La batalla de las Vulcanalia

Toda la Historia Militar desde la Prehistoria hasta 1453.

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Bernardo Pascual
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La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

El siguiente texto es una matrioshka.
56-. Por este tiempo otra tribu de los iberos autónomos, los llamados lusitanos, bajo el liderazgo de Púnico, se dedicaron a devastar los pueblos sometidos a Roma, y después de haber puesto en fuga a sus pretores Manilio y Calpurnio Pisón, mataron a seis mil romanos y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico., envalentonado por estos hechos, hizo incursiones por toda la zona que se extendía hasta el océano y, uniendo a su ejército a los vettones, puso sitio a una tribu vasalla de Roma, los llamados blastofenicios. Se dice que Aníbal el cartaginés había asentado entre ellos algunos colonos traídos de África y que, a causa de esto, reciben el nombre de blastofenicios. Púnico, golpeado en la cabeza por una piedra, murió y le sucedió en el mando un hombre llamado Césaro. El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero, como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia.

57-. Mummio se dedicó a hacer ejercicios de entrenamiento dentro del campamento con los cinco mil soldados que le quedaban, temeroso de salir a campo abierto antes de que los soldados hubieran recobrado de nuevo su coraje. Esperó allí a que los bárbaros pasaran con una parte del botín que le habían arrebatado, cayó sobre ellos de improviso y, tras haber dado muerte a muchos, recobró el botín y las enseñas. Los lusitanos del otro lado del río Tajo y aquellos que ya estaban en guerra con los romanos, cuyo jefe era Cauceno, se pusieron a devastar el país de los cuneos que estaban sometidos a los romanos y tomaron Conistorgis, una ciudad importante de ellos. Atravesaron el océano junto a las columnas de Hércules y algunos hicieron incursiones por una parte de África y otros sitiaron a la ciudad de Ocilis. Mummio los siguió con nueve mil soldados de infantería y quinientos jinetes, mató a unos quince mil de los que estaban entregados al saqueo y a algunos otros, y levantó el asedio de Ocilis. Después se topó, casualmente, con los que llevaban el producto de su rapiña y los mató a todos, de tal manera que ni siquiera logró escapar un mensajero de esta desgracia. Tras haber entregado al ejército el botín que podían llevar consigo, el resto lo quemó como ofrenda a los dioses de la guerra. Y Mummio, una vez que finalizó su campaña, regresó a Roma y fue recompensado con el triunfo

58-. Le sucedió en el mando Marco Atilio, quien realizó una incursión contra los lusitanos, dio muerte a setecientos de ellos y se apoderó de Oxtraca, su ciudad más importante. Después de sembrar el pánico entre los pueblos vecinos, firmó tratados con todos. Entre éstos había algunos vettones, limítrofes con los lusitanos. Sin embargo, cuando Atilio se retiraba para pasar el invierno, todos cambiaron de parecer de repente y asediaron a algunos pueblos vasallos de Roma. Servio Galba, el sucesor de Atilio, les apremió a que levantaran el cerco. Tras recorrer en un día y una noche una distancia de quinientos estadios, se presentó ante los lusitanos y entabló combate de inmediato con el ejército cansado. Por fortuna logró romper las filas enemigas, pero se puso a perseguir al enemigo con poca experiencia en la guerra. Razón por la cual, al hacerlo de forma débil y desordenada debido a la fatiga, los bárbaros, al verlos diseminados y que se detenían a descansar por turnos, se reagruparon y atacándolos dieron muerte a unos siete mil. Y Galba, con los jinetes que estaban a su lado, huyó a la ciudad de Carmona. Aquí recuperó a los fugitivos y, después de reunir aliados hasta un número de veinte mil, marchó hacia el territorio de los cuneos y pasó el invierno en Conistorgis.

59-. Lúculo, que había combatido contra los vacceos sin autorización senatorial y, a la sazón, se encontraba invernando en Turdetania, al darse cuenta de que los lusitanos hacían incursiones contra las zonas próximas, envió a sus mejores lugartenientes y dio muerte a cuatro mil lusitanos. Mató a mil quinientos cuando atravesaban el estrecho cerca de Gades, y a los demás, que se habían refugiado en una colina, los rodeó de una empalizada y capturó a un número inmenso de ellos. Entonces, tras invadir Lusitania, se puso a devastarla gradualmente. Galba llevaba a cabo la misma operación por el lado opuesto. Cuando algunos de sus embajadores vinieron a él con el deseo de consolidar los pactos que habían hecho con Atilio, el general que le había precedido, y que habían quebrantado, los recibió, firmo una tregua y mostró deseos de entablar relaciones amigables con ellos, ya que entendía que se dedicaban a la rapiña, a hacer la guerra y quebrantar los tratados por causa de la pobreza: Pues les dijo la pobreza del suelo y la falta de recursos os obligan a esto, pero yo daré una tierra fértil a mis amigos pobres y os estableceré en un país rico distribuyéndoos en tres partes.
Vamos ahora por partes:
Por este tiempo otra tribu de los iberos autónomos, los llamados lusitanos, bajo el liderazgo de Púnico, se dedicaron a devastar los pueblos sometidos a Roma, y después de haber puesto en fuga a sus pretores Manilio y Calpurnio Pisón, mataron a seis mil romanos y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico., envalentonado por estos hechos, hizo incursiones por toda la zona que se extendía hasta el océano y, uniendo a su ejército a los vettones, puso sitio a una tribu vasalla de Roma, los llamados blastofenicios. Se dice que Aníbal el cartaginés había asentado entre ellos algunos colonos traídos de África y que, a causa de esto, reciben el nombre de blastofenicios.
Los lusitanos realizan una incursión contra el territorio aliado de los romanos y el ejército enviado contra ellos es derrotado. Tras esta victoria los lusitanos se vuelven más audaces y llegan hasta la zona del Estrecho.
Púnico, golpeado en la cabeza por una piedra, murió y le sucedió en el mando un hombre llamado Césaro. El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero, como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia.
Aquí parece que el relato continúa, pero no es así. Se está volviendo a contar lo mismo. Esa batalla es la misma que la anterior. El tal Púnico y el tal Césaro son el mismo personaje.
Mummio se dedicó a hacer ejercicios de entrenamiento dentro del campamento con los cinco mil soldados que le quedaban, temeroso de salir a campo abierto antes de que los soldados hubieran recobrado de nuevo su coraje. Esperó allí a que los bárbaros pasaran con una parte del botín que le habían arrebatado, cayó sobre ellos de improviso y, tras haber dado muerte a muchos, recobró el botín y las enseñas. Los lusitanos del otro lado del río Tajo y aquellos que ya estaban en guerra con los romanos, cuyo jefe era Cauceno, se pusieron a devastar el país de los cuneos que estaban sometidos a los romanos y tomaron Conistorgis, una ciudad importante de ellos. Atravesaron el océano junto a las columnas de Hércules y algunos hicieron incursiones por una parte de África y otros sitiaron a la ciudad de Ocilis. Mummio los siguió con nueve mil soldados de infantería y quinientos jinetes, mató a unos quince mil de los que estaban entregados al saqueo y a algunos otros, y levantó el asedio de Ocilis. Después se topó, casualmente, con los que llevaban el producto de su rapiña y los mató a todos, de tal manera que ni siquiera logró escapar un mensajero de esta desgracia. Tras haber entregado al ejército el botín que podían llevar consigo, el resto lo quemó como ofrenda a los dioses de la guerra. Y Mummio, una vez que finalizó su campaña, regresó a Roma y fue recompensado con el triunfo.
Ahora se ve bien. Es tras la derrota, en este caso de Mummio, cuando los lusitanos invaden el país de los cuneos y llegan hasta el Estrecho. ¿Se entiende ahora porqué digo que es una matrioshka? La campaña de Mummio no sólo duplica la de Manilio y Calpurnio Pisón, sino que, a su vez, también se duplica a sí misma. Mummio recupera dos veces el botín. Césaro y Cáuceno vuelven a ser el mismo personaje.
Le sucedió en el mando Marco Atilio, quien realizó una incursión contra los lusitanos, dio muerte a setecientos de ellos y se apoderó de Oxtraca, su ciudad más importante. Después de sembrar el pánico entre los pueblos vecinos, firmó tratados con todos. Entre éstos había algunos vettones, limítrofes con los lusitanos. Sin embargo, cuando Atilio se retiraba para pasar el invierno, todos cambiaron de parecer de repente y asediaron a algunos pueblos vasallos de Roma.
Aquí está el bucle. Parece que la historia termina, pero no; vuelve a empezar.
Sin embargo, cuando Atilio se retiraba para pasar el invierno, todos cambiaron de parecer de repente y asediaron a algunos pueblos vasallos de Roma. Servio Galba, el sucesor de Atilio, les apremió a que levantaran el cerco. Tras recorrer en un día y una noche una distancia de quinientos estadios, se presentó ante los lusitanos y entabló combate de inmediato con el ejército cansado. Por fortuna logró romper las filas enemigas, pero se puso a perseguir al enemigo con poca experiencia en la guerra. Razón por la cual, al hacerlo de forma débil y desordenada debido a la fatiga, los bárbaros, al verlos diseminados y que se detenían a descansar por turnos, se reagruparon y atacándolos dieron muerte a unos siete mil. Y Galba, con los jinetes que estaban a su lado, huyó a la ciudad de Carmona. Aquí recuperó a los fugitivos y, después de reunir aliados hasta un número de veinte mil, marchó hacia el territorio de los cuneos y pasó el invierno en Conistorgis.

59-. Lúculo, que había combatido contra los vacceos sin autorización senatorial y, a la sazón, se encontraba invernando en Turdetania, al darse cuenta de que los lusitanos hacían incursiones contra las zonas próximas, envió a sus mejores lugartenientes y dio muerte a cuatro mil lusitanos. Mató a mil quinientos cuando atravesaban el estrecho cerca de Gades, y a los demás, que se habían refugiado en una colina, los rodeó de una empalizada y capturó a un número inmenso de ellos. Entonces, tras invadir Lusitania, se puso a devastarla gradualmente. Galba llevaba a cabo la misma operación por el lado opuesto. Cuando algunos de sus embajadores vinieron a él con el deseo de consolidar los pactos que habían hecho con Atilio, el general que le había precedido, y que habían quebrantado, los recibió, firmo una tregua y mostró deseos de entablar relaciones amigables con ellos, ya que entendía que se dedicaban a la rapiña, a hacer la guerra y quebrantar los tratados por causa de la pobreza: Pues les dijo la pobreza del suelo y la falta de recursos os obligan a esto, pero yo daré una tierra fértil a mis amigos pobres y os estableceré en un país rico distribuyéndoos en tres partes.
Otra vez la misma historia: Los lusitanos invaden el territorio de los aliados de los romanos. Los romanos les atacan pero son derrotados. Los lusitanos se envalentonan y extienden sus correrías hasta el Estrecho.

Este guión es precisamente el que se repite todo el rato con Viriato y, un poquito más elaborado, también con Numancia.


Nelitis neque litis

“...Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Muy bueno, Bernardo. Un inciso con Bruto:
72-. Después de atravesar el río Duero, llevó la guerra a muchos lugares reclamando gran cantidad de rehenes a quienes se le entregaban, hasta que llegó al río Letes, y fue el primer romano que proyectó cruzar este río. Lo cruzó, en efecto, y llegó hasta otro río llamado Nimis e hizo una expedición contra los brácaros, que le habían arrebatado las provisiones que llevaba. Es éste un pueblo enormemente belicoso que combate juntamente con sus mujeres que llevan armas y mueren con ardor sin que ninguno de ellos haga gesto de huir, ni muestre su espalda, ni deje escapar un grito. De las mujeres que son capturadas, unas se dan muerte a sí mismas y otras, incluso, dan muerte a sus hijos con sus propias manos, alegres con la muerte más que con la esclavitud. Algunas ciudades que entonces se pasaron al lado de Bruto se sublevaron poco después y Bruto las sometió de nuevo.
No hay romano al que no roben las provisiones, o el botín, o las provisiones saqueadas. Lo curioso en este caso es que se las roban antes de entrar en el territorio que van a incursionar, impresionante. Como si fuera la disculpa para una invasión, que roban, en general.
Prometí también que no haré guerra ni paz ni pacto a no ser con el consejo de los obispos, nobles y hombres buenos, por cuyo consejo debo regirme.
IV Item. Decreta que Don Alfonso, Rey de León y de Galicia estableció en la Curia de León en 1.188

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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

La historiografía romana va siempre un paso por delante de la realidad. Por eso a Bruto se le hace llegar hasta Galicia, porque se supone que el resto de la Península ya había sido sometido con anterioridad. En este momento, sin embargo, lo dudo mucho. En mi opinión, el territorio controlado por Roma a mediados del siglo II a. C. no rebasaba Sierra Morena. No creo ni siquiera que la frontera variase antes de la guerra de Sertorio. Las campañas militares se limitaban a incursiones de saqueo, y además en ambos sentidos. Las dos razzias más importantes, de hecho, debieron ser éstas, una primera de los lusitanos sobre Andalucía, y una segunda en respuesta de los romanos contra Estremadura, que posiblemente llegase hasta el sur de León, la famosa guerra de fuego. Destruirían unas cuantas ciudades y al final quedarían embarrados en una de ellas, debiendo retirarse y acaso exigir algún tributo.

En todo caso, la aproximación de Bruto a la costa sí que tiene sentido, incluído lo de Lisboa. Eso sí que les interesaba.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Tchazzar »

Teniendo el control de Roma de los mares en ese momento. Lo normal es expandirse primero por la costa.

Ya después razzias para asegurarse la lealtad. Lo tenemos en Germania en los siglos I, II y III. La diferencia que nunca terminaron de asegurar la región.

Hispania tiene mar por todo los lados.... Germania tiene más salida.

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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

La misma conquista de la Galia por César, sin ir más lejos, responde a ese esquema. Llega como un mercenario, pero en el momento en que todos se vuelven contra él y dejan de suministrarle, no le queda otra que el saqueo. Los galos, así pues, se repliegan y se acaban encerrando en su principal fortaleza, en cuya ayuda acuden los refuerzos. César vence e impone un tributo. Roma no puede hacer otra cosa. No tiene capacidad para anexionarse y colonizar un territorio tan grande. La verdadera conquista llega de una forma más lenta, por un proceso paulatino de aculturación. ¿Hubo otros intentos que fracasaron?

Con Hispania ocurre igual. La conquista o asimilación es un proceso lento e incluso tangencial a las propias guerras. En la Meseta Roma se limita a llevar a cabo incursiones de saqueo que concluyen con una rebelión generalizada y bien la derrota del ejército invasor o bien un tratado de paz que compromete a los hispanos a pagar tributos, un tratado similar al de Graco. ¿Cuántas veces ocurrió eso? En las fuentes parecen relatarse muchas de estas razias, pero lo cierto es que documentada realmente sólo hay una, la guerra de fuego, con cuya duplicación se crean las otras, la campaña de Graco y las guerras de Viriato y Numancia, a parte de otros episodios menores. Todos querían dar lustre a sus antepasados.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Los coetáneos de Pompeyo sabían que que algo más de medio siglo antes los lusitanos les habían infligido la mayor derrota sufrida en Hispania. Por eso no entendían qué tenían que ver aquellos lusitanos con Numancia. Esta contradicción se aprecia en varios lugares, como por ejemplo en la confusión actual entre las dos Nertobrigas, o también en la campaña de Graco, supuestamente contra los lusones del Ebro pero que enumera una serie de ciudades claramente turdetanas. La solución que se acabó dando fue la de que aquellos lusitanos posteriormente se habían instalado en Numancia. También hay varias versiones diferentes al respecto, desde la fundación de una nueva ciudad, la reubicación por parte de los romanos, o la famosa huida desde Segeda. En todo caso, donde mejor se aprecia este desajuste es en el fragmento de Apiano que ya sacó a relucir Poliorcetos. Ahí, como es habitual en Apiano, se mezcla todo:
Después de su muerte eligieron a Tántalo, uno de ellos, como general y se dirigieron a Sagunto, ciudad que Aníbal, tras haberla tomado, había fundado de nuevo y le había dado el nombre de Cartago Nova, en recuerdo de su patria. Cuando fueron rechazados de allí y estaban cruzando el río Betis los atacó Cepión y, finalmente, Tántalo exhausto se rindió con su ejército a Cepión, a condición de que fueran tratados como un pueblo sometido. Los despojó de todas sus armas, y les concedió tierra suficiente, a fin de que no tuvieran que practicar el bandidaje por falta de recursos. Y de este modo acabó la guerra de Viriato.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Ayyy, que ahora estoy con Sertorio. Con quien tenemos una huída desde Cartagena, un paso del estrecho con mercenarios, si, mercenarios para los lusitanos. le esperan en un castro cerca del estrecho, es decir, los lusitano estaban en el estrecho, derrota a las legiones en el Betis, después en Consuegra y después en Lérida, una pasada. No son los lugares, son elementos mezclados de los que hay en el tintero. Fufidio, etc.

A ver si me acabo de poner al día con Sertorio. Digo todo esto porque por donde dices, creo que van los tiros. Hay un nexo, las enseñas paseadas por Hispania. Un nexo que tengo que ver primero sobre el mapa y después en su hilo.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Mommsen, el más grande, tuvo otra vez la miel en los labios, como con Baécula, pero tampoco remató. Luego llegó Schulten y lo volvió a ofuscar todo.
“Dos pequeños pueblos celtíberos vecinos de los poderosos arébacos (no lejos de las fuentes del Duero y del Tajo), los belos y los titios, habían resuelto reunirse en Segeda, una de sus ciudades (hoy la Higuera, cerca de Jaén).”
Mommsen.
Imagen

Debido al ya comentado prognatismo, y a la compresión del mapa en lo horizontal, lo cual se aprecia bien en el excesivo desplazamiento de la frontera lusitana hacia el este, Ptomomeo duplica Segida, al igual que Obulco o Ilipa Magna. En un caso toma como referencia la costa del Atlántico y en otro la frontera lusitana. Hay que buscar una posición intermedia entre las dos, muy próxima por tanto a Nertobriga, si es que no son la misma. Véase dónde ubica "Mariana Mons media pars", es decir, la mitad de Sierra Morena, junto a la Segida occidental.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Poliorcetos escribió:
05 Oct 2021 12:38
Muy bueno, Bernardo. Un inciso con Bruto:
72-. Después de atravesar el río Duero, llevó la guerra a muchos lugares reclamando gran cantidad de rehenes a quienes se le entregaban, hasta que llegó al río Letes, y fue el primer romano que proyectó cruzar este río. Lo cruzó, en efecto, y llegó hasta otro río llamado Nimis e hizo una expedición contra los brácaros, que le habían arrebatado las provisiones que llevaba. Es éste un pueblo enormemente belicoso que combate juntamente con sus mujeres que llevan armas y mueren con ardor sin que ninguno de ellos haga gesto de huir, ni muestre su espalda, ni deje escapar un grito. De las mujeres que son capturadas, unas se dan muerte a sí mismas y otras, incluso, dan muerte a sus hijos con sus propias manos, alegres con la muerte más que con la esclavitud. Algunas ciudades que entonces se pasaron al lado de Bruto se sublevaron poco después y Bruto las sometió de nuevo.
No hay romano al que no roben las provisiones, o el botín, o las provisiones saqueadas. Lo curioso en este caso es que se las roban antes de entrar en el territorio que van a incursionar, impresionante. Como si fuera la disculpa para una invasión, que roban, en general.
La ciudad de Ocili es sitiada por los lusitanos, pero Mummio levanta el sitio. Al año siguiente, sin embargo, a consecuencia de las derrotas sufridas por Nobílior, Ocili hace defección a los romanos, quienes guardaban allí sus provisiones, y además se les ataca por la espalda cuando éstos regresaban al campamento tras haber reclutado caballería. Marcelo, con todo, acepta su rendición, una rendición que después el senado anula.

Aquí ya vemos cierto paralelismo con Numancia, aunque para ello hay que abstraerse mucho. Hay que mirar con los ojos entrecerrados.

Los lusitanos hostigan a los arévacos hasta que éstos cambian de bando. Los numantinos acosan a los romanos en su retirada. Poco después los romanos firman una paz con los numantinos que también es anulada por el senado.

La clave está en que esta historia no pinta nada en el mito de Numancia, y por tanto debe ser anterior. Pertenece a la guerra de fuego, y no sucede en Numancia ni tiene nada que ver con ella. Por eso, precisamente, da la sensación de que les roban las provisiones antes de entrar en el territorio a incursionar, porque Numancia no encaja, pues queda detrás y no delante de donde se produce la batalla.
Los nergobrigenses, al enterarse de su moderación, le enviaron emisarios para preguntarle por qué medios obtendrían la paz. Cuando les ordenó entregarle cien jinetes para que combatieran a su lado como tropas auxiliares, ellos les prometieron hacerlo, pero, por otro lado, lanzaron un ataque contra los que estaban en la retaguardia y se llevaron algunas bestias de carga.
Apiano.
¿Si todavía no había llegado a Nertobriga, cómo es posible que aquellos atacasen su retaguardia? Evidentemente ya había pasado por allí. Ya habían pactado cuando les traicionaron.

¿Provisiones? ¿Botín? Está claro. Esto es el desastre de Annual. Los romanos llevan a cabo una incursión en profundidad, pero ésta se tuerce, y en la retirada los pueblos que habían dejado sometidos en la retaguardia se sublevan también. Es lo mismo que hicieron los eduos después de Gergovia.

La siguiente pista la dan las mujeres. ¿Polibio? ¿Incursión contra los vacceos? ¿Mujeres aguerridas?

Primero la anécdota:
Antes do combatir contra los romanos, Aníbal, hijo de Barca, puso cerco a Salmatis, gran ciudad de España; los sitiados en el primer momento cobraron temor y prometieron hacer lo que se les mandaba, entregar a Aníbal trescientos talentos de plata y trescientos rehenes. Pero al cesar el asedio, cambiaron de pensar y no cumplieron nada de lo pactado.-Volvió sobre sus pasos Aníbal. y dió orden a sus soldados de entrar a saco en la ciudad: aterrorizados los bárbaros accedieron a salir los de condición libre con sólo sus túnicas y dejando en la ciudad las armas, riquezas y esclavos. - Pero las mujeres, calculando que los hombres serían registrados a la salida uno por uno y que a ellas no se las tocaría, tomaron las espadas, se las escondieron y salieron junto con sus maridos. Salidos todos, Anílbal les puso bajo la vigilancia de un cuerpo de :masaisilios, en un barrio apartado de la ciudad; los demás soldados se diseminaron para entregarse al saqueo. Los masaisilios viendo como se repartían el botín, no pudieron ya contenerse más ni hacer atención a los cautivos, sino que, soliviantados, se dispersaron también para tomar parte en la presa.-En esto las mujeres, levantando un gran clamor, entregan las espadas a los hombres, algunas con ellas atacan a los guardianes; una de ellas, arrancando la lanza a un intérprete llamado Bnnón, le hiere con ella , a pesar de su coraza; los hombres, matando a unos y poniendo en fuga a otros, se abrieron paso con las mujeres y se escaparon.-Enterado de ello Aníbal, salió en su persecución, matando a los que pudo alcanzar; los que pudieron refugiarse en los montes, se salvaron por el momento, pero después enviaron mensajes de súplica a Aníhal : éste les trató con respeto y benevoleneia y les restituyó su ciudad.
Plutarco.
Y después las líneas generales de esa misma campaña:
Aníbal, tomando el mando, se puso al instante en marcha para sujetar a los olcades; llegó delante de .AJthea, su ciudad más fuerte, acampó, y después de vigorosos y terribles ataques se apoderó rápidamente de ella.-Los restantes pueblos, aterrados por este hecho, se entregaron u los cartagineses. Impuso una contribución a estas ciudades y dueño de grandes riquezas marchó a invernar a Cartagena.-Su generosidad con los que le habían seguido, dando a los soldados sus raciones y prometiéndoles otras ventajas, le ganó un gran aprecio e hizo nacer en sus tropas magníficas esperanzas. A principios del verano marchó de nuevo contra los Vacceos, se apoderó de Salamanca al primer asalto, y ganó también por la fuerza a Arbucala, ciudad que por su magnitud y el número y valor de sus habitantes le costó gran esfuerzo. A su vuelta, y de improviso. se vió en el mayor peligro, pues los carpetanos, pueblo casi el más poderoso de los que habitan en aquellos lugares, cayeron sobre él; se les habían unido los pueblos vecinos, excitados principalmente por los olcades fugitivos, y encendidos también por los que se habían salvado de Salamanca. Si los cartagineses se hubiesen visto obligados a luchar contra ellos en batalla ordenada, evidentemente hubieran perecido. Pero Aníbal. cauta y prudentemente se fué retirando, y poniendo como obstáculo el río llamado Tajo, afrontó el peligro de atravesar el río, y utilizando a éste como auxiliar junto con los elefantes que tenía en número de unos cuarenta, le salió todo como había pensado y de acuerdo con sus proyectos.-Pues los bárbaros emprendieron por muchos puntos la travesía del río, pero la mayor parte pereció al llegar a la otra margen, pues los elefantes estaban dispuestos a lo largo de ella y los aplastaban a medida que iban llegando; muchos murieron también en el mismo río a manos de la caballería que resistía mejor la corriente y luchamlo desde encima dol caballo peleaba con ventaja .- Finalmente pasando de nuevo al otro lado Aníbal, y cayendo sobre los bárbaros, ahuyentó a más de diez mil.- Después de esta derrota ningún pueblo de esta parte del Ebro se atrevió a a hacer frente a los eartagineses, a excepción de Sagunto.
Polibio.
Ahí tenemos la retirada, pero esta vez con un final feliz.

Un régulo lusitano llamado Cáuciro, alias Viriato, invade la Turdetania. Los romanos envían un ejército contra él, pero éste se repliega hacia el norte. En su persecución los romanos van sometiendo la Lusitania. Entonces Cáuciro se gira y los derrota, muriendo en el ataque al campamento. Los romanos, en cualquier caso, emprenden la retirada y las tribus anteriormente sometidas, las cuales habían puesto a su disposición tropas auxiliares y les habían abastecido, se sublevan y acosan su retaguardia. El siguiente general romano restablece las anteriores alianzas, pero el senado exige un castigo. Así pues, su sucesor entra a sangre y fuego en la Lusitania.

La matanza de Nertobriga no es anterior a Viriato, sino posterior. Ahí precisamente se produce el bucle.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Lo curioso es que todos los historiadores posteriores a Polibio siempre han creído que se trataba de Numancia, o al menos siempre la han ubicado en el territorio de los arévacos. Aquí tenemos otras dos duplicaciones de la matanza de Galba.
Después de la expulsión de los cimbrios, llegó Tito Didio y dio muerte hasta veinte mil arevacos. A Termeso, una ciudad grande y siempre insubordinada contra los romanos, la trasladó desde la posición sólida que ocupaba a la llanura y ordenó que sus habitantes vivieran sin murallas. Después de poner sitio a Colenda, la tomó a los ocho meses de asedio por rendición voluntaria y vendió a todos sus habitantes con los niños y las mujeres.
Apiano, Iberia, 99.
Existía otra ciudad próxima a Colenda, habitada por tribus mezcladas de los celtíberos, a quienes Marco Mario había a sentado allí hacía cinco años con la aprobación del senado, por haber combatido como aliados suyos contra los lusitanos. Pero éstos a causa de su pobreza se dedicaron al bandidaje. Didio, tras tomar la decisión de destruirlos, con el beneplácito de los diez legados todavía presentes, comunicó a los notables que quería repartirles el territorio de Colenda en razón de su pobreza. Cuando los vio alegres, les ordenó que comunicaran al pueblo esta decisión y acudieran con sus mujeres e hijos a la repartición del terreno. Después que llegaron, ordenó a sus soldados que evacuaran el campamento y, a los que iban a recibir el nuevo asentamiento, que penetraran en su interior so pretexto de inscribir en un registro a la totalidad de ellos, en una lista los hombres y en otra las mujeres y los niños para conocer qué cantidad de tierra era necesario repartirles. Cuando hubieron penetrado en el interior de la zanja y empalizada, Didio, rodeándoles con el ejército, les dio muerte a todos. Y por estos hechos también celebró su triunfo Didio.
Apiano, Iberia, 100.
Efectivamente se trataba de aliados de los romanos que habían combatido contra los lusitanos, pero el acto de bandidaje se produjo inmediatamente después de la batalla, sobre el ejército en retirada. Lo del reasentamiento, sin embargo, ya es otra historia. Ahí ya se está aludiendo a Numancia, puesto que así se justifica la relación de Sertorio con aquellos bandidos. No hubo ninguna petición de ser reubicados ni ninguna intención de hacerlo. Habiendo firmado la paz con Roma, y aprovechándose de esa confianza, se asesinó a la nobleza en un banquete, y al resto los vendieron como esclavos.

Si bien el mito de Numancia ha sido sostenido por la arqueología, aún resulta más paradójico que los restos de la matanza hayan aparecido en el Castrejón de Capote y, sin embargo, no se les haya prestado atención. Tiene narices. El uno, precisamente, desmiente
al otro. Escipión no destruyó Numancia sino Nertobriga.

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Lúculo, que había combatido contra los vacceos sin autorización senatorial y, a la sazón, se encontraba invernando en Turdetania, al darse cuenta de que los lusitanos hacían incursiones contra las zonas próximas, envió a sus mejores lugartenientes y dio muerte a cuatro mil lusitanos. Mató a mil quinientos cuando atravesaban el estrecho cerca de Gades, y a los demás, que se habían refugiado en una colina, los rodeó de una empalizada y capturó a un número inmenso de ellos. Entonces, tras invadir Lusitania, se puso a devastarla gradualmente.
Apiano, Iberia, 59.
Nelitis neque litis

“...Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Bernardo Pascual escribió:
09 Oct 2021 15:31

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Espectacular puerta en corredor. ¿Esas aspilleras?

Esto a lo que en su día no hicimos ni caso, es maravilloso. Aplaudo con las orejas este trabajo: Contrebia Leukade. Mención aparte son sus murallas "del siglo III" en la ciudad visigoda, pero eso es otra historia. Ahí tienes tema con la duplicidad de nombres, como Castulo. No digamos ya Ilurci o como se quiera.
https://dialnet.unirioja.es/servlet/art ... igo=821118
Más sobre este lugar:
https://pdfs.semanticscholar.org/3ed9/0 ... 1633362828

Y ya que sacamos el tema:
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

No existió nunca ninguna ciudad llamada Contrebia. Ese nombre ficticio o mítico se lo inventaron los romanos con un juego de palabras. Proviene de Centobriga o Cantabriga:

Cántabros + briga = “la fortaleza de los cántabros” o “la capital de los celtíberos”.

Contrebia Leukade sería “la capital de los lusones”, y creo que ya hemos dejado claro que Tito Livio se está refiriendo a Numancia, el campamento de Sertorio.

En cuanto al yacimiento de Inestrillas, las fuentes no lo mencionan, pero eso no significa, por supuesto, que no pudiera haber ocurrido allí algún suceso importante. Se llegó a pensar incluso que se trataba de Segeda. Ahora ya sabemos, sin embargo, que no existe ninguna relación real entre Segeda y Numancia, sino puramente legendaria, para enlazar a Sertorio con Viriato.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Poliorcetos escribió:
08 Oct 2021 04:05
Ayyy, que ahora estoy con Sertorio. Con quien tenemos una huída desde Cartagena, un paso del estrecho con mercenarios, si, mercenarios para los lusitanos. le esperan en un castro cerca del estrecho, es decir, los lusitano estaban en el estrecho, derrota a las legiones en el Betis, después en Consuegra y después en Lérida, una pasada. No son los lugares, son elementos mezclados de los que hay en el tintero. Fufidio, etc.

A ver si me acabo de poner al día con Sertorio. Digo todo esto porque por donde dices, creo que van los tiros. Hay un nexo, las enseñas paseadas por Hispania. Un nexo que tengo que ver primero sobre el mapa y después en su hilo.
La campaña de Lúculo contra los vacceos, es decir, la guerra de fuego, está mezclada con la guerra de Sertorio. Precisamente, de la fusión de estos dos episodios es de donde surgen Viriato y la guerra de Numancia. Entre todas esas duplicaciones que mencionas habría que acordarse sobre todo de lo de Cauca.

La gran cuestión ahora está en saber a cuál de las dos guerras pertenecen los dos principales sucesos referidos a Numancia, el ataque a los forrajeadores, cuando éstos se quedan incomunicados sin que se les pueda socorrer desde el campamento, y la caída en las zanjas o fosos cuando intentan tomar la ciudad.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Poliorcetos escribió:
28 Jun 2020 16:10
Bernardo Pascual escribió:
27 Jun 2020 19:58
XXI.- En los campos seguntinos había reducido a los enemigos a la última escasez, y le fue preciso combatir con ellos en ocasión que bajaban a merodear y hacer provisiones.
Esa Seguntia, no Segontia, se interpreta a veces como Sagunto, y volvemos a los orígenes. Los dichosos topónimos. Personalmente me iría más al Duero. Todo está lleno de campamentos, desde Sigüenza en adelante. Pero bueno, tampoco es lo principal hasta la hora de intentar dibujar un mapa.
:dpm: Vas a tener razón. Ese es el ataque a los forrajeadores.
Mientras Pompeyo asediaba a Palantia y trataba de dejar en suspenso las m urallas por medio de troncos de madera introducidos bajo las mismas, apareció Sertorio y levantó el asedio. Sin embargo, Pompeyo tuvo tiempo de prender fuego a las murallas, y luego se retiró junto a Metelo. Sertorio reconstruyó las partes de la muralla caídas y, llevando a cabo un ataque contra las tropas acampadas en las cercanías del territorio de Calagurris dio muerte a tres mil hombres. Éstos fueron los acontecimientos de este año en España.
Apiano.
Mudóse con esto la suerte de la victoria, y Sertorio, para proporcionar a los suyos una fuga segura y dar tiempo a que le llegaran nuevas tropas, se retiró a una ciudad montuosa y bien fortificada, cuyos muros empezó a reparar, y a obstruir sus puertas, sin embargo de que en todo pensaba más que en aguantar allí un sitio, sino que así engañó a los enemigos. Porque atendiendo a él solo, y esperando que sin dificultad se apoderarían de la ciudad, no pensaron en perseguir a los bárbaros en su fuga, ni hicieron caso de las fuerzas que de nuevo acudían a Sertorio. Reuníalas en tanto, enviando caudillos a las ciudades que estaban por él, y dándoles orden de que cuando tuvieran bastante número se lo avisaran por un emisario. Cuando ya tuvo estos avisos, salió sin trabajo por medio de los enemigos, fue a unirse con su gente, y presentándose otra vez con respetables fuerzas les interceptaba a aquellos los víveres: los que podían venirles por tierra, armándoles celadas, cortando sus partidas y apareciéndose por todas partes, sin darse ni darles reposo; y los del mar, por medio de barcos corsarios, con los que era dueño de la marina, en términos que, precisados los generales romanos a separarse, Metelo se retiró a la Galia, y Pompeyo hubo de invernar con incomodidad en los Vacceos, por falta de fondos; escribiendo al Senado que no regresaría con el ejército si no se le enviaba dinero: porque ya había gastado todo su caudal peleando por la Italia; en Roma no se hablaba de otra cosa sino de que Sertorio llegaría antes a la Italia que Pompeyo. ¡A este punto trajo la pericia y destreza de Sertorio a los primeros y más hábiles generales de aquel tiempo!
Plutarco.
Sertorio levanta el sitio de Pallantia (Numancia) y obliga a Pompeyo a retirarse. Luego lo persigue hasta el Ebro. Pompeyo se ve forzado a invernar entre los vascones.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Mucha miga en tan pocas líneas.
Bernardo Pascual escribió:
12 Oct 2021 19:57
Mientras Pompeyo asediaba a Palantia y trataba de dejar en suspenso las m urallas por medio de troncos de madera introducidos bajo las mismas, apareció Sertorio y levantó el asedio. Sin embargo, Pompeyo tuvo tiempo de prender fuego a las murallas, y luego se retiró junto a Metelo. Sertorio reconstruyó las partes de la muralla caídas y, llevando a cabo un ataque contra las tropas acampadas en las cercanías del territorio de Calagurris dio muerte a tres mil hombres. Éstos fueron los acontecimientos de este año en España.
Esto sí que tiene cabida en Contrebia Leukade. Ahí si que hay muralla torreada de piedra. Ya de antaño lo venían sugiriendo. No digo que lo sea, pero encaja. El trazado es penoso, con un punto débil clarísimo. Y ahí sí que hay un foso pistonudo excavado en roca. Ahí hay precipicios, un sólo camino a la llanura, un sólo río, pero en un meandro. Ese es el asalto. Numancia, en medio de una llanura, no tiene apenas fortificaciones, serían las de campaña que no se suelen considerar.
76¬. "Retorna ahora nuestra historia a la guerra de arevacos y numantinos, a los que Viriato había incitado a la revuelta. Cecilio Metelo fue enviado desde Roma contra ellos con un ejército más numeroso y sometió a los arevacos, cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez, mientras estaban entregados a las faenas de la recolección. Sin embargo, todavía le quedaban Termancia y Numancia. Numancia era de difícil acceso, pues estaba rodeada por dos ríos, precipicios y bosques muy densos, Sólo existía un camino que descendía a la llanura, el cual estaba lleno de zanjas y empalizadas. Sus habitantes eran excelentes soldados, tanto a caballo como a pie, y en total sumaban unos ocho mil. Aun siendo tan pocos pusieron en graves aprietos a los romanos a causa de su valor. Metelo, después del invierno, entregó a Quinto Pompeyo [Aulo], su sucesor en el mando, el ejército consistente en treinta mil soldados de infantería y dos mil jinetes perfectamente entrenados. Pompeyo, cuando estaba acampado ante Pompeyo, marchó a cierto lugar, y los numantinos, descendiendo, mataron a un cuerpo de su caballería que corría detrás de él. Cuando regresó, desplegó su ejército en la llanura y los numantinos bajando a su encuentro se replegaron un poco como intentando huir hasta que Pompeyo (...) en las empalizadas y precipicios."
Y al hilo del terreno, ahí los tienes, a Metelo y Pompeyo... acampado en ¿Pamplona? Ese es el resúmen.

¿Cuántos hombres trajo Pompeyo por los Pirineos? 30.000 infantes y 2.500 jinetes, eso si, con 20.000 auxiliares de no sé dónde, los de Publio, ni idea.
Todo me resultaba tan extraño, y no puedo avanzar por poner a Metelo en Galia, el de la Ulterior, eso es para nota. Eso para las sertorianas, porque para Nobilior jamás entendí que tras quedarse sin provisiones y derrotado:
Nobílior, perdidas las esperanzas totalmente, invernó en su campamento guareciéndose como le fue posible. Al contar tan sólo con las provisiones que tenía en él sufrió severamente por la falta de las mismas, por la abundancia de nevadas y el rigor del frío, de modo que perecieron muchos soldados, algunos mientras estaban recogiendo leña, otros dentro del campamento, víctimas de la falta de espacio, y otros de frío."
Esto jamás me creí que fuera en Numancia, ¿Cómo iba a acampar en esas condiciones en territorio enemigo? Pero si es Pompeyo, el Magno, cómo cambia el cuento.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Muy bueno lo de Metelo y Pompeyo. Por otro lado, podrías tener razón también con lo de Inestrillas. Con semejante campamento en Renieblas el objetivo en todo caso habría sido éste y no Numancia. ¿Podría corresponderse el yacimiento de Inestrillas con esa misteriosa Segovia de Ptolomeo aparentemente mal ubicada?

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Logroño (Vareia), Calahorra e Inestrillas son las tres salidas al valle del Ebro desde Numancia. En el otro extremo del tablero está Pamplona.

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“Disuelta la asamblea, ercomendó a todos valor y confianza y les ordenó que regresasen a sus ciudades; al principio de la primavera envió a Marco Perpenna con veinte mil infantes y mil quinientos jinetes al país de los ilercaones para defender la costa de esta región, preceptuándole qué caminos seguiría para acudir en socorro de las ciudades aliadas que Pompeyo sitiaba, y qué emboscadas podría tender para atacar al ejército mismo de Pompeyo. Al mismo tiempo envió cartas a Herennuleyo que se encontraba por los mismos lugares y a Lucio Hirtuleyo, en la otra provincia, indicando de qué modo quería que llevase la guerra; ante todo que se defendiesen las ciudades aliadas de modo que no fuese necesario entablar batalla con Metelo, al cual era desigual en autoridad y en fuerzas. Por su parte, ni creía que él debiese marchar contra Pompeyo, ni Pompeyo mismo había de bajar a entablar batalla con él. Si la guerra se prolongaba, teneindo el enemigo el mar a la espalda, y poseyendo el dominio de todas las provincias, por el mar le vendrían provisiones de todas partes, mientras que él, consumidas las provisiones preparadas en la anterior campaña, se encontraría en una total inopia. Perpenna había sido colocado junto a la costa con el doble fin de poder proteger los territorios aún intactos por el enemigo y de cuando en cuando poderle atacar de improviso si la ocasión se presentaba. Él mismo determinó avanzar contra los berones y autricones, de los que había comprobado que, mientras él sitiaba las ciudades de la Celtiberia, habían implorado el auxilio de Pompeyo, habían enviado guías al ejército romano y muchas veces habían hostilizado con sus jinetes a sus propios soldados cuando, durante el asedio de Contrebia, salían del campamento para recoger forraje o provisiones. También habían osado solicitar de los arévacos que se pasasen a su partido. Hecho el plan de campaña, consideró qué determinación había de tomar, a cuál de los dos enemigos y a cuál de las dos provincias debía dirigirse primero: o a la región costera para alejar a Pompeyo de la Ilercaonia y la Contestania, pueblos aliados los dos, o a la Lusitania, contra Metelo. En esas consideraciones Sertorio guió a su ejército pacificamente sin ningún daño por territorios tranquilos, más allá del Ebro. Marchando seguidamente contra las tierras de los bursaones, de los cascantinos y de los gracurritanos, las devastó todas y, asoladas sus cosechas, se dirigió a Calagurris Nasica, ciudad aliada; pasó un río cercano a la ciudad y, después de construir un puente, instaló allí su campamento. Al día siguiente mandó al cuestor Marco Mario a los pueblos de los arévacos y cerindones para reclutar tropas, y de allí a Contrebia Leucada para reunir provisiones de trigo; desde esta ciudad la salida al territorio de los berones era facilísima, a dondequiera pensase llevar el ejército; así mismo envió al prefecto de la caballería Cayo Insteyo a Segovia y al país de los vacceos para reclutar fuerzas de caballería, ondenándole que le esperase en Contrebia. Enviados éstos, salió él mismo con su ejército a través del territorio de los vascones y acampó en los confines de los berones. Al día siguiente, adelantándose con la caballería a explorar el camino y ordenando a la infantería que lo siguiese en formación de cuadro, llegó a la ciudad de Vareya, la más fuerte de esta región. No fue de improviso su llegada, durante la noche, y por todas partes con sus caballeros y con los de los autricones...”
Tito Livio.
Sertorio no estaba en Contrebia, sino que envía allí a sus legados, estableciendo allí el punto de reunión para dirigirse directamente a Logroño con los refuerzos mientras él remonta el Ebro desde Alfaro. Él, precisamente, estaba actuando ya en los alrededores de Inestrillas.

En todo caso, ahora es cuando tiene sentido la emboscada a los forrajeadores, y se aprecian mejor los paralelismos con la campaña de Pompeyo Aulo contra Numancia.
“Cuando Sertorio estaba acampado al lado de Pompeyo cerca de la ciudad de Lauron, en España, había sólo dos lugares de los cuales podía ser reunido forraje, uno cercano, el otro más lejano. Sertorio dió órdenes que el cercano fuera continuamente incursionado por tropas ligeras, pero que el más lejano no fuera visitado por tropa alguna. Así, convenció finalmente a sus adversarios que el sitio más distante era más seguro. Cuando, en una ocasión, las tropas de Pompeyo fueron a esa región, Sertorio ordenó que Octavio Grecino, con diez cohortes armadas a la manera romana, y diez cohortes de españoles armados ligeramente, junto con Tarquinio Prisco y dos mil jinetes, partieran a poner una emboscada contra los buscadores de forraje. Estos hombres ejecutaron sus instrucciones con energía; ya que después de examinar el terreno, escondieron las fuerzas arriba mencionadas antes de la noche en un bosque vecino, apostando a los españoles armados ligeramente en el frente, como más apropiados para la guerra furtiva; los soldados que portaban escudo, un poco más atrás, y la caballería en la retaguardia, a fin de que el plan no pudiera ser traicionado por el relincho de los caballos. Entonces ordenaron que todos reposaran en silencio hasta la hora tercera del día siguiente Cuando los hombres de Pompeyo, no albergando sospecha alguna y cargados con forraje, pensaban volver, y aquellos que habían estado de guardia, atraídos por la situación, se escabullían para buscar más forraje, los españoles, repentinamente, saliendo como flechas con la rapidez característica de su raza, vertiéndose sobre los rezagados, infligieron muchas heridas sobre ellos, y los derrotaron, para su gran asombro. Entonces, antes de que la resistencia a este primer asalto pudiera ser organizada, las tropas que portaban escudo, desparramándose desde el bosque, se abatieron sobre los romanos y derrotaron a los que volvían a las filas, mientras la caballería, enviada tras de aquellos que huían, los siguió por todo el camino hasta el campamento, destrozándolos. Se aseguró también que nadie escapara. Doscientos cincuenta jinetes de la reserva, enviados adelante con este objetivo, encontraron simple correr por atajos, y luego volver atrás y encontrar a aquellos que habían huido primero, antes de que alcanzaran el campamento de Pompeyo. Enterado de esto, Pompeyo envió una legión bajo Décimo Lelio para reforzar a sus hombres, con lo cual la caballería del enemigo, retirándose al flanco derecho, fingió ceder el paso, y luego, pasando alrededor de la legión, la asaltó por la retaguardia, mientras aquellos que habían perseguido a los forrajeros, lo atacaron por el frente también. Así la legión con su comandante fue aplastada entre las dos líneas del enemigo. Cuando Pompeyo condujo a su ejército entero a ayudar a la legión, Sertorio exhibió sus fuerzas preparadas en la ladera, y así impidió el objetivo de Pompeyo. Así, además de infligir un doble desastre, a consecuencia de la misma estrategia, Sertorio obligó a Pompeyo a ser testigo indefenso de la destrucción de sus propias tropas. Este era la primera batalla entre Sertorio y Pompeyo. Según Livio, se perdieron diez mil hombres en el ejército de Pompeyo, junto con el transporte entero.”
Frontino, II, 5, 31.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

:dpm: Buscábamos una Segovia y posiblemente la tengamos ahí.

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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Con Segovia no puedo ayudarte de momento, hay tantas...

El campamento de Renieblas si que podía ser su base, manteniendo su ejército en reserva para desplazarse al Ebro por cualquiera de esas rutas. Base ofensiva, apartada de la ciudad. Sin embargo, para la defensa es mucho mejor la ciudad, mucho más difícil de sitiar. Son compatibles. Inestrillas debió ser asaltado en repetidas ocasiones por lo dicho en el enlace. Una muralla torreada con el mega-foso, que fue renovada y reparada en varias ocasiones. Estos serían asaltos estilo Avaricum, frente a asedios en Numancia tipo Alesia.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Poliorcetos escribió:
13 Oct 2021 01:15
El campamento de Renieblas si que podía ser su base, manteniendo su ejército en reserva para desplazarse al Ebro por cualquiera de esas rutas. Base ofensiva, apartada de la ciudad.
Halló en ella una juventud floreciente en el número y en la edad; pero como la viese mal dispuesta a sujetarse a toda especie de mando, a causa de la codicia y malos tratamientos de los Pretores que les habían cabido, con la afabilidad se atrajo a los más principales, y con el alivio de los tributos a la muchedumbre; pero con lo que principalmente se hizo estimar fue con librarlos de las molestias de los alojamientos. Obligó, en efecto, a los soldados a armarse barracas en los arrabales de los pueblos, siendo él el primero que se hospedaba en ellas. Sin embargo, no se debió todo a la benevolencia de los bárbaros, sino que, habiendo armado de los Romanos allí domiciliados a los que estaban en edad de tomar las armas, y habiendo construído naves y máquinas de todas especies, de este modo tuvo sujetas a las ciudades, siendo benigno cuando se disfrutaba de paz y apareciendo temible a los enemigos con sus prevenciones de guerra.
Plutarco, Sertorio, VI.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Tito Livio, antes de escribir su Historia de Roma por años, necesitó dibujar en sucio un calendario a modo de plantilla. Partiendo de eso, habría sido pura casualidad que hubiera acertado el número de años transcurridos desde el comienzo de su obra hasta el final. En el caso concreto de la conquista de Hispania, los sucesos los duplica muchas veces. La misma batalla la puede llegar a contar cinco veces seguidas. Por si fuera poco, está todo tan currado, tan elaborado, que resulta casi imposible saber cuál es la buena. De las Vulcanalia se sabe que se celebraban el 23 de agosto, pero se ignora el año. Podría haber una fluctuación de más o menos unos ocho, casualmente, y no por nada, lo que duran las correrías de Viriato. El dato que ancla esta fecha, sin embargo, podría deducirse, creyendo a Polibio, de la coetaneidad de dicha guerra con la de Masinisa contra los cartagineses.

Hagamos boca con la versión más literaria:
Al año siguiente, Fabio Máximo Serviliano, el hermano de Emiliano, llegó como sucesor de Quintio en el mando, con otras dos legiones y algunos aliados. En total sus fuerzas sumaban unos dieciocho mil infantes y mil seiscientos jinetes. Después de escribir cartas a Micipsa, el rey de los númidas, para que le enviase elefantes lo más pronto posible, se apresuró hacia Ituca llevando el ejército por secciones. Al atacarle Viriato con seis mil hombres en medio de un griterío y clamores a la usanza bárbara y con largas cabelleras que agitaban en los combates ante los enemigos, no se amilanó, sino que le hizo frente con bravura y logró rechazarlo sin que hubiera conseguido su propósito. Después que le llegó el resto del ejército y enviaron desde África diez elefantes y trescientos jinetes, estableció un gran campamento y avanzó al encuentro de Viriato, y tras ponerlo en fuga, emprendió su persecución. Pero, como ésta se hizo en medio del desorden, Viriato, al percatarse de ello durante su huida, dio media vuelta y mató a tres mil romanos. Al resto los llevó acorralados hasta su campamento y los atacó también. Sólo unos pocos le opusieron resistencia a dura penas alrededor de las puertas, pero la mayoría se precipitó en el interior de las tiendas a causa del miedo y tuvieron que ser sacados con dificultad por el general y los tribunos. En esta ocasión destacó en especial Fanio, el cuñado de Lelio, y la proximidad de la noche contribuyó a la salvación de los romanos. Pero Viriato, atacando con frecuencia durante la noche, así como a la hora de la canícula, y presentándose cuando menos se le esperaba, acosaba a los enemigos con la infantería ligera y sus caballos, mucho más veloces, hasta que obligó a Serviliano a regresar a Ituca.
Apiano, Iberia, 67.
Véase cómo encaja hasta lo de Micipsa, pero compárese ahora con esta otra versión, la larga:
45-. ...Así pues, Nobílior fue enviado contra ellos con un ejército de treinta mil hombres. Los segedanos, cuando supieron de su próxima llegada, sin dar remate ya a la construcción de la muralla, huyeron hacia los arévacos con sus hijos y sus mujeres y les suplicaron que les acogieran. Éstos lo hicieron así y eligieron como general a un segedano llamado Caro, que era tenido por hombre belicoso. A los tres días de su elección, apostando en una espesura a veinte mil soldados de infantería y cinco mil jinetes, atacó a los romanos mientras pasaban. Aunque el combate resultó incierto durante mucho tiempo, logró dar muerte a seis mil romanos y obtuvo un brillante triunfo. Tan grande fue el desastre que sufrió Roma. Sin embargo, al entregarse a una persecución desordenada después de la victoria, los jinetes romanos que custodiaban la impedimenta cayeron sobre él y mataron al propio Caro, que destacó por su valor, y a sus acompañantes, en número éstos no inferior a seis mil, hasta que llegada la noche puso fin a la batalla. Estos sucesos tuvieron lugar el día en el que los romanos acostumbraban a celebrar una procesión en honor de Vulcano. Por este motivo, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente en este día.

46-. Por consiguiente, los arevacos se reunieron de inmediato en esa misma noche en Numancia, que era la ciudad más poderosa, y eligieron como generales a Ambón y Leucón. Nobílior, a su vez, tres días más tarde marchó contra ellos y fijó su campamento a una distancia de veinticuatro estadios. Después que se le unieron trescientos jinetes númidas enviados por Masinissa y diez elefantes, condujo el ejército contra los enemigos, llevando ocultos en la retaguardia a los animales. Cuando se entabló combate, los soldados se escindieron y quedaron a la vista los elefantes. Los celtíberos y sus caballos, que jamás antes habían visto elefantes en ningún combate, fueron presa del pánico y huyeron hacia la ciudad. Entonces Nobílior condujo a los animales contra las murallas y combatió con bravura hasta que un elefante, herido en la cabeza por una enorme piedra que había sido arrojada, se enfureció y dando un fortísimo barrito volvió grupas contra sus amigos y mató a todo aquel que se le puso en su camino, sin hacer distinción entre amigos y enemigos. Los otros elefantes, excitados por el barrito de aquél, hacían todos lo mismo y comenzaron a pisotear a los romanos, a despedazarlos y lanzarlos por los aires. Esto es lo que les suele ocurrir siempre a los elefantes cuando están irritados, que consideran a todos como enemigos. Y algunos, a causa de esta falta de confianza, los llaman enemigos comunes. Como consecuencia de este hecho, la huida de los romanos fue desordenada. Los numantinos, al darse cuenta de ellos, se lanzaron desde los muros, y en la persecución dieron muerte a cuatro mil hombres y tres elefantes y se apoderaron de muchas armas y enseñas. De los celtíberos murieron alrededor de dos mil.

47-. Nobílior, después que hubo tomado un pequeño respiro tras el desastre, llevó a cabo un intento contra cierta cantidad de provisiones que el enemigo había almacenado en la ciudad de Axinio, pero al no conseguir ningún resultado positivo y sufrir, por el contrario, también alí muchas bajas, regresó de noche al campamento.
Apiano.
Aunque no lo parezca, ambas batallas son la misma. Ya sólo Apiano la cuenta más de diez veces. Qué digo diez... Siempre cuenta la misma.
El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero, como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia
Apiano.
A día de hoy, hemos conseguido identificar los dos sucesos reales, las guerras de fuego y de Sertorio, de los que emanan sendas leyendas, Viriato y Numancia. Dos sucesos que en principio nada tienen que ver entre sí, pero que se enlazan por necesidades del guión. Pompeyo divulga el mito, habladuría inicialmente, que emparenta a los numantinos con Viriato, y por tanto, con Sertorio, ya que quien en realidad resistió en Numancia fue Sertorio; del mismo modo que Viriato no murió asesinado por sus capitanes, sino que eso le ocurrió a Sertorio. Viriato, el personaje real, Cáuciro, como Nelson, cayó en su mayor victoria. No tuvo tiempo a celebrarla. Los trofeos se expusieron en su funeral. Los ocho años que se le alarga la vida son los mismos que Sertorio resistió a Roma en Hispania.

La pequeña bola de nieve con la que se empieza a construir esta montaña, insisto, no es sino el pequeño bulo que emparentaba a los hombres de Sertorio con aquellos iberos que, más de medio siglo antes, habían infligido a los romanos la derrota más sangrienta sufrida en estos lares. Claro que hubo un sitio en Numancia. Eso es indiscutible, lo confirman los campamentos. En una de sus muchas menciones, de hecho, la sitia un tal Pompeyo, sucesor de un tal Metelo, quien tiene que retirarse al territorio de los vascos o vacceos a pasar un duro invierno falto de provisiones. Eso es justo lo que llamamos el bucle, la retroalimentación de la duplicación de dos sucesos. Escipión, el pillín, siguiendo la tradición familiar de no perderse una fiesta, estuvo en las dos, en la de los lusitanos y en la de los arévacos, en Nertobriga y en Pallantia. Está claro que anda por ahí un pseudo-Polibio. Se le descubre por ciertos anacronismos. Con quien habría que empezar a meterse ahora es con Rutilio Rufo, pero ese ya pertenece a la otra trama, la de los rodios, la que aquí, para poder entender la guerra de fuego, al verdadero Polibio, hay que desechar o deshilar.
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“...Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Y si con esa introducción se ha conseguido individualizar la guerra de fuego, separar el grano de la paja, se podrá disfrutar ahora de ella en su versión más revolucionaria. Aquí no hay ni rastro del club de Rodas, salvo en una sutil corrección, la del tratado. En esta versión el tratado perdura. Digamos que en ella los supuestos numantinos terminan felices y comiendo perdices. La incursión contra Pallantia bien es posterior o se realiza en otra región. Aquí en concreto, de hecho, no se menciona.

Nótese cómo se antepone el reparto de tierras, justo lo que harían después de destruir la ciudad... y con mucha miga populista, por cierto. :-
42-. Cuatro olimpiadas más tarde, en torno a la ciento cincuenta olimpiada, muchos iberos se sublevaron contra los romanos por carecer de tierra suficiente, entre otros, los lusones que habitaban en las cercanías del río Ebro. Por consiguiente, el cónsul Fulvio Flaco hizo una expedición contra ellos, los venció en una batalla y muchos de ellos se desperdigaron por las ciudades. Pero todos los que estaban especialmente faltos de tierra y obtenían su medio de vida gracias a la existencia errabunda se congregaron, en su huida, en la ciudad de Complega que era de fundación muy reciente, bien fortificada y se había desarrollado con rapidez. Tomando esta ciudad como base de sus operaciones exigieron a Flaco que les entregara un sagum, un caballo y una espada como compensación por cada uno de sus muertos y que se marchara de Iberia antes de que le ocurriera una desgracia. Éste les respondió que les entregaría muchos sagos y, siguiendo a sus emisarios, acampó junto a la ciudad.. Ellos contrariamente a sus amenazas huyeron en secreto de inmediato y se dedicaron a devastar el territorio de los pueblos bárbaros de los alrededores. Estos pueblos utilizan un manto doble y grueso que abrochan todo alrededor a la manera de una casaca militar y lo llaman sagum.

43-. Como sucesor de Flaco en el mando, vino Tiberio Sempronio Graco. Por aquel tiempo asediaban a la ciudad de Caravis, que era aliada de Roma, veinte mil celtíberos. Como era muy probable que fuera tomada, Graco se apresuró a acudir en socorro de la ciudad, pero después de haber establecido un cerco en torno al enemigo, no pudo comunicar a la ciudad su proximidad. Por consiguiente, Cominio, uno de los prefectos de caballería, tras meditar consigo mismo el asunto y exponer su audaz proyecto a Graco, se ciñó un sagum a la usanza ibera y, se unió secretamente a los soldados enemigos que iban en busca de forraje. De este modo penetró, en su compañía, en el campamento como si fuera un ibero y, atravesando a la carrera hasta Caravis, les comunicó que Graco venía hacia ellos. Éstos consiguieron mantenerse a salvo aguantando con fortaleza el asedio, hasta que llegó Graco al cabo de tres días, y los sitiadores levantaron el asedio. Entonces, veinte mil habitantes de Complega llegaron hasta el campamento de Graco con ramas de olivo a modo de suplicantes y, cuando estuvieron cerca, le atacaron de improviso y provocaron la confusión. Éste con habilidad les dejó su campamento y simuló la huida. Después, dando la vuelta, los atacó mientras se dedicaban al saqueo, mató a la mayoría y se apoderó de Complega y de los pueblos vecinos. Asentó a las clases más menesterosas y repartió las tierras entre ellos. Llevó a cabo tratados perfectamente regulados con todos los pueblos de esta zona, sobre la base de que serían aliados de los romanos. Les dio y tomó juramentos que serían invocados, en muchas ocasiones, en las guerras futuras. A causa de tales hechos, Graco se hizo célebre en Iberia y Roma y fue recompensado con un espléndido triunfo.
Apiano.
La clave está en esos romeros que salieron a recibir a Graco. El problema de la guerra de fuego se encuetnra en el final, que es muy triste. La ignonimia de Nertobriga a los romanos les llegó a pesar mucho. No lo podían contar. Era como cargarse un buen vino. Numancia tiene un gran final, pero lo que se cometió con Nertobriga destrozaba todo el relato anterior. Los que salieron con ramas de olivo fueron los nertobrigenses, los que acogieron en su ciudad a los romanos tras haberse rebelado el año anterior; la historia sobre Cauca que va siempre antes de Pallantia.

Así acabó la guerra de fuego, con una muy dudosa paz, la del cementerio. Polibio, no obstante, debió continuar algo más el relato de la campaña, no contra Pallantia, por supuesto, sino tal vez hasta Salamanca. A lo más que pudo recurrir en esta ocasión para limpiar la mancha del expediente de su pupilo , en todo caso, fue al honroso duelo personal con el régulo celtíbero. Se presenta a Escipión haciendo gala de una palabra a la que sus compañeros habían faltado. Escipión en ese momento ni pinchaba ni cortaba, o al menos no cortaba. En la versión de Graco, el antecedente de Numancia, los lusones, pero los del Ebro, que para mayor precisión se enfrentan a él muy cerca del Moncayo, dicho sin no poca ironía, firman la paz eterna con los romanos, paz que no obstante rompe el malvado Escipión al atacar Pallantia. ¿Se capta ahora el porqué de la ironía?

En el relato de Polibio, supuestamente el original, a ese Graco lo interpreta Marcelo, en su caso también el malo de la película. La paz firmada con los lusitanos la da por poco duradera. No debería extrañar que Polibio anteponga el tratado a la rebelión. Eso es lo que menos claro queda, y era la forma más sencilla de justificar tan expeditivo y desesperado castigo. Polibio y Escipión llegan a Hispania después del desastre, cuando Marcelo ya parecía haber calmado la situación y zanjado el asunto, a poco dos años después. Entonces se produce la matanza de Nertobriga, pero no por eso, por supuesto, se detuvo la guerra. Más sospechoso es que les dejaran entrar hasta la cocina para poder degollarlos si ya habían roto las hostilidades de nuevo. Esperaban a otro tipo de huésped. Lúculo rompió los tratados con una infame acción. En arduo apuro pusieron al pobre Polibio. “A cambio de arreglar un poco ésto”-diría-, “quiero la liberación de los rehenes.”
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Si se piensa mal, que Polibio obró como el resto de sus colegas, griegos compinchados con los romanos (de ahí la escuela de Rodas), ideando un pasado en el que las hazañas del héroe se correspondan con las del presente, sin duda habría justificado lo de Nertobriga con otro suceso similar. Inmediatamente viene a la memoria lo de Ilurci, el castigo ejemplar del Africano vengando las muertes de su padre y su tío, en una población, precisamente, que después de someterse había atacado su retaguardia. Polibio manipula igualmente la Historia anterior. Le roba a Catón sus mentiras. Catón lo había vendido como una venganza, y lo toma Polibio sin ningún reparo. Polibio incluso se lo pudo haber oído directamente a él. Seguramente Catón le contase a Polibio lo de Sagunto, la ciudad que él mismo había destruido. Él diría que destruyó Turta por haber traicionado a los saguntinos. Bueno, seguramente lo dijera al revés, que atacó Sagunto porque los saguntinos saqueaban y sublevaban a los turdetanos. Ahí Polibio igual se lió un poco. Lo reduplicó. Le da la vuelta al mapa. Confunde a los ilergetes con los turdetanos.

Se podría incluso entender la vida de Emiliano, ese por ahora gran misterio, recurriendo a la de su espejo, el Africano. Sin duda Polibio se inventa cosas de este último para que encajen con las de su ahijado. Son vidas también muy paralelas, los dos Africanos, no hay que olvidar. Lo que nunca se aclara de Emiliano es su edad, cónsul a los treinta y ocho, pero más curioso aún, tribuno a los treinta y cuatro, y también se le califica de joven. ¿Dónde está la pretura?
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

Otra argucia muy buena que podía haber utilizado Polibio, en este caso contra Catón, el enemigo de Escipión, habría podido consistir en restregarle Sagunto por sus grandes narices. Al tiempo que se apropia de lo de Ilurci, la ciudad de los malos, la patria del traidor Indíbil, mitifica a Sagunto como la gran aliada de Roma. Conscientemente o no, el otro, aunque hubiese querido, no habría podido abrir la boca, pues su argumento precisamente se fundamentaba en eso, en la antigua lealtad, pero que a Catón tampoco convenía airear demasiado, y mucho menos entrar en detalles y darle ese tinte tan dramático. Se le equiparaba a Aníbal. Al fin y al cabo, por venganza o no, también había arrasado Sagunto cuando pasaba por allí, después de cruzar el Ebro. El oficio del megapolitano consiste en hablar bien del amigo y mal del enemigo; por eso le pagan. Le trae al pairo que los Escipiones murieran en Italia o en Ilurci. El caso es que la cosa encaje. Si no se lo inventó él, alguien próximo.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por marcelo »

Herennuleyo es a Herenio como Hirtuleyo es a.... Hirtio/Hircio.

Existe un apellido navarro que es Ulayar. No he encontrado un significado. Pero me da que esto nos podría llevar al empleo por Livio de alguna fuente que utilizara denominaciones hispanas.

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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

El dato más revelador de las Vulcanalia lo ofrecen los elefantes. Los celtíberos huyeron al ver a los elefantes, pero luego contraatacaron. Volvieron a llevar a los romanos contra las cuerdas, y al intentar tomar el campamento murió Cáuciro. La refriega final se libró ya por la noche. Luego los romanos se retiraron.

En la retirada es donde parece producirse un bucle, pues recuerda a la retirada de Escipión de Pallantia, y también la de Pompeyo. Después de las Vulcanalia, sin embargo, los celtíberos no hostigaron durante el invierno a ningún cónsul, sino que seguidamente sitiaron la ciudad de Conistorgis, sitio levantado al año siguiente, también es cierto que por quien se quiera, Graco, Marcelo, Escipión o incluso cualquiera de los dos Pompeyos, paso previo, en todo caso la rendición de Nertobriga, a la matanza. Yo me entiendo. También a Pompeyo se le encasqueta una Cauca. Todos pasaron por allí.

Compárense ahora los dos siguientes fragmentos de Apiano.

Caro.
45-. Así pues, Nobílior fue enviado contra ellos con un ejército de treinta mil hombres. Los segedanos, cuando supieron de su próxima llegada, sin dar remate ya a la construcción de la muralla, huyeron hacia los arevacos con sus hijos y sus mujeres y les suplicaron que les acogieran. Éstos lo hicieron así y eligieron como general a un segedano llamado Caro, que era tenido por hombre belicoso. A los tres días de su elección, apostando en una espesura a veinte mil soldados de infantería y cinco mil jinetes, atacó a los romanos mientras pasaban. Aunque el combate resultó incierto durante mucho tiempo, logró dar muerte a seis mil romanos y obtuvo un brillante triunfo. Tan grande fue el desastre que sufrió Roma. Sin embargo, al entregarse a una persecución desordenada después de la victoria, los jinetes romanos que custodiaban la impedimenta cayeron sobre él y mataron al propio Caro, que destacó por su valor, y a sus acompañantes, en número éstos no inferior a seis mil, hasta que llegada la noche puso fin a la batalla. Estos sucesos tuvieron lugar el día en el que los romanos acostumbraban a celebrar una procesión en honor de Vulcano. Por este motivo, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente en este día.

46-. Por consiguiente, los arevacos se reunieron de inmediato en esa misma noche en Numancia, que era la ciudad más poderosa, y eligieron como generales a Ambón y Leucón. Nobílior, a su vez, tres días más tarde marchó contra ellos y fijó su campamento a una distancia de veinticuatro estadios. Después que se le unieron trescientos jinetes númidas enviados por Masinissa y diez elefantes, condujo el ejército contra los enemigos, llevando ocultos en la retaguardia a los animales. Cuando se entabló combate, los soldados se escindieron y quedaron a la vista los elefantes. Los celtíberos y sus caballos, que jamás antes habían visto elefantes en ningún combate, fueron presa del pánico y huyeron hacia la ciudad. Entonces Nobílior condujo a los animales contra las murallas y combatió con bravura hasta que un elefante, herido en la cabeza por una enorme piedra que había sido arrojada, se enfureció y dando un fortísimo barrito volvió grupas contra sus amigos y mató a todo aquel que se le puso en su camino, sin hacer distinción entre amigos y enemigos. Los otros elefantes, excitados por el barrito de aquél, hacían todos lo mismo y comenzaron a pisotear a los romanos, a despedazarlos y lanzarlos por los aires. Esto es lo que les suele ocurrir siempre a los elefantes cuando están irritados, que consideran a todos como enemigos. Y algunos, a causa de esta falta de confianza, los llaman enemigos comunes. Como consecuencia de este hecho, la huida de los romanos fue desordenada. Los numantinos, al darse cuenta de ellos, se lanzaron desde los muros, y en la persecución dieron muerte a cuatro mil hombres y tres elefantes y se apoderaron de muchas armas y enseñas. De los celtíberos murieron alrededor de dos mil.
Viriato.
67-. Al año siguiente, Fabio Máximo Serviliano, el hermano de Emiliano, llegó como sucesor de Quintio en el mando, con otras dos legiones y algunos aliados. En total sus fuerzas sumaban unos dieciocho mil infantes y mil seiscientos jinetes. Después de escribir cartas a Micipsa, el rey de los númidas, para que le enviase elefantes lo más pronto posible, se apresuró hacia Ituca llevando el ejército por secciones. Al atacarle Viriato con seis mil hombres en medio de un griterío y clamores a la usanza bárbara y con largas cabelleras que agitaban en los combates ante los enemigos, no se amilanó, sino que le hizo frente con bravura y logró rechazarlo sin que hubiera conseguido su propósito. Después que le llegó el resto del ejército y enviaron desde África diez elefantes y trescientos jinetes, estableció un gran campamento y avanzó al encuentro de Viriato, y tras ponerlo en fuga, emprendió su persecución. Pero, como ésta se hizo en medio del desorden, Viriato, al percatarse de ello durante su huida, dio media vuelta y mató a tres mil romanos. Al resto los llevó acorralados hasta su campamento y los atacó también. Sólo unos pocos le opusieron resistencia a dura penas alrededor de las puertas, pero la mayoría se precipitó en el interior de las tiendas a causa del miedo y tuvieron que ser sacados con dificultad por el general y los tribunos. En esta ocasión destacó en especial Fanio, el cuñado de Lelio, y la proximidad de la noche contribuyó a la salvación de los romanos. Pero Viriato, atacando con frecuencia durante la noche, así como a la hora de la canícula, y presentándose cuando menos se le esperaba, acosaba a los enemigos con la infantería ligera y sus caballos, mucho más veloces, hasta que obligó a Serviliano a regresar a Ituca
En ambos casos hay una emboscada inicial y una batalla en regla después, pero Caro muere en la emboscada, no en el ataque al campamento tras la huida al volverse los elefantes. En los dos fragmentos, en todo caso, se mencionan los elefantes como elemento decisivo, pero más casualidad es que sean los dos únicos donde se cuenta bien la batalla. Los elefantes aportan el factor suerte que hacía falta, el por qué los lusitanos huyen. Al morir Cáuciro, sin embargo, no huían los lusitanos, sino los romanos.

Si los romanos perseguían a los lusitanos, está claro que eran estos últimos los que huían, pero la cuestión está en por qué. ¿Les asustaron los elefantes o ya huían de antes? Pero también se puede interpretar de la manera contraria. ¿Lo de los elefantes es una excusa para justificar la huida de los romanos? Cáuciro, esta es la cuestión, no muere huyendo, sino persiguiendo. Los que huyen son los romanos tras haber sido derrotados, por los elefantes o por lo que se quiera. El revés se lo llevan los celtíberos con la muerte inesperada de su rey, no los romanos. Ocurre como con Magón.

Es mucha casualidad que una banda de piratas crucen el Estrecho, saqueen África, retornen a Iberia con el botín y, en unos matorrales, les esté esperando Mummio, llámese también Escipión. Es el mismo tópico, el de la huida de los lusitanos. Uno llega a cuestionarse quién huía con el botín y fue embocado. ¿Aníbal después de saquear Salamanca? Estamos en lo mismo de siempre, el lado acá o allá del Ebro. Lo dice Floro: “Los celtíberos ganaron porque tuvieron jefes.” ¿Y si no los hubiesen tenido? Es evidente quién dio la cara. En aquel tiempo no había en España esclavos suficientes para alimentar las minas de Cartagena. Si hubiese venido un Polibio cada año, se habría escrito una jugosa crónica sobre la resistencia a la esclavitud. Ha bastado un año para llenar doscientos.

Roma nació a la posteridad en medio de guerras civiles, cuando se convirtió en imperio, al tiempo que Cristo. Hasta entonces sólo existía una historiografía muy débil, casi mítica. No debe extrañar que no se conserve nada. Se suele pensar que la Historia Antigua de España comienza ya en el siglo II a. C., con Catón y Polibio, pero a mediados del siglo I a. C., que es cuando se inventa toda, a éstos casi no se les conocía. Eran de otra época. Toda la conquista de Hispania se fraguó a la vez, y no durante dos siglos. Es lo que se pensaba que podía haber sido justo en aquel momento, cuando Cicerón, sin otra herramienta histórica que sus propias elucubraciones. Después ya quedó escrita hasta ahora. No podían remontarse, por simple falta de documentación, más allá de Sertorio, salvo por las cosas raras que decía Polibio. Es distinto verlo desde lejos, con un control de textos que ni Tito Livio habría soñado nunca. Se imponía la leyenda, los chismes de la calle. Sobra con imaginarlo.

Cada época tiene su movida, como se diría en la mía, y hay que conectar. El héroe infantil de Pompeyo era Escipión. Siempre se vio reflejado en él, incluso igual que Cicerón o el propio César. El pastor, bandido y rey no es Cáuciro, sino Sertorio. Los romanos no sabían nada de Cáuciro hasta que conocieron a Polibio. Algunos hasta saltaron directamente a Viriato. Lo inventaron con ese poco de Polibio y ese mucho de Sertorio. Para los de aquella generación el duo Escipión y Polibio era tan famoso como el de Alejandro y Aristóteles o el de Arturo y Merlin.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

En tiempos de la guerra de Sertorio, todo el mundo en Roma sabía que algo más de medio siglo antes ya se había librado otra contienda de grandes dimensiones en Hispania. Poco, sin embargo, se recordaba, salvo que en aquella lejana ocasión se había combatido contra los indígenas y no en una guerra civil. Surgió entonces la idea, entre los asesores de Pompeyo, de establecer una relación directa entre los viejos enemigos y los nuevos. A Pompeyo le preocupaba celebrar el triunfo, ceremonia que en las luchas fraticidas no resultaba del todo correcta. De inmediato, así pues, se le ocurrió acusar a los arévacos, aliados celtíberos de Sertorio, de haber participado junto al legendario Cáuciro en la, para los romanos, funesta batalla de las Vulcanalia de la época de Polibio y Escipión, es decir, cuando María Castaño. Al mismo tiempo, se adornó al tal Cáuciro, al hasta entonces casi desconocido régulo que mencionaba Polibio, de todas aquellas dotes por las que precisamente se había caracterizado Sertorio, resumidas, de un modo un tanto malicioso, en las de pastor, bandido y rey, todo un INRI. Se le reconvirtió en Viriato. Se le alargó la vida ocho años más, para coincidir con la de Sertorio, y se le hizo morir ahora asesinado también por sus propios capitanes, como Sertorio. Toda esta trama de creación literaria o legendaria, de la que acabará derivando el gran mito de Numancia, nacido ex novo a partir del 70 a. C. (Numancia en realidad no es sino el campamento de Sertorio y no hubo ningún sitio anterior), se fraguó de forma consciente y premeditada en el seno de lo que se podría llamar el club de Rodas, la isla en la que se sitúa el punto de encuentro entre algunos generales romanos y filósofos griegos. Escipión y Polibio actúan como espejo, como iconos o beatos, como ídolos, de una generación posterior, la de Pompeyo y Posidonio, y ya un poco más jóvenes Cicerón y César. A todo esto, también hay una versión de la guerra de Numancia favorable a Graco y su partido, el de Sertorio. A estos otros jovenzuelos, no obstante, a los populistas, les iba más Marcelo, más acorde con su personalidad rebelde, y por supuesto Graco. Según dicha versión, la guerra de Numancia habría sido injusta, puesto que Graco ya había pacificado a los numantinos, lógicamente con un sabio reparto de tierras. Escipión habría roto el pacto atacando Pallantia. Ahí al menos tiran de Polibio mejor que sus rivales, no por Pallantia, sino por la cuestión del tratado, el tratado de Graco. Echan en cara a Escipión lo de Nertobriga, el grano supuroso de Cauca. Pompeyo compró todo el lote, con la matanza incluida.
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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Poliorcetos »

Bernardo Pascual escribió:
26 Oct 2021 14:54
no hubo ningún sitio anterior
Sigo sin verlo claro, no te sigo. Que Pompeyo el Grande asediara dos veces Numancia, una con éxito y otra no, vale. Que las obras de asedio sean suyas, también lo puedo asumir, de hecho me gusta la idea. Pero los campamentos, hay muchos unos encima de otros. ¿Cómo llegas a esa conclusión? ¿No hay posibilidad de alguno anterior, cuando era poca cosa?
Prometí también que no haré guerra ni paz ni pacto a no ser con el consejo de los obispos, nobles y hombres buenos, por cuyo consejo debo regirme.
IV Item. Decreta que Don Alfonso, Rey de León y de Galicia estableció en la Curia de León en 1.188

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Re: La batalla de las Vulcanalia

Mensaje por Bernardo Pascual »

No se trata de que los romanos hubiesen podido acampar frente a Numancia más veces , sino simplemente que la Historia no lo documenta. El primer contacto de los romanos con Numancia se testifica durante la guerra de Sertorio. Es más, a partir de ese primer contacto se creó el mito de que Numancia ya había intervenido en otra guerra anterior. Precisamente, si se hubiese conocido algún otro suceso relacionado con Numancia, no se habría inventado esa leyenda. Se llega incluso a sospechar que los romanos no tenían ni idea de lo ocurrido en Hispania desde Polibio. Nadie había escrito sobre ella en todo ese tiempo.
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