más que capaces de convertir la ciudad en un hervidero de federales si se desmandan. Del mismo modo, es casi seguro que las otras cuatro Familias se han enterado de lo ocurrido en el local de Santino y esperan tu decisión. Si actúa sólo serán ellos los que invoquen a la Comisión para deshacerse de Pietro y sus chicos, y tal vez de nosotros, porque no hemos sido capaces de controlarlo. Si somos nosotros los que la convocamos y la Comisión no apoya a Pietro y éste actúa, su destino no afectará a los Luchesse. Si decidimos actuar habrá que hacerlo de forma más solapada que de costumbre...

- Me parece una estupidez convocar la Comisión para esto...

- Salvatore dijo algo más, algo que tenía intención de comentarle a Pietro. Los federales han aflojado la presión. Han retirado a muchos de sus agentes que nos vigilan. He hecho alguna llamada y me han confirmado que están recolocando a muchos agentes en otras misiones. El puerto está casi sin vigilancia más allá que los del Puerto y unos pocos federales.

- Interesante. Ponte en contacto con Lansky y pídele que organice la reunión. Hay dos temas que tratar. Una petición de negocios y otra de venganza. A Pietro dile que le ordeno yo, personalmente, que no haga nada hasta que yo se lo diga o terminará como ancla en el fondo del Hudson. Capiscci ?

- Si Don Gagliano.
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por JackHicks236 »

Lejos de los tejemanejes, lejos de la política americana; al otro lado del Atlántico, Inglaterra combatía sola.
Este de Londres, a 15.000 pies de altitud.

- Rojo 3, ¿Ves a Rojo 1? En esa zona hay mucha actividad. ¿Rojo 1, donde estás?
- Aquí Rojo 1, con dos 109 en mi cola. No logro librarme de ellos.
Rojo 1 era el Líder de Escuadrón John Ellis, quien había obtenido el mando del 610 un mes antes, tras la muerte de su oficial superior. De hecho, obtuvo el título de As el mismo día en que su jefe fue derribado sobre el Canal.
Esta era ya su tercera salida del día; los alemanes estaban realmente activos. En su primera salida había derribado dos 109 y en la segunda acabó con un Do-17 y dañó a un segundo, que su compañero de ala, Rojo 2, terminó de derribar. No habían tenido tiempo casi para estirar las piernas cuando el Mando de Cazas les ordenó volver a despegar de nuevo; un grupo de bombarderos, con su correspondiente escolta, se acercaba a Londres desde el estuario del Támesis. Deberían haber atacado junto al Escuadrón 92, pero por lo que fuera, aún no habían llegado y Ellis decidió entrar en combate aun en inferioridad numérica. Aquellos Heinkels estaban demasiado cerca de Londres como para seguir esperando. Si querían bombardear la ciudad, sería pasando por encima de su cadáver.

Imagen
Spitfire aproximándose a los atacantes de la Luftwaffe.

Dividió el escuadrón en dos partes: los grupos rojo y azul, con los pilotos más veteranos, atacarían a los cazas y los alejarían de los bombarderos, los cuales serían el objetivo de los grupos verde y amarillo. Y al parecer, por la compañía que llevaba a su espalda, la táctica estaba funcionando.
Viró fuerte a la derecha, evitando una ráfaga del 109 que tenía más cerca; pero el segundo, con más distancia, se anticipó a la maniobra y logró alcanzar al Spitfire con las ametralladoras. Afortunadamente para Ellis, la distancia entre ambos cazas evitó que el fuego fuera preciso, y tras llevarse un susto al oír los impactos en el avión, siguió manteniendo el giro cerrado, a la vez que miraba rápidamente el panel de instrumentos para asegurarse de su avión estaba aún en buenas condiciones.
- Aquí Rojo 1; me han dado pero no es grave. - De pronto se dio cuenta de que el Bf-109 más cercano no podía mantener el giro y subía de altitud- Rojo 2, el líder está ascendiendo. A tus 7, abajo. ¿lo ves?
Su compañero de ala giró y los vio. El Spitfire de Ellis tenía marcas de bala, pero no parecía estar mal. Un Bf-109 iba tras él, mientras que el otro, efectivamente, subía de altitud.
- Rojo 1, aquí Rojo 2. Lo veo, voy a por él.
Puso el Spitfire del revés y tiró de la palanca de mando, bajando rápidamente de altitud; en cuanto vio pasar al 109 por delante suyo le disparó. Inmediatamente estabilizó el avión para seguir al avión alemán, pero ya no era necesario; el Bf-109 expulsaba fuego del motor y caía en picado.
- ¡Hurra! ¡Con este van cuatro!
- Buen trabajo, Rojo 2. - Ellis echó un rápido vistazo al Bf-109 y advirtió que otro par de He-111 habían corrido la misma suerte. Por ahora, la táctica estaba funcionando.- Aquí detrás tengo otro, por si quieres el quinto.
- Eso está hecho, Rojo 1. ¿Me sigues, Rojo 3?
- Te sigo; pegado a tu cola.
Ellis cambió de rumbo mientras intentaba obviar las trazadoras que pasaban cerca de su avión. Debía atraer a aquel morro amarillo hacia sus compañeros, pero si mantenía un vuelo estable sería alcanzado en segundos.
- Vamos, Rojos 2, a qué esperas...- dijo entre dientes.
De pronto, un par de Spitfire vinieron desde lo alto disparando y aunque no alcanzaron al alemán, lograron que éste dejara la persecución.
- ¿Líder Dogrose? Aquí Líder Gannic entrando. -Era Brian Kingcome, el líder del Escuadrón 92; un grupo formidable.- Nos debe una pinta; le acabamos de salvar el trasero.
- Gracias, Líder Gannic. Y ustedes nos deben otra por llegar tarde. Rojo 2, ¿tienes al evadido?
- No, Rojo 1. El muy bastardo ha picado y se aleja a toda potencia.
- ¿Rojo 1? Aquí Amarillo 1. Los bombarderos abren sus compuertas.
- Recibido, Amarillo 1. Líder Gannic, ocúpense de los cazas restantes. Atención, grupo Dogrose; atacad a los bombarderos.- Ellis miró hacia tierra; aliviado vio que aún estaban lejos de la ciudad.- Debemos derribarlos antes de que lleguen a Londres.

De la docena de He-111 que había en la formación, solo la mitad estaban intactos. Dos ya habían sido derribados y otros cuatro estaban muy dañados; uno de ellos con el motor en llamas, que no tardaría en caer. En cuanto vieron que todo el Escuadrón 610 se les echaba encima, soltaron sus bombas. Aún no estaban sobre el objetivo, pero su situación era precaria: la mitad de su escuadrón no volvería a casa, los cazas de escolta se habían esfumado buscando la gloria y todo un Escuadrón de Spitfire iba a por ellos. Además, ya habían cumplido con parte de la misión; esos malditos cazas ingleses estaban lejos de su base.

-Líder Dogrose a Líder Gannic. Los bombarderos dan media vuelta, se retiran. Volvamos a la base... Hoy ha sido un día de locos.
-Estoy contigo, Lider Dogrose. No hay cazas a la vista. Grupo 11, aquí Líder Gannic. Volvemos a base Sapper.
- Negativo, Líder Gannic.- era la primera vez que la voz femenina del mando de cazas le resultó desagradable. Algo debía ir mal-. Nuevo rumbo, 210. Se ha detectado una gran formación enemiga de camino.- Ellis no se lo podía creer. Llevaba horas ahí arriba, sin descanso. Apenas les quedaba munición y su avión estaba tocado.
-Grupo 11, aquí Líder Dogrose. Estamos casi sin munición; algunos aparatos están dañados, pido que... -su voz, de pronto, quedó apagada por un grito.
- ¡Enemigos, enemigos! Cielo Santo, ¡Son centenares! -era la voz de Azul 1.
- ¿Dónde, dónde están? -preguntó Ellis mientras miraba hacia todas las direcciones.
- ¡Rumbo 270, señor! ¡Al oeste! ¡Ángeles 20!
De pronto, el líder del escuadrón se dio cuenta. Aquello que había confundido con una nube negra, era la mayor formación que jamás había visto. Se olvidó por completo de su queja. Había que hacer algo en seguida.
- ¿Los ves, Líder Gannic?
- Ya lo creo que sí. Vamos a hacerles frente, ¿Verdad?
- ¡Sí, cómo sea! Maldición... Muy bien, muchachos; pasad rápido entre los bombarderos, aprovechad cada disparo y no voléis recto más de 30 segundos.
- A tú lado, jefe. Allá vamos. -Le dijo Rojo 2 mientras se ponía a su izquierda. El piloto le saludó con el pulgar hacia arriba.

Según se fueron acercando, más escuadrones, tanto de Spitfire como de Hurricane, se fueron acercando hacia aquella monstruosa formación. Al estar suficientemente cerca, volvió a dirigirse al escuadrón.
-Este es el día, chicos. ¡Por el rey y por el país! ¡Romped!
Ellis aceleró el avión y fijó su mirada en un bombardero Heinkel en mitad de la formación, comenzando a dispararlo en cuanto le tuvo a una distancia efectiva. Tras la primera pasada, se preparó para dar la vuelta y realizar una segunda. Prefirió no fijarse en las balas que pasaban a su alrededor; cada bombardero caído eran vidas salvadas; no importaba nada más. Estaba demasiado concentrado en su objetivo. No llegó a ver cómo los Bf-109 venían del este, ocultándose con el sol; no llegó a ver los disparos de sus cañones. No llegó a ver nada más.
"Paz a través de la fuerza." Ronald Reagan /// ¿Por qué el cielo es azul? Porque Dios ama a la infantería. /// Anytime, Baby...!
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

Hoover estaba que se subía por las paredes. Cuando pensaba que ya había escapado del asunto de los desertores, los spaguettis empezaban a tocar las narices. Y todos los informes eran lo mismo: Reunión del consejo…, Algo gordo se cuece…, Se habla de una vendetta,… ¿Es que no había manera de que se quedasen tranquilitos? En cuanto habían aflojado el lazo en los muelles se convertía todo en un lío tremendo. Si fuera por él, devolvería a esos cabritos a Italia y los sustituiría por irlandeses de pura cepa. Al menos ellos sabían comportarse.

Y encima ahora le llegaba una petición urgente de Clayton para un asunto “importante y confidencial”. ¡Hombre! Lo menos que esperaba es que le pidiesen una reunión urgente para discutir el fichaje de Gee Walker por los Boston Red Sox.

Su secretaria anunció la llegada de Clayton “y acompañantes”. Oh, no, seguro que era alguno de esos cerebritos con una teoría nueva que venía a pedir presupuesto para un nuevo laboratorio. Ya se lo había dicho a todos sus jefes de sección, si funciona mándame un resumen y conseguiré el dinero, pero que no me vuelvan loco, ya hablarán todo lo que quieran en algún comité del Senado.

Por suerte los acompañantes no hablaron. Mientras Edgar Hoover recibía a su viejo camarada Clayton, montaron un tocadiscos (no, no un fonógrafo, uno de los nuevos tocadiscos de lámparas y amplificación eléctrica), enchufaron todo lo que necesitaba y se retiraron después de hacer una seña asintiendo a Clayton.

-¿Qué me traes hoy?- Hoover estaba pensando que la urgencia no era gratuita esta vez.

-Nos enteramos de que un tal Plain White había alquilado por mediación de algunos conocidos intervencionistas un salón en el que servir una cena para dos “con discreción” o sea, sin camareros presentes.

-Y ése tal White nos interesa porque…

-Porque es un pseudónimo estúpido que usa el embajador del Rey de Inglaterra.

-¿Alguna novedad? Mira que la campaña electoral está de lo más caliente. Tenemos que ir con pies de plomo.

-Ed, se reunió con Harry Hopkins- Clayton lo dijo como si no pudiese creerlo.

Imagen
Roosevelt y Harry Hopkins.

-El Gran Enredador en persona, ojalá pudiésemos…- Los ojos de Hoover se enfocaron en el tocadiscos- ¿Lo tenemos grabado?

-Maravillas de la tecnología- La sonrisa de Clayton despejó por un momento su lúgubre expresión- No creí que se pudiese, pero los chicos del laboratorio consiguieron meter un micrófono en la sala ante las narices de todos esos rojos del Cosmos Club. Y cuando se fueron aún les felicitaron por el buen trabajo en la electricidad porque, y cito textualmente “necesitaban ese salón con urgencia”. Tenemos dos discos originales de cera con la charla de sobremesa y he permitido sólo una copia en vinilo para que lo escuches.

-¿Vinilo?

-Si quieres llámalo dinamita, Ed.- Clayton susurró como si acabase de ocurrírsele que podría haber un micrófono en el despacho de Hoover- Es toda una conspiración para que una potencia extranjera ayude a un presidente a ganar unas elecciones.

Ahora sí que Edgar Hoover puso los ojos vidriosos mientras pensaba. Casi se podía oir el clic-clack de las rueditas de su cerebro dando vueltas a toda velocidad.

-Clay- dijo por fin- Ahora lo tenemos en nuestras manos. Voy a hacer unas llamadas y pedir una reunión urgente con ese maldito de Roosevelt.
Cuando el líder eficaz ha dado por terminado su trabajo,
la gente dice que todo ocurrió de un modo natural.
LAO TSE.

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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Prinzregent »

El humo se arremolinaba junto a la lámpara que iluminaba el tapete sobre el que se amontonaba una enorme suma de dinero. De los diez hombres que se amontonaban a su alrededor ninguno podía despegar la vista de los billetes que se veían. Incluso se veían varios de 1000 dólares. Los hombres bebían diversos licores de un bien surtido bar o devoraban algún sandwich o se limitaban a fumar, dependiendo de cómo quisieran matar el tiempo.

Imagen
La partida.

Charles Tervill III miró con disgusto el whisky que tenía en su vaso. Estaba verdaderamente desesperado y aterrado. Era verdaderamente inconcebible para sus conocidos de la 5ª Avenida que alguien tan educado y cortés como él se codease con esa clase de chusma que jugaba en partidas clandestinas, pero ahí estaba. Jugando otra vez. Y de nuevo con el agua al cuello. Malditas cartas. Sólo necesitaba una racha de buena suerte y todos sus problemas se solucionarían. No era la primera vez que ocurría, pero estaba seguro de, que si las cartas le acompañaban lograría recuperarse y no tendría que volver a jugar al menos en un par de meses. Tal vez debería viajar a Los Ángeles y ver si podría conocer a alguien relacionado con la industria del cine. Al parecer era un medio para obtener pingües beneficios y sin ninguna duda él tenía mejor educación y familia que ese advenedizo de Howard Hughes.

Pero tenía que encontrar algún medio de conseguir efectivo para seguir jugando. Ya había apostado todo su dinero, había empeñado sus obras de arte, despedido a sus criados, abandonado a su querida, su esposa lo había abandonado y se había llevado a sus hijos, esas malditas sanguijuelas, su Packard 180 recién salido de fábrica, su piso con vistas a Central Park y su mansión de los Hamptons. Sólo le quedaba su empresa y no era la familiar. En el consejo de administración de la empresa que había levantado su abuelo sólo figuraba como miembro sin voz ni voto y además sin sueldo o participación alguna gracias a su maldito cuñado, que convenció a los miembros clave del consejo de que le retirasen cualquier privilegio, especialmente el acceso a las cuentas de la empresa y despedido al personal de contabilidad que había contratado, impidiéndole así de manera efectiva el acceso a fondos adicionales.

Eso le había permitido saldar sus deudas más inmediatas con los prestamistas pero se acercaban nuevos gastos en forma de impuestos, nóminas, hipotecas... si no lograba fondos con rapidez perdería lo poco que le quedaba, unos cuantos almacenes cerca de la refinería en los que tenía su sede una pequeña empresa de mantenimiento y suministros que, gracias a los numerosos buques mercantes que navegaban hacia el Reino Unido le permitían seguir aparentando que seguía estando entre los más ricos de la ciudad y seguir figurando en los clubs más exclusivos, sólo en mantenerse como asociado preferente se gastaba una pequeña fortuna.

Con un suspiro vio con nerviosismo como los restantes jugadores volvían a reunirse en torno a la mesa. Apuró su vaso y volvió a ocupar su asiento.
Miró con preocupación su resto. Era lo único que tenía disponible, en efectivo, para seguir jugando. Había entregado a Ferranti, que hacía de fiador, las últimas joyas que tenía encima, sus gemelos de oro con diamantes engarzados, que el muy palurdo había afirmado que eran falsos. ¡Un knickerboker como él jamás llevaría encima algo falso! El reloj de oro de su padre fue lo siguiente. Ya no le quedaba nada.

El croupier puso una bandeja seis barajas lacradas y les dio a elegir. El pueblerino de Poughkeepsie escogió la cuarta. Esperaba que fuera la de la suerte. Logró contener los nervios mientras rompían el lacre y barajaban. El croupier dio cartas. No se podía creer que pudiera recoger las cartas y que la mano no le temblase. Se le aceleró el corazón al ver la mano del muerto.

Los demás jugadores también permanecían impasibles. No podía saber quién tenía también... El senador McIles no irá, se dijo a sí mismo, al detectar el tic nervioso, confirmado poco después al arrojar éste las cartas. Un suspiro de alivio le recorrió el cuerpo, McIles aún tenía una buena cantidad de efectivo en su resto, pero era un timorato. A continuación vio que el tabaquero de Georgia también se echaba atrás, junto al concejal Walmer. Ya sólo quedaban tres contándole a él. Decidió probar su fuerza:

- Subo mil.

- No voy.

- Que sean cinco mil.

- Mi resto.

- Lo veo.

Ferranti apareció casi de inmediato a su lado.

- Señor Tervill, su resto no iguala al del señor Walsey, pero si quiere la casa le prestará... ¿De cuánto es la diferencia Archie?

El croupier tras contar el dinero de ambos respondió:

- Treinta mil, señor Ferranti.

- ¿Acepta el préstamo señor Tervill?

- Sí.

- Muy bien. Señor Walsey, en estos momentos no tenemos aquí el importe total, pero si acepta esperar lo tendremos en media hora...

- No es preciso señor Ferranti, como usted bien sabe, confío plenamente en su palabra.

- Bien señores, prosigan.

Con gesto triunfal Tervill mostró su mano, disfrutando al ver como los que se habían retirado habrían los ojos como platos y (aún más satisfactorio) la cara de decepción de Ferranti. Cuando extendía su mano para recoger el inmenso montón de dinero el corazón de retembló en el pecho cuando Walsey, impertérrito, le agarró el brazo y dijo:

- Un momento, por favor.

Tervill se estremeció cuando empezó a ver las cartas: diez de corazones, jack de corazones, reina de corazones, rey de corazones y finalmente el as de corazones. Una auténtica flor real.

Tervill se derrumbó en su asiento mientras veía como toda su vida se evaporaba. Los restantes jugadores, incluyendo al vencedor, Walter Walsey, se marcharon de la habitación, a esperar el resto de su dinero en el caso de Walsey o directos a la habitación más cercana reservada a su nombre donde les esperaba compañía femenina, cortesía de la casa.

Mientras, Ferranti le decía a un hundido Tervill.

- La deuda que tiene con nosotros asciende a ciento veinticinco mil dólares señor Tervill. Pero creo que va a tener suerte de todas formas - sonrío como un tiburón ante una presa sangrando en el mar al ver como Tervill levantaba la mirada de la mesa - Un conocido mío me ha comentado que es usted dueño de una empresa que tiene mucha actividad cargando combustible en los barcos que cruzan el océano. Está dispuesto a pagar toda su deuda si se reúne con él mañana en el Copacabana a las siete. ¿Acepta?

- No tengo opción ¿verdad?

- No señor Tervill. No la tiene.

Al quedarse solo Ferranti levantó el teléfono y marcó un número de teléfono. Cuando descolgaron simplemente dijo:

- Está hecho.

Escuchó como colgaban al otro lado. La línea estaba pinchada por el FBI, desde luego, pero era la llamada número trescientos del día que recibía ese número y aún recibiría más, alguna con más conversación o de más interés para algún caso, por lo que fue descartada. El titular de la línea era un asociado de Benjamin Siegel.
“¿No es extraño?; los mismos que se ríen de los adivinos se toman en serio a los economistas”. Anónimo

“Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”. Nikita Jruchev

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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Prinzregent »

Henri Tervill estaba furioso. Para empezar le habían obligado a meterse en una caja, donde se daría numerosos golpes contra laterales y techo durante tres cuartos de hora, seguido por un trayecto que se le hizo eterno antes de que le dejasen salir de la caja para verse en una habitación espantosa, pintada de verde y blanco... y hacía muy poco de ello, el olor de la pintura recién pintada era mareante. La única puerta de la habitación estaba cerrada y tras varios minutos de girar el pomo y golpear la puerta lo único que obtuvo fue quedar empapado en sudor y un dolor sordo de manos por los golpes... pero ninguna respuesta.
El suelo estaba cubierto con lonas viejas, manchadas de pintura, sobre la que se veía un tablero de contrachapado sobre dos caballetes de madera sin tratar, alrededor de la rudimentaria mesa se veían unas cajas, cuya disposición permitía intuir que hacían las veces de sillas. Un tarro de barro permanecía en la mesa, rodeado por unos quince vasos de distinto tamaño... y nula limpieza.
Retorciendo el gesto por el asco ante el estado de la habitación, Tervill sacó su pañuelo de seda con sus iniciales bordadas y limpio, como pudo, la caja que le pareció más cómoda.
Apenas se había terminado de sentarse cuando se abrió la puerta y entraron dos hombres, el primero era un individuo con un físico que dejaba al Bombardero de Detroit como un blandengue y que no había visto en su vida. El otro parecía su sombra y lo conocía de vista. Se llamaba Lassy, Lasty o algo parecido, era un maldito arribista judío que se había atrevido a formar parte de alguno de los clubes en los que era socio. Tras entrar en la habitación cerraron la puerta.
- ¿Quiénes se creen que son para hacer esto? ¡Exijo que me dejen salir de aquí de una **** vez!
- Cálmese señor Tervill. Me disculpo por...
- ¡¡Vete a la mierda!! ¡¡Tú ni siquiera mereces usar mi nombre cerdo judío!! Ni se te ocurra mecionooooooooooooooooooooooooooooooooffffffffff...
Los gritos de Tervill se cortaron de raíz cuando el gigantón le clavó un derechazo en pleno vientre. No terminó en el suelo gracias a que lo tenía aferrado de la chaqueta, aunque está se quedó sin botones.
- Señor Tervill no me gusta ese tipo de lenguaje. Mis orígenes son posiblemente más limpios que los de su tatarabuelo traficante de esclavos. Sí, señor Tervill, conocemos a la perfección todos sus sucios secretitos y esta salida de tono le va a salir cara. Y mucho. Sepa usted que únicamente la petición de Ferranti acerca de su posible utilidad ha impedido que Izak aquí presente le haya enseñado como tratamos a los que profieren insultos antisemitas y créame, una víctima de un atropello por un tren habría tenido mejor aspecto que el que habría tenido usted. ¿Entendido?
El atemorizado aspecto de Tervill convenció a Lansky de que así era. Con un gesto hizo que Izak le dejase caer sobre una de las cajas mientras se dirigía de nuevo hacia la puerta, la abría y con un gesto llamaba a alguien que esperaba afuera. Poco después entraba en la habitación alguien que hizo que a Tervill le costase respirar, tanto que apenas prestó atención a otro individuo que también entró a continuación. No podía dejar de mirar a Louis "Lepke" Buchalter. Y especialmente al picahielos que este hacía volar entre sus manos en un enfermizo juego de malabares.

Imagen
El picahielos de Lepke.

- Bien señor Tervill, al parecer conoce muy bien al señor Lepke aquí presente. Verá, le haré una oferta que, si es inteligente, aceptará. Sus deudas con nosotros, tras la partida de anoche suman la nada desdeñable cifra de 130000 dólares.
- Pero si Ferranti me prestó únicamente 30000...
- En efecto, pero también ha recurrido a otros prestamistas. Le pidió 10000 a Marvin el Tuerto en septiembre, que al no devolver, éste decidió con buen juicio vendernos su deuda. También nos hemos hecho con la hipoteca firmada con el Manhattan Central Bank que asciende a...
- Lo sé perfectamente - Tervill se encogió cuando Izak descruzó los brazos y se enderezó desde su posición, al lado de la puerta cerrada.
- Bien. Estamos dispuestos no sólo a perdonarle la deuda, sino a concederle un crédito adicional de diez veces esa deuda, la mitad de la cual será una línea de crédito para usted en las partidas que elija.
Los ojos de Tervill relampaguearon con codicia antes de que pudiera controlarse. Lansky sonrió para sus adentros. El muy idiota ya era suyo... para siempre.
- Para que usted recupere el status social al que está acostumbrado deberá hacer una cosa por nosotros.
- No quiero hacer nada que sea ile...
- Escucha idiota, harás lo que te digamos - le interrumpió Lepke - O si no conocerás a éste - remachó clavando el afilado picahielos hasta la empuñadura en el contrachapado - quiero superar a Battista Diomediano.
Tervill no conocía a nadie que se llamara así, pero si tenía que ver con el picahielos prefería evitarlo.
- Louis, por favor - prosiguió Lansky, tras recoger un maletín de mano que le entregó el segundo hombre - No es nada ilegal, señor Tervill, pero, por desgracia para usted, no está en una situación que le permita andarse con esos escrúpulos.
Tras sacar una serie de papeles terminaría con un secante, un sello y una pluma estilográfica.
- Si firma este contrato, la empresa que usted posee pasará a ser parte de un conglomerado industrial dedicado la gestión de varios servicios en el puerto de Nueva York. Usted seguirá siendo el propietario y único responsable cara al IRS y demás chupasangres de Washington... y con un sueldo generoso. A cambio, otorgará al señor Pietro Pantucci aquí presente - el segundo hombre le dirigió a Lansky un gesto con la cabeza respetuoso mientras sus ojos mostraban una expresión de disgusto al contemplar Tervill - la gestión del día a día de la empresa junto a diverso personal que nosotros aportaremos para mejorar la gestión.
Al ver que Tervill aún dudaba Lansky aplastó la vacilante expresión del primero con una serie de fotografías que a Tervill le desorbitaron los ojos al contemplarse a sí mismo en una situación más que comprometida... ¡compartiendo la cama con otro hombre!
Mientras Tervill boqueaba asombrado y balbuceaba algo que sonaba como "nonononononono...", Lansky continuó como si nada.
- Si se niega a firmar, estas imágenes le llegaran a los responsables de todos y cada uno de los clubes de los que es miembro y a cualquiera que haya tenido la desgracia de conocerlo. A nadie le sorprenderá que luego se le encuentre ahorcado en Central Park.
Totalmente humillado, y sin preguntarse cómo era posible que existiesen unas imágenes que no recordaba que le hubieran tomado jamás, Tervill firmó.
A partir de ese momento la familia Luchesse se hizo con el control de la empresa de Tervill, sin olvidar darle una generosa bonificación a Michele Ferranti por la idea que le permitió aniquilar a ese presuntuoso.
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

Pronto retomaremos el relato, mientras tanto hemos añadido algunas fotos para hacer más agradable visualmente el tema y conocer algunas caras. :ok
Cuando el líder eficaz ha dado por terminado su trabajo,
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Re: Ucronía: EE.UU solo contra el Eje.

Mensaje por Satur »

A Roosevelt no le gustaba Hoover y a Hoover no le gustaba Roosevelt, pero si el director del FBI pedía un encuentro inmediato no podía ignorarlo. Mucho más si la petición incluía a Harry Hopkins. Qué podía tener ese polizonte que afectase a Hopkins era algo que se le escapaba y si algo no le gustaba al presidente era jugar una partida sin marcar las cartas. Pero nadia podría decir nunca que no aceptase los riesgos, de otra manera no habría llegado hasta ese despacho.

Harry ya estaba con él, aprovechó la entrevista para revisar el plan para la campaña. Taft se mostraba sorprendentemente fuerte para haber llegado tan tarde a escena y tendrían que pensar en sustituir algunas de las charlas radiofónicas junto a la chimenea por discursos públicos donde podría mostrarse más mordaz y menos "institucional". No era lo mismo hablar como candidato que como presidente.

El ujier anunció a Hoover y le hicieron pasar. Llevaba un maletín de cuero muy delgado. Fuese lo que fuese el contenido no era demasiado abultado. Por un momento Roosevelt fantaseó con que contuviese la carta de dimisión del director del FBI, pero enseguida volvió a la realidad. Hoover no era uno de esos que se dejasen hipnotizar por el encanto del presidente. Tenía que estar muy atento a esa serpiente.

Después de las formalidades de rigor, Hoover abrió el maletín y sacó un par de carpetas que tendió a Roosevelt y Hopkins.

-Señores, me gustaría que leyesen ésto. Es la transcripción de una conversación del señor Hopkins aquí presente con el embajador británico.

Roosevelt vio cómo Hopkins palidecía y abriá la carpeta con reluctancia, como si ya supiese lo que contenía y no quisiese enfrentarse a ello. Según leía comprendió por qué esta actitud. El barco que hasta momentos antes parecía navegar seguro ahora embarcaba agua a un ritmo frenético y la salvación parecía imposible.

Al terminar miró hacia su amigo, que apenas asintió imperceptiblemente. Luego se volvió a Hoover que disimulaba sus sentimientos tan bien como él mismo.

-Gracias por este informe, director ¿Algo más?

-Nada más, señor presidente, estoy seguro de que sabrá actuar como conviene.

Cuando Hoover salió del despacho. Hopkins intentó pensar desesperadamente.

-Estoy seguro de que esta grabación es ilegal...

-Da igual- Le interrumpió Roosevelt- Tengo bastantes jueces enemigos que firmarían un permiso "retrospectivamente", suponiendo que no lo lleve ya en el bolsillo.

-Presentaré mi dimisión inmediatamente, aún podrá salvar la campaña.

-Hoover no ha venido a pedir mi dimisión, ni siquiera la suya, pero es una advertencia. Nos ofrece una salida. Nada saldrá a la luz mientras no ganemos las elecciones. Tendremos que tirar todo por la borda y hacerlo tan rematadamente mal que no podamos ganar ni siquiera por casualidad. Si ésto se publica, nadie creerá que actuabas por tu cuenta y riesgo y tendriamos que comparecer ante tantas comisiones y jurados que no saldríamos de la cárcel sólo esperando juicio.

-Lo siento señor presidente.

-Para ganar hay que arriesgar, Harry, pero no siempre se gana.
Cuando el líder eficaz ha dado por terminado su trabajo,
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